Por JUAN VILLORO
Pase a Caparrós:
Los pases de los futbolistas mexicanos suelen ser laterales. Espero que éste vaya lejos y te alcance en el país donde te encuentras, que para mí sigue siendo desconocido. ¿Estás rodeado de tribus, desplazados, traficantes de armas?
Hubiera preferido que esperaras más para mentar a Maxi Rodríguez, que archivó las esperanzas mexicanas en Alemania 2006. En mi correo anterior elogié las posibilidades de Argentina. Lo hice por admiración pero también por miedo: “No nos une el amor sino el espanto”, dijo Borges. Se refería a Buenos Aires, pero profetizó el ánimo con que los mexicanos encararíamos otro encuentro con Argentina. Nuestra amistad, querido nómada, se puede poner a prueba en el cuarto partido. Si ahora eres capaz de decir “incluso la selección mexicana, recuerdo, ha hecho un gol alguna vez”, ya imagino lo que despacharás con júbilo mexicanicida. Confío en que superemos el trance. Mencionas el fútbol como una de las reservas salvajes del civilizado. La amistad también admite el gozo primitivo y transforma el ultraje en complicidad. Si te digo “pinche”, ya sabes que es de afecto.
Soy abogado de un cliente poco fiable: la selección que ahora se viste de negro (no sé si por posmoderna elegancia o por luto anticipado). Cuando Hugo Sánchez entrenaba al Tri, dijo que la camiseta verde se confundía con la cancha. El despistado mediocampista mandaba un maravilloso pase…¡al césped! Lo cierto es que no abundan equipos con camiseta color pasto. En México está el León, cuyo lema competitivo es “La vida no vale nada”. Alemania también ha usado el verde para su camiseta sustituta, pero a ellos les basta masticar una aspirina para poder con todo.
Creo que la misión oculta del uniforme negro es emular al árbitro, al menos a los de antes, que vestían sacerdotalmente. El árbitro es el máximo aficionado del fútbol. El hincha desorbitado. Obviamente, preferiría jugar en un equipo, pero le faltaron facultades. Al precio altísimo de ser injuriado, sopla la justicia en su silbato. Es su manera de compartir la merienda de los dioses. A tu catálogo de lo que encandila en el fútbol, agrego otro mérito: la injusticia. ¡Qué tedioso sería que el árbitro no se equivocara! La democracia física que describes (en la que un gordo es Maradona y un acelerado de pies torcidos Garrincha), depende de un hombre que suda a diez metros del balón y tiene un segundo para decidir si lo que no alcanzó a ver bien fue un pénalti o una caída de teatral escuela. Esta condición imponderable engrandece al juego y desespera a los locutores que preferirían que el fútbol fuera vigilado por eficientes robots televisivos. En cada partido 22 hombres pretenden ser Aquiles y uno se resigna a ser Héctor. Los futbolistas juegan a ser dioses y el árbitro a ser hombre. Ningún otro deporte tiene un sistema de jurisprudencia tan endeble, es decir, tan parecido a la vida.
Como maliciosamente recordabas, México ha destacado poco, pero contamos con una afición delirante y un buen nivel de arbitraje (lo cual equivale a decir que también en la hierba tenemos buenos aficionados: no es raro que el juez mexicano le pida camisetas o autógrafos a los jugadores que acaba de procesar en la cancha). La administración del error humano ha sido un oficio bien llevado en nuestras canchas. Cuando el árbitro se equivoca en favor de México, una fanaticada que entiende de ilegalidades exclama: “¡Árbitro justo!”
Ideal para el existencialismo o para tocar en un mariachi, el negro no parece el color de la esperanza. México se vestirá así en Sudáfrica, en callado homenaje a los árbitros, esos hinchas extremos que envidian a Adán porque no tuvo una madre que fuera insultada en un estadio.
– Juan Villoro
Publicado en el blog Jugadas de Papel de la revista Letras Libres (09.06.2010)
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jueves, 10 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
¿África se escribe con A?
Por JUAN VILLORO
Pase a Caparrós:
En este diálogo un sedentario se comunica con un nómada. Estoy tristemente anclado en el D.F. mientras tú recorres territorios que no conozco. Ignoro si en Asia y África los héroes del Mundial salen de cajas de cereales o patrocinan cervezas. ¿Qué clase de locura es allá el fútbol? Esto lleva a una inquietud más amplia: ¿Tiene caso que suspendamos la respiración, el matrimonio y el trabajo a favor de lo que pasa en la cancha? ¿De qué diablos hablamos cuando hablamos de fútbol?
Dejo estas preguntas para que las medites en la sabana donde quizá corre un antílope y paso a un tema que alguna vez discutimos. Te sorprendió que yo dijera “le voy al Necaxa” para referirme al equipo que decide mis taquicardias. Tú hubieras dicho “soy de Boca”. El aficionado mexicano sigue a su equipo, lo cual implica cierta distancia; el argentino es uno con su club. En Boquita hablas del “jugador número doce”, invento porteño. Quien haya ido a la Bombonera sabe que el público aspira a definir el resultado. El aficionado mexicano está menos comprometido con esa intervención. La razón es obvia: si nuestros sentimientos dependieran del marcador tendríamos la vida emocional de un bacalao. Nos conviene pensar poco en el éxito. Lo decisivo no es lo que sucede sobre el césped sino el milagro guadalupano de estar juntos. La fiesta y el desmadre son los triunfos a los que podemos aspirar.
En otra parte de Boquita dices que el hincha argentino encara cada Mundial pensando qué tan lejos llegará su selección y te preguntas en qué se interesan los países que saben que no van a ganar. Querido nómada: ése es el caso de México. Somos actores de reparto casi fijos; pertenecemos a la élite de los cinco viajeros frecuentes a los Mundiales (los otros son Brasil, Alemania, Italia y Argentina). Ahorro el cruel repaso de nuestro rendimiento. Y sin embargo, nos ilusiona Sudáfrica. La obsesión concreta es llegar al quinto partido (en las últimas cuatro Copas nos hemos quedado en el cuarto); la obsesión metafísica es hacer algo raro y recordable: un gol de joroba de Cuauhtémoc Blanco. No esperamos milagros mayores, pero 16 mil mexicanos han acabado con sus ahorros para estar en Sudáfrica. La mayoría de ellos son paisanos que viven en Estados Unidos y encuentran en la selección un símbolo identitario o al menos una proliferación de Speedy González.
Sospecho que en el juego de las ilusiones espero más de Argentina que tú. Sudáfrica se parece mucho a México ’86, cuando la albiceleste calificó in extremis. Al principio, fue un equipo borroso; a partir de cuartos de final se convirtió en la selección mitológica que recordamos como la única que jugó en México. Bilardo y Maradona revirtieron la desconfianza en mantras paranoicos: “Todos hablan mal de nosotros”, “Nos putean sin saber quiénes somos”. No sé si esta vez habrá una reivindicación semejante, con las consecuentes frases inolvidables de Diego (continuación del “sigan chupando”), pero la concentración de talento puede encontrar espléndido acomodo en lo que hasta ahora ha sido el amontonamiento de un andén del metro.
A Argentina parecen sobrarle estrellas para llegar a la eficacia. Alemania no tiene ninguna pero el Bayern, subcampeón de la Champions, probó que mantiene un altísimo juego de conjunto. Además, viene de recibir dos pésimas noticias: el suicidio de Robert Enke y la lesión de Michael Ballack. Las desgracias son la golosina de Alemania. Ahí está la final de Suiza’54 para probarlo. Con sol, hubiera ganado Hungría. Con pésimo clima, la suerte fue alemana.
¿África se escribirá con A?
–Juan Villoro.
Publicado en el blog Jugadas de Pared de la revista Letras Libres (07.06.2010).
Pase a Caparrós:
En este diálogo un sedentario se comunica con un nómada. Estoy tristemente anclado en el D.F. mientras tú recorres territorios que no conozco. Ignoro si en Asia y África los héroes del Mundial salen de cajas de cereales o patrocinan cervezas. ¿Qué clase de locura es allá el fútbol? Esto lleva a una inquietud más amplia: ¿Tiene caso que suspendamos la respiración, el matrimonio y el trabajo a favor de lo que pasa en la cancha? ¿De qué diablos hablamos cuando hablamos de fútbol?
Dejo estas preguntas para que las medites en la sabana donde quizá corre un antílope y paso a un tema que alguna vez discutimos. Te sorprendió que yo dijera “le voy al Necaxa” para referirme al equipo que decide mis taquicardias. Tú hubieras dicho “soy de Boca”. El aficionado mexicano sigue a su equipo, lo cual implica cierta distancia; el argentino es uno con su club. En Boquita hablas del “jugador número doce”, invento porteño. Quien haya ido a la Bombonera sabe que el público aspira a definir el resultado. El aficionado mexicano está menos comprometido con esa intervención. La razón es obvia: si nuestros sentimientos dependieran del marcador tendríamos la vida emocional de un bacalao. Nos conviene pensar poco en el éxito. Lo decisivo no es lo que sucede sobre el césped sino el milagro guadalupano de estar juntos. La fiesta y el desmadre son los triunfos a los que podemos aspirar.
En otra parte de Boquita dices que el hincha argentino encara cada Mundial pensando qué tan lejos llegará su selección y te preguntas en qué se interesan los países que saben que no van a ganar. Querido nómada: ése es el caso de México. Somos actores de reparto casi fijos; pertenecemos a la élite de los cinco viajeros frecuentes a los Mundiales (los otros son Brasil, Alemania, Italia y Argentina). Ahorro el cruel repaso de nuestro rendimiento. Y sin embargo, nos ilusiona Sudáfrica. La obsesión concreta es llegar al quinto partido (en las últimas cuatro Copas nos hemos quedado en el cuarto); la obsesión metafísica es hacer algo raro y recordable: un gol de joroba de Cuauhtémoc Blanco. No esperamos milagros mayores, pero 16 mil mexicanos han acabado con sus ahorros para estar en Sudáfrica. La mayoría de ellos son paisanos que viven en Estados Unidos y encuentran en la selección un símbolo identitario o al menos una proliferación de Speedy González.
Sospecho que en el juego de las ilusiones espero más de Argentina que tú. Sudáfrica se parece mucho a México ’86, cuando la albiceleste calificó in extremis. Al principio, fue un equipo borroso; a partir de cuartos de final se convirtió en la selección mitológica que recordamos como la única que jugó en México. Bilardo y Maradona revirtieron la desconfianza en mantras paranoicos: “Todos hablan mal de nosotros”, “Nos putean sin saber quiénes somos”. No sé si esta vez habrá una reivindicación semejante, con las consecuentes frases inolvidables de Diego (continuación del “sigan chupando”), pero la concentración de talento puede encontrar espléndido acomodo en lo que hasta ahora ha sido el amontonamiento de un andén del metro.
A Argentina parecen sobrarle estrellas para llegar a la eficacia. Alemania no tiene ninguna pero el Bayern, subcampeón de la Champions, probó que mantiene un altísimo juego de conjunto. Además, viene de recibir dos pésimas noticias: el suicidio de Robert Enke y la lesión de Michael Ballack. Las desgracias son la golosina de Alemania. Ahí está la final de Suiza’54 para probarlo. Con sol, hubiera ganado Hungría. Con pésimo clima, la suerte fue alemana.
¿África se escribirá con A?
–Juan Villoro.
Publicado en el blog Jugadas de Pared de la revista Letras Libres (07.06.2010).
lunes, 17 de mayo de 2010
La economía del "feeling"
Por JUAN VILLORO
El histórico Barça de los seis títulos termina otra temporada ejemplar con sabor a triunfo de último minuto. Después de la épica mariscada del curso anterior disfrutamos de una excelente espuma de tortilla. La degustación se ha saciado mejor que el apetito. Y es que el culé no deja de tener hambre.
Una revolución se ha producido en su ánimo, es decir, en su estómago. Del victimismo elegante se ha pasado a la bulimia del éxito. Un equipo devorador de trofeos.
Piqué, nuevo referente de los excesos emotivos blaugranas, lanzó un desafío de gladiador a los legionarios del Inter: «Durante 90 minutos odiarán ser futbolistas». Motivado por su propia afrenta, dio el mejor partido de su vida.
La declaración del central fue una salida de tono en una escuadra con suficiente seguridad en sí misma para permitirse dislates motivacionales.
Guardiola ha traído una mentalidad tan decisiva como el voraz control del balón. Los investigadores de la «inteligencia emocional» tienen en el Barça su mejor laboratorio.
Después del clásico contra el Madrid viajé a la capital española. El domingo por la noche cené en una tasca. En la mesa de al lado, tres elocuentes señoras de la capital hablaban de fútbol. Un hombre de cabellos plateados las oía con apatía. «¿Es que a ti no te interesa el fútbol?», le preguntaron. «La verdad, soy del que juega bien», contestó el hombre. «¡Entonces eres del Barça!», informaron las tres madrileñas. La conversación refleja un cambio de costumbres tan importante como la invención del tendedor. El equipo de Guardiola ha despertado las simpatías de personas que veían al fútbol como el sudoroso oficio de patear y ahora lo consideran una rauda variante de las artes escénicas.
Los méritos del equipo se engrandecieron por un esforzadísimo Real Madrid, acicateado por el tintineo de la bolsa de oro de Florentino Pérez. Sin embargo, en la temporada 2009-2010 el huracán merengue podría haber metido mil goles sin llegar al campeonato, reservado para los que consideran que el marcador consigna la belleza.
En este momento de cava y gratificante espuma, conviene repasar las zozobras del equipo. Después de anotar contra el Manchester en la final de la Champions, Etoo hizo un gesto extraño. Corrió hasta el banderín de córner y pareció aislarse del mundo: tenía la cara de quien está en ninguna parte. Había dejado de pertenecer al Barça. Guardiola decidió sustituirlo por Ibrahimovic en un lance que aún debe ser justificado.
La explicación del gambito se volvió famosa: Ibra costaba mucho más pero aportaría buen rollo en el vestuario. Reinventor de conceptos, Guardiola dijo que todo era cuestión de feeling. A partir de ese momento, el feeling se convirtió en sinónimo de la teoría de la relatividad, la explicación del magnetismo y la clave para la redacción final del Estatut.
Con este fichaje, el técnico del buen gusto buscaba otra cucharada de arte. Por momentos, el resultado fue un empacho. Ibra es un raro talento, un fantasista (como se llama en Italia al solitario creador del juego) que no actúa en medio campo sino en la zona de definición. No es casual que haya encandilado en Milán: un centro delantero con escuela de volante, un Pirlo adelantado.
Aunque su ofició está probado, puede sobrar en un equipo que construye las jugadas al modo de un tapiz y en el punto final necesita el rústico arte de cortar el hilo. Higuaín saldrá del fútbol sin que sepamos qué tan bueno fue. Su simple definición de las jugadas hace que su abultada estadística no compruebe su talento. El sofisticado Barça necesita a un inventor de sencilleces. Es el hueco que dejó el furibundo Etoo.
Las concentraciones y los traslados del Barça han ganado en feeling y la aparición de Pedro confirmó que la entidad es el mayor modelo educativo del fútbol mundial. El futuro blaugrana dependerá de combinar su estilo irrenunciable con la virtud de simplificarlo en los momentos clave.
Las contiendas contra el Inter comenzaron de manera inmejorable: 0-1 en el partido de ida, un hombre de más en el de vuelta. Una dosis de realismo o –usemos la horrenda expresión– de cochina vulgaridad, habrían cambiado el desenlace. El vendaval del Inter sorprendió al Barça en Milán. Después del gol de Pedro, se antojaba un escudo en media cancha, similar al que triunfó en el Bernabéu. Si Ibra hubiera dejado su sitio a Touré, habría habido no sólo más control del juego sino más opciones del gol (el pivote fantasista no estaba para eso).
Especular a toro pasado es fácil y quizá me equivoque. Lo cierto es que al hipertécnico Barça se le dificulta abrir cajas fuertes: ante una defensa numantina, no basta con una asedio digno del Cirque du Soleil. Hace falta dinamita.
El Barça puede sobreponerse a las lesiones de Iniesta con el talento de Cesc y encontrar explosividad en los pies de Villa. Si estas contrataciones se confirman, los resultados serán tan espléndidos como el feeling, ese incalculable valor con el que Guardiola ha ratificado que dirige más que un club.
Publicado en el diario El Periódico de Catalunya (17.05.2010).
El histórico Barça de los seis títulos termina otra temporada ejemplar con sabor a triunfo de último minuto. Después de la épica mariscada del curso anterior disfrutamos de una excelente espuma de tortilla. La degustación se ha saciado mejor que el apetito. Y es que el culé no deja de tener hambre.
Una revolución se ha producido en su ánimo, es decir, en su estómago. Del victimismo elegante se ha pasado a la bulimia del éxito. Un equipo devorador de trofeos.
Piqué, nuevo referente de los excesos emotivos blaugranas, lanzó un desafío de gladiador a los legionarios del Inter: «Durante 90 minutos odiarán ser futbolistas». Motivado por su propia afrenta, dio el mejor partido de su vida.
La declaración del central fue una salida de tono en una escuadra con suficiente seguridad en sí misma para permitirse dislates motivacionales.
Guardiola ha traído una mentalidad tan decisiva como el voraz control del balón. Los investigadores de la «inteligencia emocional» tienen en el Barça su mejor laboratorio.
Después del clásico contra el Madrid viajé a la capital española. El domingo por la noche cené en una tasca. En la mesa de al lado, tres elocuentes señoras de la capital hablaban de fútbol. Un hombre de cabellos plateados las oía con apatía. «¿Es que a ti no te interesa el fútbol?», le preguntaron. «La verdad, soy del que juega bien», contestó el hombre. «¡Entonces eres del Barça!», informaron las tres madrileñas. La conversación refleja un cambio de costumbres tan importante como la invención del tendedor. El equipo de Guardiola ha despertado las simpatías de personas que veían al fútbol como el sudoroso oficio de patear y ahora lo consideran una rauda variante de las artes escénicas.
Los méritos del equipo se engrandecieron por un esforzadísimo Real Madrid, acicateado por el tintineo de la bolsa de oro de Florentino Pérez. Sin embargo, en la temporada 2009-2010 el huracán merengue podría haber metido mil goles sin llegar al campeonato, reservado para los que consideran que el marcador consigna la belleza.
En este momento de cava y gratificante espuma, conviene repasar las zozobras del equipo. Después de anotar contra el Manchester en la final de la Champions, Etoo hizo un gesto extraño. Corrió hasta el banderín de córner y pareció aislarse del mundo: tenía la cara de quien está en ninguna parte. Había dejado de pertenecer al Barça. Guardiola decidió sustituirlo por Ibrahimovic en un lance que aún debe ser justificado.
La explicación del gambito se volvió famosa: Ibra costaba mucho más pero aportaría buen rollo en el vestuario. Reinventor de conceptos, Guardiola dijo que todo era cuestión de feeling. A partir de ese momento, el feeling se convirtió en sinónimo de la teoría de la relatividad, la explicación del magnetismo y la clave para la redacción final del Estatut.
Con este fichaje, el técnico del buen gusto buscaba otra cucharada de arte. Por momentos, el resultado fue un empacho. Ibra es un raro talento, un fantasista (como se llama en Italia al solitario creador del juego) que no actúa en medio campo sino en la zona de definición. No es casual que haya encandilado en Milán: un centro delantero con escuela de volante, un Pirlo adelantado.
Aunque su ofició está probado, puede sobrar en un equipo que construye las jugadas al modo de un tapiz y en el punto final necesita el rústico arte de cortar el hilo. Higuaín saldrá del fútbol sin que sepamos qué tan bueno fue. Su simple definición de las jugadas hace que su abultada estadística no compruebe su talento. El sofisticado Barça necesita a un inventor de sencilleces. Es el hueco que dejó el furibundo Etoo.
Las concentraciones y los traslados del Barça han ganado en feeling y la aparición de Pedro confirmó que la entidad es el mayor modelo educativo del fútbol mundial. El futuro blaugrana dependerá de combinar su estilo irrenunciable con la virtud de simplificarlo en los momentos clave.
Las contiendas contra el Inter comenzaron de manera inmejorable: 0-1 en el partido de ida, un hombre de más en el de vuelta. Una dosis de realismo o –usemos la horrenda expresión– de cochina vulgaridad, habrían cambiado el desenlace. El vendaval del Inter sorprendió al Barça en Milán. Después del gol de Pedro, se antojaba un escudo en media cancha, similar al que triunfó en el Bernabéu. Si Ibra hubiera dejado su sitio a Touré, habría habido no sólo más control del juego sino más opciones del gol (el pivote fantasista no estaba para eso).
Especular a toro pasado es fácil y quizá me equivoque. Lo cierto es que al hipertécnico Barça se le dificulta abrir cajas fuertes: ante una defensa numantina, no basta con una asedio digno del Cirque du Soleil. Hace falta dinamita.
El Barça puede sobreponerse a las lesiones de Iniesta con el talento de Cesc y encontrar explosividad en los pies de Villa. Si estas contrataciones se confirman, los resultados serán tan espléndidos como el feeling, ese incalculable valor con el que Guardiola ha ratificado que dirige más que un club.
Publicado en el diario El Periódico de Catalunya (17.05.2010).
sábado, 16 de agosto de 2008
El arte y el fútbol
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Por JUAN VILLORO
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.....Malraux definió nuestra época como “el extraño siglo de los deportes” y Huizinga al ser humano como homo ludens. Tomadas al pie de la letra, estas ideas sugieren que la civilización contemporánea es la historia del juego organizado y debe ser estudiada en las canchas y los vestidores.
.....Es obvio que tan benévolas opiniones sobre la trascendencia del juego no son compartidas por la mayoría. Si algo caracteriza nuestra humana condición es la capacidad de estar en desacuerdo. Numerosos analistas han dedicado páginas de severidad marcial a criticar las pasiones excesivas, la manipulación de la conducta y el embrutecimiento generalizado que se dan cita en los estadios. Para colmo, el más popular de los deportes se juega con los pies, lo cual se opone a la historia de la evolución. El hombre desciende de un homínido que comía frutas y era incapaz de servirse del pulgar oponible; en consecuencia, una actividad que cancela el uso de las manos semeja un retorno a la barbarie. ¿Cómo es posible que la especie que inventó el sistema decimal, de tanto contarse los dedos, se apasione con un juego donde sólo el portero tiene dispensa para usar las extremidades prohibidas?
.....En sus más simples fundamentos, el fútbol propone un regreso a las cavernas, donde las manos servían de muy poco. Por eso el poeta Antonio Deltoro ha escrito que sus batallas representan “la venganza del pie sobre la mano”. La fascinación elemental del “juego del hombre”, como lo bautizó el cronista Ángel Fernández, proviene de su tosca dificultad y su vínculo con un tiempo primigenio. ¿Qué significa este retroceso en el tiempo? Que el domingo podemos recuperar lo que aún tenemos de tribu encandilada por el fuego, del griego que confunde a los dioses con los mortales, del niño convencido de que los héroes duran 90 minutos.
.....Las definiciones de Malraux y Huizinga son certeras, pero requieren de una precisión histórica: durante años el hombre chutó balones con placer sin aceptar que esa actividad definía su vida. Los miles de ojos ávidos que atestiguaban un partido no pertenecían a la cultura.
.....Numerosos artistas repudiaron el fútbol como una droga social o prefirieron mantener en secreto su afición por los goles para evitar que sus pinceles, sus plumas o sus leotardos se mezclaran con las gestas resueltas a patadas. El balón dominado con pericia y las barridas enjundiosas parecían ajenas a las tareas de los estetas. Incluso las mitologías que acompañan a los equipos y a los ídolos –el fútbol como imaginativa forma de representación– se descartaban como saldos groseros, fundamentalistas, de un oficio que a fin de cuentas sólo servía para transpirar.
.....Resulta difícil concebir a Sartre, hombre de letras, comprometido con la razón 24 horas al día, preocupado por la suerte del Paris Saint Germain. Aunque los guardametas de la época usaban el suéter de cuello de tortuga de los existencialistas, el indagador del ser y la nada no fumaba su pipa en los estadios. En una de sus clásicas paradojas, Oscar Wilde comentó: “El fútbol es un deporte de lo más apropiado para niñas rudas; pero no apto para jóvenes delicados”. El intelecto debía alejarse del tosco universo de las bestias: “La única forma posible del ejercicio es hablar”.
.....Hasta mediados de siglo pasado, una fuerte presión social impidió que el fútbol rebasara los límites del barrio, el descampado, el canallesco arrabal. Sin embargo, a contrapelo de las modas, tuvo cultores privilegiados.
.....Albert Camus creció en una familia de pobreza extrema y decidió jugar de portero porque en esa posición se gastan menos los zapatos. Años después diría que todo lo que sabía de la ética era obra del fútbol, el territorio en el que se ignora por dónde saldrá el balón.
.....En la pintura, Max Beckmann llevó el expresionismo al área chica, Robert Delaunay inmortalizó un lance del “equipo de Cardiff”, Nicolas De Staël creó un paisaje perfectamente abstracto al que por soberano capricho tituló “Los futbolistas”, Pablo Picasso dibujó a tres fantasmones regordetes que flotan en pos de un sol hecho pelota y el mexicano Ángel Zárraga logró una sutil y perturbadora transexualidad con sus mujeres futbolistas.
.....El cine ha ofrecido churros como “El gran escape”, donde Pelé comparte créditos con Max Von Sidow, melodramas para llorar entre palomita y palomita (“Pelota de trapo”), rocambolescos driblings de “Resortes” y episodios de alta temperatura intelectual como “El miedo del portero ante el penalti”, de Wim Wenders, basada en la novela de Peter Handke.
.....Los escritores se dedican, con variada intensidad, a rendir testimonio de lo que miran en el césped: Vinicius de Moraes retrató a Garrincha, Umberto Saba a un equipo sin gloria, Samuel Becket al hombre acorralado, ansioso de que el destino le brinde un “juego de vuelta”, Günter Grass a un arquero en un estadio nocturno, Pier Paolo Pasolini a los que corren en prosa y a los que corren en poesía y Luis Miguel Aguilar a un virtuoso con tan buen toque que se electrocuta.
.....El fútbol ha sido la más peculiar factoría de artistas: Joan Manuel Serrat aprendió a cantar en los campos del Barcelona, Chillida se dedicó a la escultura cuando una lesión lo alejó para siempre del Athletic de Bilbao y Jorge Valdano adquirió su buena prosa en las concentraciones del Real Madrid y la selección argentina.
.....Los tiempos han cambiado tanto que se intelectualiza el fútbol en exceso, se considera que cualquier entrenador con ingenio es un filósofo y se publican odas lamentables en nombre del amor a la camiseta. Lo decisivo, a fin de cuentas, es que el fútbol se percibe como cosa mental. Nadie puede jugarlo ni verlo sin imaginación. Se los digo yo, que una vez gané la Copa del Mundo, y no tuve necesidad de despertarme.
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.Por JUAN VILLORO
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.....Malraux definió nuestra época como “el extraño siglo de los deportes” y Huizinga al ser humano como homo ludens. Tomadas al pie de la letra, estas ideas sugieren que la civilización contemporánea es la historia del juego organizado y debe ser estudiada en las canchas y los vestidores.
.....Es obvio que tan benévolas opiniones sobre la trascendencia del juego no son compartidas por la mayoría. Si algo caracteriza nuestra humana condición es la capacidad de estar en desacuerdo. Numerosos analistas han dedicado páginas de severidad marcial a criticar las pasiones excesivas, la manipulación de la conducta y el embrutecimiento generalizado que se dan cita en los estadios. Para colmo, el más popular de los deportes se juega con los pies, lo cual se opone a la historia de la evolución. El hombre desciende de un homínido que comía frutas y era incapaz de servirse del pulgar oponible; en consecuencia, una actividad que cancela el uso de las manos semeja un retorno a la barbarie. ¿Cómo es posible que la especie que inventó el sistema decimal, de tanto contarse los dedos, se apasione con un juego donde sólo el portero tiene dispensa para usar las extremidades prohibidas?
.....En sus más simples fundamentos, el fútbol propone un regreso a las cavernas, donde las manos servían de muy poco. Por eso el poeta Antonio Deltoro ha escrito que sus batallas representan “la venganza del pie sobre la mano”. La fascinación elemental del “juego del hombre”, como lo bautizó el cronista Ángel Fernández, proviene de su tosca dificultad y su vínculo con un tiempo primigenio. ¿Qué significa este retroceso en el tiempo? Que el domingo podemos recuperar lo que aún tenemos de tribu encandilada por el fuego, del griego que confunde a los dioses con los mortales, del niño convencido de que los héroes duran 90 minutos.
.....Las definiciones de Malraux y Huizinga son certeras, pero requieren de una precisión histórica: durante años el hombre chutó balones con placer sin aceptar que esa actividad definía su vida. Los miles de ojos ávidos que atestiguaban un partido no pertenecían a la cultura.
.....Numerosos artistas repudiaron el fútbol como una droga social o prefirieron mantener en secreto su afición por los goles para evitar que sus pinceles, sus plumas o sus leotardos se mezclaran con las gestas resueltas a patadas. El balón dominado con pericia y las barridas enjundiosas parecían ajenas a las tareas de los estetas. Incluso las mitologías que acompañan a los equipos y a los ídolos –el fútbol como imaginativa forma de representación– se descartaban como saldos groseros, fundamentalistas, de un oficio que a fin de cuentas sólo servía para transpirar.
.....Resulta difícil concebir a Sartre, hombre de letras, comprometido con la razón 24 horas al día, preocupado por la suerte del Paris Saint Germain. Aunque los guardametas de la época usaban el suéter de cuello de tortuga de los existencialistas, el indagador del ser y la nada no fumaba su pipa en los estadios. En una de sus clásicas paradojas, Oscar Wilde comentó: “El fútbol es un deporte de lo más apropiado para niñas rudas; pero no apto para jóvenes delicados”. El intelecto debía alejarse del tosco universo de las bestias: “La única forma posible del ejercicio es hablar”.
.....Hasta mediados de siglo pasado, una fuerte presión social impidió que el fútbol rebasara los límites del barrio, el descampado, el canallesco arrabal. Sin embargo, a contrapelo de las modas, tuvo cultores privilegiados.
.....Albert Camus creció en una familia de pobreza extrema y decidió jugar de portero porque en esa posición se gastan menos los zapatos. Años después diría que todo lo que sabía de la ética era obra del fútbol, el territorio en el que se ignora por dónde saldrá el balón.
.....En la pintura, Max Beckmann llevó el expresionismo al área chica, Robert Delaunay inmortalizó un lance del “equipo de Cardiff”, Nicolas De Staël creó un paisaje perfectamente abstracto al que por soberano capricho tituló “Los futbolistas”, Pablo Picasso dibujó a tres fantasmones regordetes que flotan en pos de un sol hecho pelota y el mexicano Ángel Zárraga logró una sutil y perturbadora transexualidad con sus mujeres futbolistas.
.....El cine ha ofrecido churros como “El gran escape”, donde Pelé comparte créditos con Max Von Sidow, melodramas para llorar entre palomita y palomita (“Pelota de trapo”), rocambolescos driblings de “Resortes” y episodios de alta temperatura intelectual como “El miedo del portero ante el penalti”, de Wim Wenders, basada en la novela de Peter Handke.
.....Los escritores se dedican, con variada intensidad, a rendir testimonio de lo que miran en el césped: Vinicius de Moraes retrató a Garrincha, Umberto Saba a un equipo sin gloria, Samuel Becket al hombre acorralado, ansioso de que el destino le brinde un “juego de vuelta”, Günter Grass a un arquero en un estadio nocturno, Pier Paolo Pasolini a los que corren en prosa y a los que corren en poesía y Luis Miguel Aguilar a un virtuoso con tan buen toque que se electrocuta.
.....El fútbol ha sido la más peculiar factoría de artistas: Joan Manuel Serrat aprendió a cantar en los campos del Barcelona, Chillida se dedicó a la escultura cuando una lesión lo alejó para siempre del Athletic de Bilbao y Jorge Valdano adquirió su buena prosa en las concentraciones del Real Madrid y la selección argentina.
.....Los tiempos han cambiado tanto que se intelectualiza el fútbol en exceso, se considera que cualquier entrenador con ingenio es un filósofo y se publican odas lamentables en nombre del amor a la camiseta. Lo decisivo, a fin de cuentas, es que el fútbol se percibe como cosa mental. Nadie puede jugarlo ni verlo sin imaginación. Se los digo yo, que una vez gané la Copa del Mundo, y no tuve necesidad de despertarme.
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El mar interrumpido
.Por JUAN VILLORO
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Transcripción del discurso de Juan Villoro pronunciado el lunes 19 de febrero de 2007 en el Palau de la Generalitat tras recibir el Premio de Periodismo Vázquez Montalbán.
(En Català)
Bona nit
.....Em plau molt poder parlar davant de les autoritats de Catalunya i del FC Barcelona, així mateix com els membres del Col·legi de Periodistes, la Fundació FC Barcelona i el cònsul general de Mèxic.
.....Faré servir la llengua d"un barcelonista de Mèxic. (aplaudiments)
(En castellano)
El mar interrumpido.
.....¿Qué le interesa a un hombre? ¿Qué resortes ocultos animan sus pasiones? La literatura es una exploración de la vida ilusoria. Las estrategias con que el entusiasmo consigue su tributo o desemboca en el sótano del desasosiego. No hay historias sin emociones y no es casual que los escritores dirijan su mirada a los estadios. La forma de la pasión mejor repartida en el planeta es el fútbol. Durante el pasado Mundial de Alemania, Kofi Annan, entonces secretario general de las Naciones Unidas, publicó un artículo en The Guardian donde decía que enviada a Joseph Blatter por conducir un organismo internacional más exitoso que el suyo. La FIFA tiene más agremiados que la ONU y además le hacen caso.
.....Espejo de las sociedades, el fútbol cuenta con todas clases de testigos dispuestos a desentrañar los beneficios y vilezas que desata. Sin embargo, fue necesario un largo proceso de aculturación para entender que se trataba de una actividad que se merecía ser abordada por escrito. Descartado en un principio como una rústica manera de perder el tiempo, el fútbol tuvo sus evangelistas iniciales en la crónica deportiva. Durante décadas, los poetas y los novelistas, se abstuvieron de marchar sus botines con el lodo de las canchas. Manuel Vázquez Montalbán fue un pionero esencial para entender la sustancia narrativa que recorría las tribunas, convencido de que los partidos no sólo se disputan en el césped sino en la mente de los aficionados, se ocupó de las relaciones peligrosas entre el deporte de masas y la política, el supermercado planetario donde los dioses llevan camisetas numeradas, las inagotables razones que hacen que el Barça sea más que un club.
.....Gracias a él sabemos que un partido mediocre puede ser más divertido al discutirse y nada engrandece tanto la gesta como la suspicacia. Cito a Vázquez Montalbán: "Lo que más nos gusta en el mundo a los catalanes es que los penaltis que nos pitan, sean futbolísticos o históricos, al menos sean discutibles o sospechosos". El fútbol es un sistema de supersticiones y Vázquez Montalbán, culé ejemplar, llegó a identificar el bloqueo del escritor con el archienemigo: "Mi mente está en blanco, ese color horroroso".
.....Recibir un premio que lleva su nombre genera la desmedida sensación de haber sido fichado por un club superior. La literatura es una actividad famosamente solitaria. Agradezco al jurado la ilusión que ha creado para mi, la de pertenecer a un dream team conjetural entrenado por Vázquez Montalbán, donde, ya puestos a exagerar, me gustaría aportar el número 4 de Pep Guardiola y Rafa Márquez.
.....Escoger un equipo es una forma de decidir el destino. Hay estoicos que deben su temple a apoyar un club impredecible y masoquistas que se quejan de que los suyos no pierdan lo suficiente. La satisfacción de estar aquí tiene que ver con el club al que apoyo, con una pasión más literaria que futbolística.
.....El primer regalo que recibí en mi vida fue un llavero con el escudo blaugrana. Mi padre nació en Barcelona. Vivió aquí hasta los diez años y emigró a Méjico en 1932. De niño atesoró con fervor algunas cosas de su ciudad perdida. El parque de la Ciutadella, las aceras con lado de mar y lado de montaña, el equipo que salta al campo con los colores del hombre araña. Me hice del Barça por extensión, como quien adquiere un mundo de fantasmas. En aquel tiempo anterior a la televisión satelital, muy de vez en cuando llegaban noticias de ése equipo. A principios de los años 60, vi al Barcelona de Cayetano Re, en su gira por Méjico. Y en 1969 a los 12 años fui con mi padre al Camp Nou a un derby contra el Real Madrid que en mi memoria terminó 3-3 con un golazo de Charly Reixac.
.....No es fácil explicar lo que un equipo representa para la gente del exilio. Se trata más de una entidad soñada, hecha de idealizaciones que de una escuadra que decide marcadores. Cuando la televisión comenzó a transmitir vía satélite, los culés de Méjico nos sorprendimos de que nuestro club existiera. A sus tareas de resistencia cultural, el Orfeó Català agregó una sala con pantalla gigante. Gracias a la oportuna diferencia de horarios en Méjico, los partidos europeos coinciden con el almuerzo. Y el Orfeó Català creó una burbuja ajena a la geografía donde el fútbol se disfrutaba con butifarras y setas vernáculas que el entusiasmo transformaba en rovellons. También las bebidas seguían esta mezcla de realidades. Recuerdo la tarde infausta en que derramamos nuestra pequeña botella de Vichy y estuvimos a punto de chupar las burbujas en el mantel como un preciado elixir.
.....Las identidades dependen de valores compartidos voluntariamente. Pocas han sido tan ruidosas y ajenas a los obstáculos de la evidencia como la de los barcelonistas de Méjico. Esta lealtad fue sembrada por el propio Barcelona en nuestro país. Durante la Guerra Civil, el president de la Generalitat, Lluís Companys, promovió una gira para que el equipo pudiera seguir jugando y mantuviera activo el espíritu de una nación. La mayoría de los jugadores titulares se quedaron en Méjico y se convirtieron en figuras decisivas de nuestro fútbol. Otros jugadores se exiliaron en Francia. Sólo algunos suplentes y el masajista, el imperturbable Àngel Mur Navarro, se embarcaron de regreso con la idea de superar el juego a orillas del Mediterráneo.
.....Muchas veces he pensado en los viajes que se cruzaron en ese tiempo. El Barça que volvía era el club más pobre del mundo. En rigor, dependía de un masajista y una esponja. Mientras tanto, en otros barcos huían los aficionados que no volverían a ver a su equipo. Tal vez a la gente como mi padre, el fútbol le interesaría menos si no viniera de una pérdida. En tiempos de bonanza conviene recordar que, a veces, las ilusiones son preservadas por quienes parecen haber perdido el derecho a ellas. Este es el legado que Barcelona puede recibir de su orilla latinoamericana. Compartimos el mismo mar interrumpido por la historia.
.....La primera gran fábula del Mediterráneo, la Odisea, narra un regreso. Es una emoción muy especial estar esta noche en la Generalitat de Catatalunya. Que yo vuelva a Barcelona es en cierta forma previsible, pues aquí he encontrado una segunda casa. Pero el motivo resulta excepcional. En sus mejores días, el fútbol permite volver a la infancia. Dedico este premio a la persona que me inculcó la pasión por el juego y los anhelos que representa. El niño que salió de esta ciudad a los diez años con un talismán para afianzarse a su tierra, un llavero del FC Barcelona.
.....Moltes gràcies!
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