<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861</id><updated>2012-02-16T05:28:05.496-03:00</updated><category term='Roberto Fontanarrosa'/><category term='Andoni Zubizarreta'/><category term='Albert Camus'/><category term='Sergio Xavier'/><category term='Oliverio Coelho'/><category term='Domingo Villar'/><category term='Guillermo Daniel Olmo'/><category term='Javier Marías'/><category term='Benjamín Labatut'/><category term='Eduardo Galeano'/><category term='John Carlin'/><category term='Osvaldo Soriano'/><category term='Juan Villoro'/><category term='Alejandro Dolina'/><category term='Martín Caparrós'/><category term='Mario Benedetti'/><category term='David Trueba'/><category term='JOAO PAULO CUENCA'/><category term='Enrique Vila-Matas'/><category term='Francisco Mouat'/><category term='Ramón Besa'/><title type='text'>pasión.y.furia/lecturas</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>37</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8763350061369762256</id><published>2010-06-10T20:34:00.000-04:00</published><updated>2010-06-10T20:34:11.881-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Martín Caparrós'/><title type='text'>Empieza la Argentina</title><content type='html'>Por MARTÍN CAPARRÓS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toquecito a Villoro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, caro güey, ¿cómo no suponer que me hablas de arbitrajes mexicanos como baja venganza por mentarte a Maxi? ¿Y qué otra respuesta me dejas, desdichado, que lanzarte con carrillos henchidos “¡Codesal!”, insulto bruto entre mis compatriotas, del nombre de aquel mexica dizque juez que nos sustrajo con penal penoso la final del Mundial del 90? Lo recuerdas, seguro: fue aquel en el que Maradona, rengo de toda renguitud, empezó su romance con la televisión usándola para que cientos de millones le leyeran los labios que decían, a sus anfitriones italianos, hijos de puta, hijos de puta. Pero no voy a dejar, por hoy, que me distraigas: quería contarte lo que me pasó la semana pasada, cuando llegué a Dhaka. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Lo estábamos esperando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dijo el bengalí que me recibió en el aeropuerto, y se rió. Yo no entendí el chiste: si no hubiera estado esperándome, ¿qué haría parado a la salida del aeropuerto con un cartel con mi nombre en la mano? Después me subí al coche, salimos, entendí: la ciudad rebosaba de banderas argentinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dhaka, la capital de Bangladesh, la ciudad más horrible y más lejana, rebosaba de banderas argentinas; sin dudas, muchas más que en Buenos Aires. Había, también, bastantes brasileñas, algunas alemanas y españolas, incluso una italiana; la argentina era la más presente. Me explicaron que era por el Mundial. Bangladesh no tiene un equipo de fútbol digno de ese nombre, el deporte nacional es el cricket y no hay un bengalí que sepa tirar una pared, pero no querían quedarse tan afuera del mundo, así que se buscaron una forma vicaria de sentirse adentro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, somos muy fans de la Argentina. De Brasil también, pero más de Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿De Argentina? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo, por qué? ¡Por Maradona!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ellos Maradona sigue allí, pese a Codesal, pese a los años, pese a que tú, vano de tu flacura, lo llames un gordito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero ya no juega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No, pero es el jefe, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cual constituye la superación dialéctica del diálogo clásico, ése que ya he escuchado con todos los acentos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Where are you from?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah, Argentina… ¡Maradona! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen siempre, y se ríen. Lo tengo dicho, repetido: “No se me ocurre ningún otro caso de país tan uniformemente sintetizado, definido por la figura de un señor. El vocabulario global pronuncia muy pocas palabras argentinas: tango ya tiene casi un siglo y después, además de maradona, la única voz que le dimos al mundo es el neologismo desaparecido. El jugador Maradona apareció en el momento justo en que la televisión empezaba a llevar el fútbol a los confines más lejanos: miles de millones de chinos, rusos, indios, africanos que nunca oyeron hablar del gaucho, de Evita, de Gardel, y que no relacionan a Guevara con el país donde nació, han visto a Maradona cacheteando pelotas –y es lo que saben de nosotros. Alguna vez terminaremos de aceptar que para dos o tres mil millones de personas la Argentina y los argentinos –todos los argentinos, las vacas, las montañas, los presidentes, los violadores fugitivos, el novio de tu hermana, aquel triciclo, los inmigrantes bajando de los barcos, el cielo de humahuaca, el peronismo, la esquina de carabobo y cucha cucha, la marcha de san lorenzo, tu futuro, los ovejeros belgas y hojitas y sánguches de miga, las pastillas refresco, tlön uqbar orbis tertius, este papel manchado– no somos nada más o nada menos que la confusa nube de pedos que aureola la pierna izquierda del Gran Diez. El mundo está lleno de personas que nunca oyeron hablar de la Argentina pero sí de Maradona; el mundo está lleno de otras personas que sólo oyeron hablar de la Argentina porque oyeron hablar de Maradona. En el mundo –para todos los que no son vecinos o europeos con parientes o tercermundistas más o menos cultos–, la Argentina somos él. Digo: para miles de millones de personas somos él. Es un destino. Supongo que podría ser mejor. Y podría ser, también, mucho peor”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo volvía a pensar, en Dhaka, mientras miraba banderas argentinas: que estaban ahí por Maradona. Es demasiado para un solo pibe de Fiorito. Pero lo más impresionante fue cuando me contaron, más tarde, la historia de ese muchacho que murió por la patria. Como verás, Villoro, no sólo los tuyos hacen esas cosas. El muchacho tenía 24 años y era módicamente pobre –en Bangladesh ser pobre significa no ganar ni un centavo y comer de vez en cuando; ser módicamente pobre implica tener un trabajito informal y llevarse 70 dólares por mes–, pero ese día había conseguido algún dinero y decidió darse un gusto. Entonces pagó 150 takas bengalíes –2 dólares– por una bandera de un metro y de Argentina. Bravucón, buscó el árbol más grande de su barrio, un manguero, para clavarla en esa cumbre donde todos la vieran. Aquí no sólo se trata de poner banderas; se trata de ponerlas muy grandes y en lugares muy raros. En estos días he visto banderas argentinas en una pista de aterrizaje, en un tanque de guerra, en el medio de un lago, en la cabeza de un búfalo de agua. Así que el muchacho decidió enarbolar su enseña y empezó a trepar. Trepó poquito; al cabo de unas cuantas ramas fue al suelo con grito y se partió la crisma: se murió. Es cierto que morirse en Bangladesh no es lo mismo que morirse en otros lugares –ni siquiera en México, no creas. Aquí suponen que las personas sobran, así que se mueren sin parar; se mueren inundadas porque viven en campos tres centímetros por encima del nivel del mar, se mueren enterradas porque viven en edificios que se derrumban o se incendian a la menor provocación, se mueren enfermas porque se enfermaron. Se mueren, todo el tiempo se mueren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Querida, esta noche no me esperes a cenar que tengo que morirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno, amor, pero no vuelvas demasiado tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún así, la muerte del patriota pifiado salió en todos los diarios. A mí también me conmovió. Morirse por la bandera ¿propia? es una tontería; morirse por una ajena debe ranquear segundo o tercero en la Copa del Mundo de las tonterías. O debería decir: morirse por la bandera ¿propia? es una estupidez con buena prensa; morirse por una ajena es una originalidad extrema, una obra de arte conceptual que pone en su lugar a todos esos moridores por un trapo. En cualquier caso, el muchacho consiguió hacerse un nombre –aunque yo no consiga recordarlo. “Cuando salgamos campeones –me decían, en primera persona, bengalíes, hablando de nosotros–, vamos a ir a festejar a su barrio, delante de su árbol”: consiguió, no es poco, un árbol y la sombra lejana de una patria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bengala, la semana pasada, era una improbable provincia argentina. Y esta semana en Cairo, sin banderas, también muchos me han dicho que van por la Argentina. Me paso la vida dando vueltas por ahí y nunca nadie se interesa por mi país de origen –salvo en estos días. La Argentina es un país estacional, intermitente. Otros existen más a menudo; la Argentina aparece en el mundo con toda regularidad cada cuatro años, a mediados de los años pares no bisiestos: sólo por el fútbol. Pasado mañana empieza la Argentina. Va a durar un mes, habrá que aprovecharlo. Después, a partir del 12 de julio, vamos a volver a ser la Bella Durmiente que espera el pelotazo del príncipe encantado, caro güey: un país tanto más chico que el tuyo, más fallido. Y, sin embargo, ay de ti, no vi en toda Bangladesh ni una bandera mexicana. El mundo, lo sabemos, vive equivocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Martín Caparrós&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el blog&lt;em&gt; Jugadas de pared&lt;/em&gt; de la revista &lt;em&gt;Letras Libres&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8763350061369762256?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8763350061369762256/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8763350061369762256' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8763350061369762256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8763350061369762256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/06/empieza-la-argentina.html' title='Empieza la Argentina'/><author><name>H. A.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03803773053084014824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8713593938585025768</id><published>2010-06-10T01:03:00.000-04:00</published><updated>2010-06-10T01:03:14.388-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='JOAO PAULO CUENCA'/><title type='text'>¿Copa del Mundo?</title><content type='html'>Por JOAO PAULO CUENCA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baja la temperatura en Rio de Janeiro. 18 grados es suficiente para que las mujeres cariocas usen botas de cuero, bufandas y sombreros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hombres, también constreñidos por el frío, caminan por centro de la ciudad con las manos metidas en los bolsillos de abrigos arrugados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un poco antes del almuerzo, la fachada de una tienda de electrodomésticos muestra el último partido amistoso de la selección brasileña antes de la Copa en muchos aparatos de televisión. En otros tiempos se vería una multitud apiñada en la vereda pero hoy son pocos los que se mueven para ver a Brasil entrenándose contra Tanzania días después de que la selección más vencedora de la historia hubiera prestigiado la dictadura de Mugabe por algunas pocas monedas en Zimbabwe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la pereza de una selección sin carisma y de un técnico antipático que pasa la mayor parte del tiempo de sus entrevistas atacando a la prensa, los diarios gastan sus páginas hablando sobre las vuvuzelas, el balón Jabulami y los contrastes de la sociedad africana. El clima, aparte del frio, anda agrio por aquí. Y poco interesa que Brasil se haya clasificado para la Copa del Mundo con muchos cuerpos de ventaja, aparte de haber vencido en la Copa América y la Copa de las Confederaciones bajo la administración Dunga. Nombres como Josué, Maicon, Felipe Melo, Elano y Michel Bastos nada significan para el carioca que no le hace caso a la apelación que le hacen las estaciones de televisión en las vísperas de Copa del Mundo. Después de la no convocatoria de los jóvenes Neymar y Ganso (que hicieron un primer semestre cinematográfico en el Santos), aparte de Ronaldinho Gaúcho (que venía ensayando una buena vuelta), el carioca distraído no parece creer que nuestra selección sea una de las favoritas de esta Copa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al contrario, es claro, lo que la masacre publicitaria de siempre intenta imponer. Pero hasta en eso hay un divorcio explícito entre lo que se esperaría en vísperas del mundial y lo que se ve –desde que acompaño al fútbol, esta es la Copa en que menos se pueden ver banderas y calles pintadas por la ciudad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este momento somos una nación distraída, con frío y sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*** &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mayor dramaturgo brasileño se llamaba Nelson Rodrigues y, junto con su enorme producción para el teatro, era un crítico deportivo apasionado por el fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que venciéramos nuestro primero mundial en 1958, cuando “dejamos de ser un país de ordinarios”, Nelson escribió que “la selección brasileña significa todos y cada uno de nosotros. Al fin, ella traduce una proyección de nuestros defectos y de nuestras calidades. En 1950, pasó más que el revés de 11 sospechosos, lo que hubo fue el fracaso del hombre brasileño.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más opuesto a 2010, cuando esta selección europea de Dunga es una banda de alienígenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*** &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y que la Copa – ¿cuándo es que empieza? – nos guarde alguna sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*** &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(trad. Juan Cuenca)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*** &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JP Cuenca (04.08.1978) nació en Rio de Janeiro y es autor de las novelas El día Mastroiani, Corpo presente y O único final feliz para uma historia de amor é um acidente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8713593938585025768?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8713593938585025768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8713593938585025768' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8713593938585025768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8713593938585025768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/06/copa-del-mundo.html' title='¿Copa del Mundo?'/><author><name>H. A.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03803773053084014824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-2196579685174535462</id><published>2010-06-10T00:51:00.001-04:00</published><updated>2010-06-10T00:52:01.561-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Villoro'/><title type='text'>Nuestra esperanza se viste de negro</title><content type='html'>Por JUAN VILLORO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pase a Caparrós:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pases de los futbolistas mexicanos suelen ser laterales. Espero que éste vaya lejos y te alcance en el país donde te encuentras, que para mí sigue siendo desconocido. ¿Estás rodeado de tribus, desplazados, traficantes de armas? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiera preferido que esperaras más para mentar a Maxi Rodríguez, que archivó las esperanzas mexicanas en Alemania 2006. En mi correo anterior elogié las posibilidades de Argentina. Lo hice por admiración pero también por miedo: “No nos une el amor sino el espanto”, dijo Borges. Se refería a Buenos Aires, pero profetizó el ánimo con que los mexicanos encararíamos otro encuentro con Argentina. Nuestra amistad, querido nómada, se puede poner a prueba en el cuarto partido. Si ahora eres capaz de decir “incluso la selección mexicana, recuerdo, ha hecho un gol alguna vez”, ya imagino lo que despacharás con júbilo mexicanicida. Confío en que superemos el trance. Mencionas el fútbol como una de las reservas salvajes del civilizado. La amistad también admite el gozo primitivo y transforma el ultraje en complicidad. Si te digo “pinche”, ya sabes que es de afecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy abogado de un cliente poco fiable: la selección que ahora se viste de negro (no sé si por posmoderna elegancia o por luto anticipado). Cuando Hugo Sánchez entrenaba al Tri, dijo que la camiseta verde se confundía con la cancha. El despistado mediocampista mandaba un maravilloso pase…¡al césped! Lo cierto es que no abundan equipos con camiseta color pasto. En México está el León, cuyo lema competitivo es “La vida no vale nada”. Alemania también ha usado el verde para su camiseta sustituta, pero a ellos les basta masticar una aspirina para poder con todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que la misión oculta del uniforme negro es emular al árbitro, al menos a los de antes, que vestían sacerdotalmente. El árbitro es el máximo aficionado del fútbol. El hincha desorbitado. Obviamente, preferiría jugar en un equipo, pero le faltaron facultades. Al precio altísimo de ser injuriado, sopla la justicia en su silbato. Es su manera de compartir la merienda de los dioses. A tu catálogo de lo que encandila en el fútbol, agrego otro mérito: la injusticia. ¡Qué tedioso sería que el árbitro no se equivocara! La democracia física que describes (en la que un gordo es Maradona y un acelerado de pies torcidos Garrincha), depende de un hombre que suda a diez metros del balón y tiene un segundo para decidir si lo que no alcanzó a ver bien fue un pénalti o una caída de teatral escuela. Esta condición imponderable engrandece al juego y desespera a los locutores que preferirían que el fútbol fuera vigilado por eficientes robots televisivos. En cada partido 22 hombres pretenden ser Aquiles y uno se resigna a ser Héctor. Los futbolistas juegan a ser dioses y el árbitro a ser hombre. Ningún otro deporte tiene un sistema de jurisprudencia tan endeble, es decir, tan parecido a la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como maliciosamente recordabas, México ha destacado poco, pero contamos con una afición delirante y un buen nivel de arbitraje (lo cual equivale a decir que también en la hierba tenemos buenos aficionados: no es raro que el juez mexicano le pida camisetas o autógrafos a los jugadores que acaba de procesar en la cancha). La administración del error humano ha sido un oficio bien llevado en nuestras canchas. Cuando el árbitro se equivoca en favor de México, una fanaticada que entiende de ilegalidades exclama: “¡Árbitro justo!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ideal para el existencialismo o para tocar en un mariachi, el negro no parece el color de la esperanza. México se vestirá así en Sudáfrica, en callado homenaje a los árbitros, esos hinchas extremos que envidian a Adán porque no tuvo una madre que fuera insultada en un estadio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Juan Villoro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el blog &lt;em&gt;Jugadas de Papel&lt;/em&gt; de la revista &lt;em&gt;Letras Libres &lt;/em&gt;(09.06.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-2196579685174535462?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/2196579685174535462/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=2196579685174535462' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2196579685174535462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2196579685174535462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/06/nuestra-esperanza-se-viste-de-negro.html' title='Nuestra esperanza se viste de negro'/><author><name>H. A.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03803773053084014824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-718123504190457272</id><published>2010-06-10T00:31:00.000-04:00</published><updated>2010-06-10T00:31:38.362-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Martín Caparrós'/><title type='text'>¿Por qué el fútbol?</title><content type='html'>Por MARTÍN CAPARRÓS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pelotazo a Villoro: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ti te pasa, por una vez, lo mismo que a mí: te intriga –y por eso escribiste Dios es redondo– que la palabra Mundial signifique una copa de fútbol, que a partir de este viernes miles de millones de personas se pasarán un mes mirando embobecidas, enardecidas, ensoberbecidas, decididamente heterocidas cómo once muchachotes de un país patean para un lado y once de otro para el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo también, y tú. No sé si estarás de acuerdo con mi definición: en mi caso, sospecho que el fútbol es el espacio de mi salvajería feliz. Me paso la vida tratando de pensar cosas, de tener cierta mirada sobre el mundo, de no perder el tiempo –en síntesis, soy muy insoportable, sobre todo para mí– salvo en esos momentos: durante dos horas un par de veces por semana toda mi atención, todo mi esfuerzo, todas mis emociones dependen de que ese cuero inflado pase o no pase una raya pintada en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un momento raro: sé que todo es una puesta en escena para que unos pocos ganen plata, sé que las instituciones del fútbol son una cueva de mafiosos y entruchados, sé que ningún gol va a influir en lo que sí me atañe y, sin embargo, durante esas dos horas, nada me importa más que lo que está pasando allá en el verde, con un nivel de concentración y de tensión que ya querría para otras situaciones. Digo: salvajería feliz, la suspensión del juicio. La salvajería es difícil de ejercer: la hemos dejado sin espacios. Nos quedan, creo, tres –a mí, digo; a ti no sé–: la mesa, la cama y la tribuna. Y los dos primeros producen discursos tanto más complejos: uno puede planificar una vida alrededor de lo que hace en la cama o entender la historia del mundo y la cultura alrededor de lo que pasa en la mesa. En cambio el fútbol no tiene nada de eso: es bastardo, pegajoso y carece de cualquier prestigio, pero sigue siendo tan tontamente apasionante. Es, sin duda, nuestra pavada insigne. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fútbol ocupa un lugar desmesurado en nuestras conversaciones, nuestras expectativas, nuestro imaginario: eso que solemos llamar nuestra cultura. Hubo tiempos en que los intelectuales lo desdeñaban de un plumazo: era el opio de los pueblos, decían, y era suficiente. Ahora, tiempos de droga dura y pueblos muy confusos, algunos entendieron que no alcanza con decir que el opio es opio: que vale la pena preguntarse cómo droga, para qué, por qué. El fútbol es uno de los grandes inventos de la modernidad, y tiene una curiosa particularidad: podría perfectamente no existir. ¿Te has parado a imaginar, Villoro, un mundo sin fútbol? Los hechos culturales de ese calibre suelen mostrar cierta lógica, cierta necesidad –que los hace más fácilmente comprensibles. Que el espectáculo de los antedichos muchachones haya tomado este carácter de religión mundial era impensable hace cien años –y, por supuesto, casi todo el resto habría sido igual sin eso. Por eso el fútbol es, entre otras cosas, una de las grandes intrigas de la historia cultural del siglo XX. Muchas veces me he hecho la pregunta: ¿por qué el fútbol? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tenía que ser un deporte, podía haber sido cualquier otro. A fines del siglo XIX, cuando Britania ruleaba los mares y vendía sus costumbres, había varios juegos que podían haber sido. Aquellos mismos barcos llevaron aquí y allá el cricket, el rugby, el remo, el tennis, el hockey, y sin embargo el football les ganó por goleada. Es obvio que, en esos tiempos de constitución de la sociedad moderna, de ruptura de los vínculos tradicionales, un deporte colectivo tenía ventajas sobre los individuales: hay algo muy fuerte en ese modo de sentirse parte, aliado con otros en busca de lo mismo. La sensación de armar algo más importante que uno en esa suma: la última tribu. Y, desde el punto de vista del espectador a punto de convertirse en hincha, es más fácil identificarse con un equipo que sigue siendo el mismo más allá de los cambios de hombres. Pero había otros deportes colectivos que se ofrecían al éxito. El cricket es un plomo intragable pero el rugby, por ejemplo, es muy parecido al football y, sin embargo, se quedó en minorías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El football tiene un par de ventajas: parece menos peligroso, requiere más habilidad y menos fuerza física y sus reglas son más claras: lo entienden incluso los que no lo entienden. Se puede tocar la pelota con todo el cuerpo salvo con la mano, la pelota puede ir en cualquier dirección, cuando alguien la tira afuera un contrario la vuelve a poner en juego, no se puede violentar al contrario; sólo el offside es complicado –pero los partidos informales nunca lo incluyeron– y, en general, pese a su simpleza, ofrece cantidad de situaciones y variantes. Pero siempre creí que la ventaja inicial es que el football es mucho más adaptable: cuatro chicos con una pelota de papel pueden jugar a algo que se parece mucho al football; en cambio el basquet necesita un aro, el beisbol un bate, un guante y un espacio grande, el polo una tropilla, y así de seguido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el fútbol, además, cualquier chico puede ser un grande: Maradona, el mejor, era un gordito que la mayoría de los deportes habrían descartado antes de que se cambiara. Pero al fútbol pueden jugar todos: el petiso movedizo o el grandote casi torpe, el corredor desenfrenado o la mole que se planta, el más vivo de la clase y el más bobo; si hasta tú y yo hemos jugado alguna vez. El fútbol no es como otros deportes que exigen un físico o un carácter determinados: cada tipo de habilidad tiene su espacio, hay puestos para todos –sólo hay que descubrirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se podría hablar mucho –el fútbol se ha convertido en una fuente incontenible de pavadas–, pero la gran diferencia es que el football tiene el goal. En otros deportes colectivos, los equipos hacen muchos tantos: un partido de basquet puede terminar 90 a 85, uno de rugby 35 a 15, uno de volley tres veces 15-13: el momento supremo –el de la conquista– se vuelve, por repetido, un poco pavo. En cambio el gol sucede tan de tanto en tanto que cada vez es única: un gol no es el resultado de la lógica del juego –como en el basquet o el voley o el tenis– sino un azar, una obra extraordinaria, un acto casi mágico. El fútbol, todo el fútbol, es el contagio de la magia del gol: ese momento que no sucede casi nunca y que, al suceder, hace que todo el resto cobre su sentido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gol es una irregularidad, una excepción extrema –porque el fútbol es fracaso casi siempre. El fútbol ofrece una moraleja que, por suerte, no solemos leer: el 98 por ciento de un partido consiste en intentonas: tentativas fracasadas de aproximación a la única meta decisiva. Una montaña de fracasos y, sin embargo, los jugadores no dejan de intentarlo: eso es el fútbol –pero no lo cuenten: si lo llega a descubrir un cura o un pastor o un novelista malo hacen un desastre. El fútbol es fiasco, desengaño, cabezonería: todo para llegar al gol y el gol no llega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero a veces llega –incluso la selección mexicana, recuerdo, ha hecho algún gol alguna vez– y entonces el gol es, también, la consagración de un modo de suponer el mundo: que todo es posible de repente, que no importa el proceso sino ese momento, que uno –su equipo– puede haberse pasado toda la tarde colgado del travesaño y peloteado y que siempre cabe la esperanza del zapatazo salvador. En la vida las cosas no se definen, como en el fútbol, en un instante extraordinario. Van pasando de a poco, se extienden en el tiempo, no son como aquel gol en el último minuto o el penal atajado que termina de sacarte campeón –de una vez, para siempre. No son, tampoco, ese momento en que te embocan, que te ponen, que te rompen el orto, que te empoman, ese segundo de incredulidad en que lo terrible está por suceder pero todavía puede ser que no y el segundo siguiente, cuando la pelota ya está adentro de tu arco, la perplejidad, la desazón que no admite respuestas –no se puede gritar, saltar, desgañitarse–, que te lleva a un segundo de una parálisis perfecta, justo antes de la puteada o la extrema desazón. Ese momento en que lo peor acaba de pasar sin que puedas evitarlo de ninguna manera, en que la amenaza acaba de convertirse en realidad, en que ya está –en que nada puede ser modificado pero, al mismo tiempo, todo es demasiado reciente como para haberlo aceptado todavía. Ese momento de mierda en que te acaban de meter un gol –remember, caro güey, Maxi Rodríguez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O, de nuevo, ese momento extraordinario en que vos lo metés –que tu equipo lo mete. El momento perfecto, el gozo idiota, pura explosión sin pensamiento: el que hizo la diferencia, el que te hace pensar que ojalá la vida fuera como el fútbol. El que hará que, durante un mes glorioso, vaya a ser bastante parecida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perdona, Villoro, que te haya dado tanta lata. Es que en los viajes hablo poco y me lleno de verba. Prometo, de ahora en más, moderación y pases cortos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Martín Caparrós&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el blog Jugadas de Pared de la revista Letras Libres (08.06.2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-718123504190457272?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/718123504190457272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=718123504190457272' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/718123504190457272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/718123504190457272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/06/por-que-el-futbol.html' title='¿Por qué el fútbol?'/><author><name>H. A.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03803773053084014824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-4060581354569137765</id><published>2010-06-09T10:09:00.000-04:00</published><updated>2010-06-09T10:09:24.586-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oliverio Coelho'/><title type='text'>El líder y la manada</title><content type='html'>Por OLIVERIO COELHO&lt;br /&gt;El primer mundial que recuerdo es el del 86. Tenía nueve años. Estaba lejos de apreciar el fútbol como un arte. El equipo de Bilardo, al igual que el de Maradona hoy, había llegado a clasificarse a los tumbos, con un gol agónico de Gareca frente a Perú –un gol tan milagroso como el de Palermo, también ante Perú–. En cada mundial, desde entonces, lo que se pone en juego en Argentina, además de un negocio incalculable, es el tamaño del orgullo nacional, la esperanza de millones de personas para las cuales ser campeón equivale a disputar por un tiempo la hegemonía –no sólo futbolística- de Brasil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el 2002 las expectativas generadas por el equipo de Bielsa, ganador cómodo de las eliminatorias sudamericanas, eran enormes. Para colmo, a todos nos parecía obvio que un mundial exitoso vendría a compensar las adversidades que vivía el país. Como si la máxima “desafortunado en el amor, afortunado en el juego” pudiera trasladarse al binomio política-fútbol, todos dábamos por sentado que la selección llegaría a la final por una ley infalible que nos garantizaba justicia en la desgracia. El recuerdo de aquel mundial puede sintetizarse en una frase: imposible tanta desdicha junta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy la Argentina no es un país en crisis, vive un fervor patriótico en su bicentenario, y las individualidades de esta selección superan a las del equipo de Bielsa. Sin embargo, todas estas estrellas recién ahora empiezan a sincronizarse y casi todo el mundo pone reparos en torno a la capacidad de Maradona como técnico. Esa resistencia disminuyó después de que la albiceleste funcionó de una manera compacta y derrotó de visitante a Alemania en un amistoso. Pero las expectativas generales son modestas. En los cientos de programas y mesas especulativas que se ven en la televisión, queda claro que las semifinales son el margen máximo de esperanza que nos otorgamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que el equipo con el paso de los partidos y algunos buenos resultados, brille. Soy menos escéptico que la mayoría de mis compatriotas. Si bien en el fútbol el diseño táctico es relevante –y a las claras este no es el fuerte de Maradona–, el diseño anímico, la mística del equipo, es otro factor que puede equilibrar ciertas falencias tácticas. Maradona cree que a través de él se expresa Dios, es lo más parecido a un místico sin dogma pero con un Mesías. Sus jugadores no tienen por qué dudar de eso, habida cuenta de sus proezas en México 86 y del presente de Messi en el Barca. Maradona es, para ellos, un líder, un gurú en ese millonario destierro que a la mayoría les tocó vivir, desde adolescentes, en el fútbol europeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tanto desarraigo, de tantos entrenadores autómatas al estilo Van Gaal, la paternidad extática de Maradona podría conducirlos a la utopía: primero funcionar como equipo, luego ser imbatibles. Ese tipo de inteligencia afectiva que tan buenos resultados le dio a Guardiola, y que Maradona intenta adaptar al crear un clima distendido durante la concentración albiceleste en Sudáfrica (nótese: posibilidad de tener sexo, llevar aritos, pelo largo, incurrir en alguna copa durante un asado, entrenar liviano y dormir como Dios manda) a priori le asegura a esta selección un lugar más simpático en la memoria que aquella comandada por el severo Pasarella en el 98. En manos de Maradona, los jugadores al menos son humanos… demasiado humanos… y no autómatas profesionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Oliverio Coelho (Buenos Aires, 1977). Su último libro es &lt;em&gt;Parte Doméstico&lt;/em&gt; (Emece, 2009).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-4060581354569137765?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/4060581354569137765/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=4060581354569137765' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/4060581354569137765'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/4060581354569137765'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/06/el-lider-y-la-manada.html' title='El líder y la manada'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8348832750718146506</id><published>2010-06-08T00:22:00.001-04:00</published><updated>2010-06-10T00:52:54.920-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Villoro'/><title type='text'>¿África se escribe con A?</title><content type='html'>Por JUAN VILLORO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pase a Caparrós:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este diálogo un sedentario se comunica con un nómada. Estoy tristemente anclado en el D.F. mientras tú recorres territorios que no conozco. Ignoro si en Asia y África los héroes del Mundial salen de cajas de cereales o patrocinan cervezas. ¿Qué clase de locura es allá el fútbol? Esto lleva a una inquietud más amplia: ¿Tiene caso que suspendamos la respiración, el matrimonio y el trabajo a favor de lo que pasa en la cancha? ¿De qué diablos hablamos cuando hablamos de fútbol?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo estas preguntas para que las medites en la sabana donde quizá corre un antílope y paso a un tema que alguna vez discutimos. Te sorprendió que yo dijera “le voy al Necaxa” para referirme al equipo que decide mis taquicardias. Tú hubieras dicho “soy de Boca”. El aficionado mexicano sigue a su equipo, lo cual implica cierta distancia; el argentino es uno con su club. En Boquita hablas del “jugador número doce”, invento porteño. Quien haya ido a la Bombonera sabe que el público aspira a definir el resultado. El aficionado mexicano está menos comprometido con esa intervención. La razón es obvia: si nuestros sentimientos dependieran del marcador tendríamos la vida emocional de un bacalao. Nos conviene pensar poco en el éxito. Lo decisivo no es lo que sucede sobre el césped sino el milagro guadalupano de estar juntos. La fiesta y el desmadre son los triunfos a los que podemos aspirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra parte de Boquita dices que el hincha argentino encara cada Mundial pensando qué tan lejos llegará su selección y te preguntas en qué se interesan los países que saben que no van a ganar. Querido nómada: ése es el caso de México. Somos actores de reparto casi fijos; pertenecemos a la élite de los cinco viajeros frecuentes a los Mundiales (los otros son Brasil, Alemania, Italia y Argentina). Ahorro el cruel repaso de nuestro rendimiento. Y sin embargo, nos ilusiona Sudáfrica. La obsesión concreta es llegar al quinto partido (en las últimas cuatro Copas nos hemos quedado en el cuarto); la obsesión metafísica es hacer algo raro y recordable: un gol de joroba de Cuauhtémoc Blanco. No esperamos milagros mayores, pero 16 mil mexicanos han acabado con sus ahorros para estar en Sudáfrica. La mayoría de ellos son paisanos que viven en Estados Unidos y encuentran en la selección un símbolo identitario o al menos una proliferación de Speedy González. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sospecho que en el juego de las ilusiones espero más de Argentina que tú. Sudáfrica se parece mucho a México ’86, cuando la albiceleste calificó in extremis. Al principio, fue un equipo borroso; a partir de cuartos de final se convirtió en la selección mitológica que recordamos como la única que jugó en México. Bilardo y Maradona revirtieron la desconfianza en mantras paranoicos: “Todos hablan mal de nosotros”, “Nos putean sin saber quiénes somos”. No sé si esta vez habrá una reivindicación semejante, con las consecuentes frases inolvidables de Diego (continuación del “sigan chupando”), pero la concentración de talento puede encontrar espléndido acomodo en lo que hasta ahora ha sido el amontonamiento de un andén del metro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Argentina parecen sobrarle estrellas para llegar a la eficacia. Alemania no tiene ninguna pero el Bayern, subcampeón de la Champions, probó que mantiene un altísimo juego de conjunto. Además, viene de recibir dos pésimas noticias: el suicidio de Robert Enke y la lesión de Michael Ballack. Las desgracias son la golosina de Alemania. Ahí está la final de Suiza’54 para probarlo. Con sol, hubiera ganado Hungría. Con pésimo clima, la suerte fue alemana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿África se escribirá con A?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Juan Villoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el blog &lt;em&gt;Jugadas de Pared&lt;/em&gt; de la revista &lt;em&gt;Letras Libres &lt;/em&gt;(07.06.2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8348832750718146506?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8348832750718146506/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8348832750718146506' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8348832750718146506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8348832750718146506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/06/africa-se-escribe-con.html' title='¿África se escribe con A?'/><author><name>H. A.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03803773053084014824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-394378368451834303</id><published>2010-06-08T00:10:00.001-04:00</published><updated>2010-06-08T00:23:09.710-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Domingo Villar'/><title type='text'>El grupo del sabio</title><content type='html'>Por DOMINGO VILLAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primer recuerdo son los brazos de Mario Kempes extendidos como alas en 1978, celebrando su segundo gol bajo un diluvio de papelitos blancos. “Es su Mundial, el de Argentina”, debió de murmurar mi padre sentado en el sofá, a mi lado: “El próximo es el nuestro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en 1982 se jugó la copa en España, sí. Pero fue de otros: de Conti, Rummenigge, Falcão y Dasayev. En mi casa sólo dejó frustración y un estadio nuevo en el que animar al Celta los domingos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de cuatro años cruzamos de nuevo el Atlántico con la bodega cargada de revancha y Butragueño. Tampoco fue suficiente. Hablaban de la altura que ahogaba a los jugadores en México, pero el verdadero Everest se llamaba Maradona. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego llegaron las desilusiones del 90, del 94, del 98, del 2002… Yo había cambiado de sofá, pero no de pregunta. La misma de cada vez en cada casa: ¿A qué diablos juega España? ¿Adónde se puede llegar sin estilo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos habría dado lo mismo atacar como Brasil, cargar como alemanes, combinar como holandeses o dar dos vueltas a la cerradura como Italia. Cualquier cosa antes que aquella maldita incertidumbre de ver a los nuestros correr en cada ocasión con un plan diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Son ustedes la Furia”, nos bautizó alguien. “La Furia española”, repitieron muy serios. Y muchos nos imaginamos su risa contenida al vernos pasear por los Mundiales con la cruz, la espada, la mirada arrogante de los conquistadores…, y el trasero zapateado. ¿Acaso los nuestros eran los únicos que regresaban al vestuario con la piel hecha un jirón? ¿Cuál era, más allá del esfuerzo, nuestro propósito? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ninguno” fue la respuesta hasta que hace poco más de un lustro alguien tomó una decisión. Así como Esparta consultaba a su Gerusía, España reclamó el consejo del más veterano de sus técnicos, el más entendido. Y el hombre de pelo blanco armó un equipo con el criterio de un niño: “Los mejores al campo”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Aunque no estén furiosos?”, preguntó alguien. “Aunque no estén furiosos”, confirmó el sabio. Y nos quedamos perplejos al comprobar cómo el puñado de chicos escogidos por aquel hombre despreciaba el martirio. ¡Sólo querían el balón!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lugar de la armadura y la fiereza salieron al campo ataviados con el frac del prestidigitador. Y la pelota en sus pies se convirtió en un conejo que pasaba de la chistera de un mago a otra sin que los rivales atinasen a sujetarlo. Y entre la astucia del hombre y los trucos de sus pupilos alcanzamos la admiración y la gloria en Europa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy el grupo de audaces españoles viaja a Sudáfrica sin arrogancia, pero con la ilusión de alzar la Copa del Mundo por primera vez. Aunque no está con ellos el hombre sabio que los congregó, su legado se mantiene inalterado: las camisetas rojas son señuelos y el balón una liebre en los pies. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay enemigos temibles, y para alcanzar el trofeo será necesario añadir una buena ración de suerte a la osadía de los nuestros, pero en los sofás de las casas algo ha cambiado. Hoy el niño que ve los partidos a mi lado ya no se pregunta a qué juega España. Sólo le preocupa saber si se puede atrapar a un conejo con los pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Domingo Villar (Vigo, 1971).La playa de los ahogados (Ediciones Siruela, 2009).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el blog Papeles Perdidos del diario &lt;em&gt;El País &lt;/em&gt;de España (07.06.2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-394378368451834303?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/394378368451834303/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=394378368451834303' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/394378368451834303'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/394378368451834303'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/06/el-grupo-del-sabio.html' title='El grupo del sabio'/><author><name>H. A.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03803773053084014824</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-2035851289955325673</id><published>2010-05-19T12:22:00.001-04:00</published><updated>2010-05-22T14:13:42.513-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guillermo Daniel Olmo'/><title type='text'>Zamora, el portero que desquició a Mussolini</title><content type='html'>Por GUILLERMO DANIEL OLMO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana Mussolini amanece algo irritado. No sabe muy bien por qué. El campeonato mundial que, gracias a su influencia diplomática, se celebra en Italia va sobre ruedas. El pueblo está entusiasmado y la azzurra es la gran favorita. En octavos de final se han quitado de en medio a Estados Unidos, metiéndole siete goles. Nada menos que siete. Pero hay algo que no va bien. En cuartos de final, espera España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras el primer café, Mussolini llama a uno de sus subordinados. ¿Y las entradas? Todas vendidas, Excelencia. El estadio será una olla a presión para los españoles. Mussolini cuelga. Dirige los destinos de un país al que quiere convertir en imperio. Acostumbrado a que su voluntad sea inapelable, hay algo que no obedece a sus órdenes cuarteleras: el balón. ¿Y si gana España?, se pregunta mientras observa frente al espejo que en su maciza testuz ha brotado una arruga más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie en la bulliciosa Florencia contempla esa posibilidad. Los tenderos despachan, los cafés se apuran, los curas ofician misa y en todas partes late la misma convicción. Italia campeona. Forza Italia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Italia, favorita&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, en una silenciosa habitación de hotel, Ricardo Zamora ojea la prensa internacional. Los diarios dan como clara favorita a Italia y hablan de él como el principal activo de un equipo, España, que cuenta entre sus virtudes la velocidad de sus atacantes y la elegancia de sus defensas. Un buen equipo, pero al que no se cree capaz de tumbar a los claros dominadores del fútbol mundial y menos en su propio territorio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zamora abandona su habitación y baja a desayunar con sus compañeros. No hablan mucho. El portero está taciturno. Tiene 33 años, acaba de proclamarse campeón con el Real Madrid y en España ya es un ídolo. Tiene todo el reconocimiento y es uno de los primeros profesionales que se ha hecho rico con el fútbol. Pero sabe que, a su edad, está ante su última oportunidad de hacer algo grande en los torneos internacionales. Él quiere triunfar con España. Zamora levanta la mirada del plato y ve rostros como los de Isidro Lángara. El jugador del Oviedo es un goleador nato, un tío que siempre que recibe encara y cuyos remates son tan potentes que son capaces de doblar las manos de los porteros más solventes. Isidro marcó uno de los tres que le hizo España a Brasil en los octavos de final. Esta tarde le vamos a necesitar, piensa Zamora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Duce conoce a Zamora. Todos los aficionados al fútbol le conocen. Como escriben las crónicas de entonces, es junto al checoslovaco Frantisek Planicka, también portero, la estrella del mundial. Y el Duce no se fía. Le gustaría poder intimidar con su retórica pugilística al arquero barcelonés y obligarle a obedecer, a rendirse. Pero no puede. Y eso le enerva, así que vuelve a comunicar con la selección italiana y hace llegar un mensaje a jugadores y cuerpo técnico: «La patria espera lo mejor de ustedes. Quedaría muy decepcionada si no hacen gala del impetuoso espíritu que siempre, desde los gloriosos tiempos de las legiones romanas, han mostrado los guerreros itálicos en el campo de batalla. Para tanta decepción no cabría más que un castigo severo». Los jugadores lo entienden bien. Algunos contarían tiempo después que desde el Gobierno se les amenazó veladamente con la muerte si no ganaban el mundial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde arriba, desde el palco, El Duce tuerce el gesto cuando los once muchachos de rojo saltan al campo y el estadio se les cae encima. Hay uno que destaca sobre los demás. Con sus casi 190 centímetros y su imponente figura, la estampa de Zamora escuchando el himno español sobresale. Mussolini le contempla pensativo. Tampoco se fía del artillero Lángara ni del escurridizo interior derecha, Luis Regueiro. No quiere probar ninguno de los canapés que le ofrecen. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los jugadores toman posiciones. Italia despliega a sus estiletes en ataque, Meazza en la mediapunta, para lanzar a talentos como los de Monti o Schiavio. Zamora se coloca bajo su arco. Ignora los insultos de los tifosi y comparte una mirada cómplice con Quincoces, su fiel aliado en la zaga madridista. Jacinto Quincoces es un defensa tan potente como elegante. «El mejor defensa del mundo», para los periodistas de entonces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El árbitro decreta el inicio del partido. En el campo está la todopoderosa Italia. Pero la primera la tiene España, que ha salido de la caseta convencida de sus opciones y jugando su fútbol incisivo y veloz. Iraragorri conecta con Lángara, que, como los buenos pistoleros, desenfunda rápido. De primeras, según le llega, emboca un tiro seco y raso, pegado a la cepa del poste. Combi se estira y a duras penas alcanza a despejar a córner. El Duce se revuelve en su asiento. «¿Y si gana España?», vuelve a repetirse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los italianos sienten la ansiedad de ser favoritos y jugar en casa. La Roja, a base de desparpajo, no deja de generar ocasiones. Quizá apremiados por las exigencias del dictador fascista, los jugadores de la Azzurra comienzan a emplearse con intolerable violencia y a desplegar toda clase de malas artes sin que el colegiado suizo Luis Baert se dé por aludido. Así, marrullería mediante, empiezan a dominar, Pero España no se arruga. Cuanto más ruge la grada, más se multiplica Quincoces. Llega a todo. Lo saca todo. Aborta, a veces de modo acrobático otras con sobria velocidad, todas las tentativas atacantes italianas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Duce se muerde las uñas. Su mal humor va en aumento. Quincoces no flaquea y en las ocasiones en que los hábiles atacantes italianos logran superar la barrera defensiva del doctor Salazar, emerge el portentoso Zamora, sea imponiendo su ley en el juego aéreo o con intervenciones en las que demuestra una elasticidad inverosímil en un gigante de su calibre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La roja no claudica&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;España repliega, pero no deja de mirar al arco rival. Quincoces inicia los vertiginosos contragolpes de la Roja, sacando el balón con clase y con maestría. Es un choque entre dos estilos diferentes, pero ambos ambiciosos. La técnica y el toque italianos, frente a la velocidad y la pegada de la Roja. Sólo hay una diferencia. Los azzurri se hinchan a dar patadas impunes. Es un auténtico partidazo. Bajo palos, Zamora sufre por lo que están recibiendo. En el palco, el dictador sigue inquieto. ¿Y si gana España?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de las muchas tarascadas, la defensa italiana corta violentamente un avance de Iraragorri. Es el minuto 31. La entrada ha sido tan bestial que el árbitro no puede dejar de marcarla. La falta es peligrosa. En la diagonal del área de Combi. Los italianos forman en defensa. Son eficientes en la estrategia y disciplinados en defensa. Su extrema concentración táctica controla todos los factores. Pero todo sistema, por matemático que sea, alberga su entropía. Y la entropía esta e la detonará el hábil y menudo extremo madridista Luis «el corzo» Regueiro. Lángara bota la falta. Pese a que todo el estadio espera un latigazo del temido pistolero asturiano, este bota un centro medido y sutil. La violencia esta vez la pone Regueiro, que empala un zurdazo letal ante el que de nada sirve la estirada de Combi. Es un auténtico golazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;España se adelanta, la grada enmudece. ¿Y Mussolini? Él reprime un grito, golpea el reposabrazos de su asiento. Frunce el mentón y el ceño. «Maldita sea, ¿y si gana España?». Zamora mientras alza los puños. Grita de júbilo. Una vez, no más. Sabe que pronto va a tener trabajo. El gigante italiano no se quedará de brazos cruzados. El portero lo sabe. Y está preparado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los minutos siguientes son de mucho tajo para el arquero. En diez minutos, el arreón italiano propicia nueve corners. Zamora saca disparos de todos los colores. Algún periodista anota en su agenda el adjetivo con que en su crónica se calificará la actuación del portero: «inenarrable». El asedio es total.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alrededor del 40, Baert marca una falta junto al área española. El libre directo lo lanza Orsi. El cuero pega en la barrera española, despistando a Zamora, que se ha lanzado en dirección opuesta. Ya batido, Zamora sigue la trayectoria del balón desde el suelo. Fuera, fuera, fuera, empuja Ricardo con el pensamiento. La bola lame el poste. Es córner. Zamora se abandona tendido en un área que tiene más tierra que hierba. Desde el suelo escucha los lamentos del público. España sigue arriba en el marcador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un imperial Zamora sigue desquiciando a la delantera italiana, que cada vez más recurre a los pelotazos al área. Para disgusto de la hinchada local, que empieza a silbar a sus jugadores. En una de esas, Ciriaco concede otro saque de esquina. Uno más. Zamora vive en tensión permanente. Pero no hay problema. Como los buenos porteros, es un adicto al peligro. Como los artificieros. Italia bota el córner. El balón vuela hacia el área. Esa es mía, piensa el arquero, dueño y señor de su área. Y arrranca la carrera hacia el cuero. Despliega los brazos. Casi la tiene. Quincoces no va, no hace falta. Sabe que cuando su portero sale, sale de verdad. Zamora no es de los que duda. Casi la tiene. Pero de repente, sufre un violento placaje. Alguien salido de no se sabe dónde interrumpe de un topetazo la carrera hacia el balón del portero. Es Schiavio, quien en flagrante falta sobre el titán de la portería española, deja el balón ante los pies de Ferrari, que remacha a placer el empate. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zamora tuerce el gesto. Acuclillado en el césped ve a sus compañeros rodear al colegiado, que hace el paripé y consulta al linier. El portero sabe que no va a rectificar. Son muchos años, muchos partidos, demasiados como para no saber cuándo se está ante un bellaco casero y comprado. Va a dar el gol. De nada sirve protestar. Pero no habrá segundo. Aprieta los puños y vuelve a plantarse bajo palos. No escucha los gritos de una grada a la que le importa un bledo la justicia si su equipo gana. El árbitro dice gol y es gol. Nada más importa. El estadio celebra. El guardameta se juramenta. No habrá segundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Duce mira alrededor, satisfecho. Relaja unas manos empapadas de sudor por la tensión y esboza uno de esos gestos histriónicos con los que agitaba a las masas. El primero es el difícil. Ya está abierta la lata, rumia Benito, compartiendo euforia con la multitud. El Giovanni Berta ruge. No habrá segundo. No va haber segundo, se repite una y otra vez Zamora mientras se aprieta las manoplas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la segunda parte, la Roja sigue exhibiendo la reciedumbre de su defensa y el vertiginoso talento de sus puntas. Italia sigue atacando en vano y a España le anulan un golazo legal a todas luces, obra de Lafuente. Zamora esboza una sonrisa irónica ante el latrocinio arbitral. No habrá segundo gol, vuelve a repetirse en la soledad del arco. Mussolini respira aliviado. Sigue sin verlo claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un párrafo de las crónicas de entonces ilustra bien como fue el segundo periodo: «Zamora, en una enorme estirada, manda la pelota a córner, que saca el extremo derecha italiano. Sigue la delantera española jugando a maravilla y empleándose con aquella furia que la hizo famosa».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero poco a poco, la violencia transalpina va haciendo mella en los muchachos del doctor Salazar y el juego va, cada vez más, volcándose sobre la portería del «divino» Zamora. Con todo, la Roja resiste. Y se llega a la prórroga. El duce no quiere ni mirar. Ese maldito español lo para todo. ¿De qué sirve que el colegiado ayude si questi bastardi no son capaces de batir a un tipo que está visiblemente cansado? Y de nuevo, la misma zozobra, ¿y si gana España?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Media hora más de fútbol y emoción. Hay nervios en el estadio. Al poco de comenzar el tiempo extra, Schiavio hace otra de las suyas. Corre tras un pase en profundidad. Zamora, con una autoridad que resiste a la fatiga se anticipa y se hace con el cuero, pero el atacante boloñés deja los tacos y se los clava al portero en... ¡el ojo! El madridista queda tendido en el suelo. Le duele. Sangra. Está aturdido. No sabe bien lo que ha ocurrido, pero se aferra al cuero. No lo suelta ni mientras le limpian la sangre los galenos. No habrá segundo. El meta se yergue trabajosamente ante la perplejidad general. De entre el graderío brota algún aplauso aislado. A Mussolini la cólera está punto de hacerle estallar las venas de la sien. Más aún cuando se señala el final del partido y este queda en tablas. Con los jugadores aterrados despidiendo al público realizando el saludo fascista en el centro del campo, el Duce abandona precipitadamente el palco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de la historia ya es eso, historia. Al poco de terminar el choque, un Zamora dolorido atendía a los periodistas desde el hotel: "Nos han birlado el partido. Lo más indignante de todo han sido los dos goals, el que les han regalado a ellos y el que nos han anulado a nosotros. Ellos se han empleado con una dureza extrordinaria. Todos tenemos alguna caricia. Yo tengo una patada en la ceja, pero podré jugar". El arquero, todo coraje, se equivocaba. Tan sólo 24 horas después se disputaría el partido de desempate. El parte de guerra del día anterior fue tan ominoso que sólo cuatro de los once titulares españoles pudieron formar de inicio en el desempate. Zamora se quedó fuera. Sólo así, y con la ayuda de un trencilla al que un mes después inhabilitarían a perpetuidad por su canalla arbitraje, pudo la todopoderosa Italia doblegar a aquella España de gallardía y talento. Mussolini nunca olvidaría a Ricardo Zamora. El fútbol, tampoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el blog &lt;em&gt;La nariz de Tassotti&lt;/em&gt; del diario &lt;em&gt;ABC&lt;/em&gt; de España (19/.05/2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-2035851289955325673?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/2035851289955325673/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=2035851289955325673' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2035851289955325673'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2035851289955325673'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/05/zamora-el-portero-que-desquicio.html' title='Zamora, el portero que desquició a Mussolini'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-3203922102947070828</id><published>2010-05-18T16:51:00.001-04:00</published><updated>2010-05-22T14:14:26.166-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Enrique Vila-Matas'/><title type='text'>Una risa contenida</title><content type='html'>Por ENRIQUE VILA-MATAS &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Moderado como de costumbre, pero no olvidando ciertos contratiempos que desde el exterior le han ido creando esta temporada a su equipo, Xavi Hernández declaraba hace diez días: "Posiblemente, las campañas mediáticas desde Madrid han influido en los árbitros". Y algo más adelante: "Se ha hablado de todo menos del buen juego del Barça". Con estas palabras, sabiendo que vivimos en un mundo de la información en el que se olvida muy pronto todo, Xavi quería recordar que, a partir de la eliminación del Madrid por el Lyon y de una bronca en el partido jugado por el Barça en el campo del Spórting de Gijón, los árbitros no quisieron arriesgarse ni lo más mínimo a ser acusados de pertenecer a la ilusoria y patrañera trama del villarato y de favorecer los intereses del equipo barcelonés, y eso trajo una sucesión de golpes y otros detalles sucios que fueron minando, de forma oscura y sin dejar huellas, la trayectoria de este gran equipo que ha vuelto a ser el Barcelona esta temporada. ¿O los números de la Liga no son irrebatibles: 99 puntos y sólo un partido perdido, sin ni siquiera haber perdido -ahí estuvo la clave- con el terrible Espanyol?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Pero las cosas no son como las dicen determinados medios de comunicación. El problema es que se tienen que buscar trifulcas porque la cosa no va bien", concluía Xavi. Esas trifulcas, por cierto, fueron la crónica de un conflicto anunciado, pues es raro en los medios deportivos encontrar a alguien que no sepa que, desde antes de que comenzara la temporada, estaba ya previsto que, si algo se torcía para el Real Madrid, se volvería a cierta cantinela y se recurriría al villarato y a otras artimañas. Todo esto no quita, por supuesto, que el gran rival de este Barça campeón, un rival que ha contado con el trabajo no bien valorado de un más que competente entrenador, ha hecho (con el borrón grave de Lyon y sus contratiempos con el Barça) una buena campaña y, como comentara tan oportunamente Guardiola hace tres semanas, ha merecido ganar la Liga tanto como el Barça, aunque en esto también es cierto que el fútbol es cruel y tajante: al final de la temporada, sólo hay un lugar en la cumbre, y ese sitio sólo puede ocuparlo el vencedor. Por eso, Guardiola también recordó a tiempo que no habría nada que celebrar si el Barça no ganaba al Valladolid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ganó al Valladolid y de la lectura de lo que algunos jugadores dijeron en la fiesta que siguió en el césped se pudieron sacar en limpio dos cosas. Por un lado, emergió una angustiada protesta soterrada por el comportamiento de ciertos medios que le han estado negando sistemáticamente el pan y la sal a un equipo que sigue siendo la admiración del mundo. Una vez más, España es diferente. Y todos sabemos que lo es por la persistencia de una mezquindad y ruindad ancestrales, las mismas que han arruinado casi siempre posibles horizontes de grandeza. Por el otro, fue innegable la simpatía y agradecimiento que los jugadores sienten por el presidente Laporta y que venía a confirmar unas palabras de hace diez días, también de Xavi Hernández: "Lo que queremos es un nuevo presidente que nos cuide como lo ha hecho Laporta, para nosotros ha sido un presidente ejemplar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para quienes Laporta no es un santo de su devoción, ha de ser difícil admitir este hecho, pero las cosas son como son y, si hacemos un esfuerzo y nos situamos en el pellejo de los jugadores, veremos que no es tan complicado comprender que éstos hayan podido sentirse, en un momento dado, cómplices y camaradas de un estilo llano y desbocado, muy próximo a ellos y no a Baqueira Beret y muy próximo a la vez de las ideas de Cruyff, el dueño del gran secreto de la revolución del Barça en las últimas dos décadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para este Barça ganador de la Liga se abre ahora una incógnita en forma de elecciones presidenciales que podrían, según quien gane, torcer lo que hasta ahora ha ido bien. No hay incógnita alguna, en cambio, respecto al otro tema que, tras el partido con el Valladolid, emergió tan soterrado a pie de campo: la cuestión de los inventos del canguelo (primera temporada triunfal del Barça) o del villarato (segunda temporada). En este terreno, ya lo dijo Guardiola en la rueda de prensa, conteniendo la risa: las cosas van a continuar igual la próxima temporada. Y si viene Mourinho, ya sabemos incluso cuál será el argumento de la película. Algunos creemos saber también el final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt; de España (18/05/2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-3203922102947070828?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/3203922102947070828/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=3203922102947070828' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3203922102947070828'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3203922102947070828'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/05/una-risa-contenida.html' title='Una risa contenida'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8323718665303653350</id><published>2010-05-18T00:04:00.002-04:00</published><updated>2010-05-18T00:04:01.013-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Andoni Zubizarreta'/><title type='text'>Se acabó lo que se daba</title><content type='html'>Por ANDONI ZUBIZARRETA &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pi, pi, pi, tres cortos y contundentes silbatazos dieron por finalizados los suspenses de esta Liga. Tres pitidos que seguro les supieron de forma muy distinta a los diferentes protagonistas. En unos casos, liberadores de alegrías desbordantes como las que se vivieron en La Rosaleda y en el Camp Nou, donde los locales celebraban cosas tan dispares como la permanencia y el campeonato. Se diría, viendo las imágenes, que había más desesperación en los malagueños y más fiesta en Barcelona. Se diría que la alegría malaguista era la de los que se liberan de una tortura y la catalana era de aquellas que se viven con una sonrisa tonta colocada en los labios, de aquellas que duran toda una semana, y que no se sabe muy bien por qué ni cómo sobreviven a todas las notas negras que el día a día nos acercan en estos tiempos revueltos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres pitidos que por otro lado eran el epitafio sonoro de las ilusiones de otros muchos que veían cómo sus sueños salían volando. Se diría que los jugadores del Tenerife deseaban que su partido fuera eterno y que nunca finalizara el tiempo de ser de Primera. Se diría que los jugadores del Real Madrid cerraban con los tres pitidos un sprint que no les permitía remontar al líder, quedándose a un palmo de la gloria, allí donde una cantidad enorme de puntos sólo les dejaba rozar un título que habían perseguido con ahínco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres pitidos y el final de tantas historias. Tres pitidos y tantas emociones que se desbordan. Tres pitidos y se acabó lo que se daba. Y en medio de tantas emociones colectivas, algunas individuales que se desbordaron en forma de lágrimas de alegre tristeza, aquellas de quienes sintieron que una etapa de sus vidas se cerraba con ese último partido, con esa última jugada, aquellas que sirvieron para cerrar las carreras de extraordinarios futbolistas como Joseba Etxeberria y Rubén Baraja. Puede ser que a esta extraña convocatoria se puedan añadir algunos otros, ¿tal vez Raúl?, ¿tal vez Guti?, seguro que otros varios a los que mi desconocimiento los aleja de estas líneas, convocatoria de los que sintieron que los tres pitidos del colegiado de turno cerraban tiempo y actividad, tiempo y colores, que sintieron que nunca más iban a volver a sentir lo que significa ser futbolista, o al menos, no como lo han sentido en los últimos 15 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres pitidos que debieron ser especialmente significativos en el caso de Mejuto González, que se pidió arbitrar su último partido de Liga en San Mamés y a quien todos despidieron con abrazos como los que uno nunca hubiera pensado que un jugador pudiera compartir con un colegiado. Mejuto, a quien le queda el broche de la final de Copa del Rey, se situaba detrás de su silbato para cerrar y certificar su paso a la jubilación. Tres pitidos y fin, debió de pensar el asturiano y, tal vez, por un momento, su ángel malo le dijo que siguiera con el encuentro, que lo hiciera inacabable para que el recreo fuera eterno. Pero le pudo el cumplimiento del deber, la perfecta asunción del deber del juez, para recoger un chaparrón de aplausos de un público que había acudido a homenajear a un grande de la gran historia rojiblanca y, de paso, le tributó su mejor homenaje al colegiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es, para todos ellos, el primer día de su otra vida. De aquella en la que van a tener que acostumbrarse a que precedan su nombre con ese feo prefijo de ex. Ex futbolista, ex athlético, ex valencianista, ex árbitro (bueno, Mejuto tiene prórroga hasta mañana). Toda tu vida metida en dos letras. Pi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País &lt;/em&gt;de España (18.05.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8323718665303653350?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8323718665303653350/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8323718665303653350' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8323718665303653350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8323718665303653350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/05/se-acabo-lo-que-se-daba.html' title='Se acabó lo que se daba'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-6412499032747232238</id><published>2010-05-17T10:34:00.001-04:00</published><updated>2010-05-17T10:35:07.323-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Villoro'/><title type='text'>La economía del "feeling"</title><content type='html'>Por JUAN VILLORO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El histórico Barça de los seis títulos termina otra temporada ejemplar con sabor a triunfo de último minuto. Después de la épica mariscada del curso anterior disfrutamos de una excelente espuma de tortilla. La degustación se ha saciado mejor que el apetito. Y es que el culé no deja de tener hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una revolución se ha producido en su ánimo, es decir, en su estómago. Del victimismo elegante se ha pasado a la bulimia del éxito. Un equipo devorador de trofeos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piqué, nuevo referente de los excesos emotivos blaugranas, lanzó un desafío de gladiador a los legionarios del Inter: «Durante 90 minutos odiarán ser futbolistas». Motivado por su propia afrenta, dio el mejor partido de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La declaración del central fue una salida de tono en una escuadra con suficiente seguridad en sí misma para permitirse dislates motivacionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guardiola ha traído una mentalidad tan decisiva como el voraz control del balón. Los investigadores de la «inteligencia emocional» tienen en el Barça su mejor laboratorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del clásico contra el Madrid viajé a la capital española. El domingo por la noche cené en una tasca. En la mesa de al lado, tres elocuentes señoras de la capital hablaban de fútbol. Un hombre de cabellos plateados las oía con apatía. «¿Es que a ti no te interesa el fútbol?», le preguntaron. «La verdad, soy del que juega bien», contestó el hombre. «¡Entonces eres del Barça!», informaron las tres madrileñas. La conversación refleja un cambio de costumbres tan importante como la invención del tendedor. El equipo de Guardiola ha despertado las simpatías de personas que veían al fútbol como el sudoroso oficio de patear y ahora lo consideran una rauda variante de las artes escénicas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los méritos del equipo se engrandecieron por un esforzadísimo Real Madrid, acicateado por el tintineo de la bolsa de oro de Florentino Pérez. Sin embargo, en la temporada 2009-2010 el huracán merengue podría haber metido mil goles sin llegar al campeonato, reservado para los que consideran que el marcador consigna la belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este momento de cava y gratificante espuma, conviene repasar las zozobras del equipo. Después de anotar contra el Manchester en la final de la Champions, Etoo hizo un gesto extraño. Corrió hasta el banderín de córner y pareció aislarse del mundo: tenía la cara de quien está en ninguna parte. Había dejado de pertenecer al Barça. Guardiola decidió sustituirlo por Ibrahimovic en un lance que aún debe ser justificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La explicación del gambito se volvió famosa: Ibra costaba mucho más pero aportaría buen rollo en el vestuario. Reinventor de conceptos, Guardiola dijo que todo era cuestión de feeling. A partir de ese momento, el feeling se convirtió en sinónimo de la teoría de la relatividad, la explicación del magnetismo y la clave para la redacción final del Estatut.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con este fichaje, el técnico del buen gusto buscaba otra cucharada de arte. Por momentos, el resultado fue un empacho. Ibra es un raro talento, un fantasista (como se llama en Italia al solitario creador del juego) que no actúa en medio campo sino en la zona de definición. No es casual que haya encandilado en Milán: un centro delantero con escuela de volante, un Pirlo adelantado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque su ofició está probado, puede sobrar en un equipo que construye las jugadas al modo de un tapiz y en el punto final necesita el rústico arte de cortar el hilo. Higuaín saldrá del fútbol sin que sepamos qué tan bueno fue. Su simple definición de las jugadas hace que su abultada estadística no compruebe su talento. El sofisticado Barça necesita a un inventor de sencilleces. Es el hueco que dejó el furibundo Etoo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las concentraciones y los traslados del Barça han ganado en feeling y la aparición de Pedro confirmó que la entidad es el mayor modelo educativo del fútbol mundial. El futuro blaugrana dependerá de combinar su estilo irrenunciable con la virtud de simplificarlo en los momentos clave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las contiendas contra el Inter comenzaron de manera inmejorable: 0-1 en el partido de ida, un hombre de más en el de vuelta. Una dosis de realismo o –usemos la horrenda expresión– de cochina vulgaridad, habrían cambiado el desenlace. El vendaval del Inter sorprendió al Barça en Milán. Después del gol de Pedro, se antojaba un escudo en media cancha, similar al que triunfó en el Bernabéu. Si Ibra hubiera dejado su sitio a Touré, habría habido no sólo más control del juego sino más opciones del gol (el pivote fantasista no estaba para eso). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Especular a toro pasado es fácil y quizá me equivoque. Lo cierto es que al hipertécnico Barça se le dificulta abrir cajas fuertes: ante una defensa numantina, no basta con una asedio digno del Cirque du Soleil. Hace falta dinamita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Barça puede sobreponerse a las lesiones de Iniesta con el talento de Cesc y encontrar explosividad en los pies de Villa. Si estas contrataciones se confirman, los resultados serán tan espléndidos como el feeling, ese incalculable valor con el que Guardiola ha ratificado que dirige más que un club.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El Periódico&lt;/em&gt; de Catalunya (17.05.2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-6412499032747232238?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/6412499032747232238/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=6412499032747232238' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/6412499032747232238'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/6412499032747232238'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/05/la-economia-del-feeling.html' title='La economía del &quot;feeling&quot;'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-2902127125561268596</id><published>2010-05-17T10:29:00.001-04:00</published><updated>2010-05-22T14:15:07.158-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sergio Xavier'/><title type='text'>El sexo contra el amor</title><content type='html'>Por SERGIO XAVIER&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya se convirtió en una tradición. Placar cumplió 40 años y en los 10 últimos hacemos una guía de las Ligas europeas. En cada una de ellas nos arriesgamos a anticipar el campeón de cada país. Oímos a 11 periodistas europeos y suramericanos que eligen a los vencedores de la Champions y de las Ligas en Alemania, Inglaterra, Francia, Portugal, Italia y ... España. El resultado de nuestro sondeo fue curioso. Ocho votos para el Madrid, dos para el Barça y uno para el Chelsea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es evidente que nuestra selección fue contaminada por el dinero. No es que hubiéramos recibido algún euro para votar a éste o a aquél. La fortuna desparramada en el Santiago Bernabéu influenció demasiado la votación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kaka, Cristiano Ronaldo y Benzema son nombres convincentes. Nuestros votantes quedaron esta vez impresionados con la variedad de las compras madridistas. En otros años, los dirigentes blancos entraban en el supermercado mundial del fútbol y se quedaban solo en la sección de golosinas. Gastaban todo con los delanteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez, no. El Real invirtió en otros sectores del campo, compró volantes como Xabi Alonso, defensas como Albiol. Por todo ello, el Real Madrid de Florentino se convirtió en favorito en la guía de Placar. Y, al final, no levantó ninguna copa. No consiguió la Champions, tampoco la Copa ni la Liga española, básicamente porque el Barça de Guardiola no le dejó. Podremos invocar a Messi en esta discusión. Decir que el argentino es especialísimo y que, por ser de otro planeta, cuenta con superpoderes, y que desequilibró el campeonato. El argumento es correcto. Messi no solo demostró un talento espectacular sino que no dejó de dar aliento a su Barça. El argentino lo tiene todo para ser un cai-cai (esos jugadores que se caen a menudo y están más en el suelo que de pie). Lo tiene todo. Es pequeño, rápido, vive al límite bordeando rivales, con encuentros constantes sin espacios para desarrollar su magia. Pero él siempre halla el camino correcto, entre esquinas y bordes peligrosos, para marcar la diferencia con goles tan bellos que parecen imposibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Messi no busca el penalti o la faltinha ni tampoco está preocupado en sacarle tarjetas a los defensas rivales. Los árbitros percibieron eso y solo pasan a indicar las faltas verdaderas. Saben que cuando Messi se cae es porque lo han tirado de verdad. Es falta incuestionable. Así, el argentino se agiganta y entra en la historia del fútbol. El Barcelona fue campeón español mucho en función de lo que dio Messi, sí, pero no fue solo eso. El Real no solo fue subyugado por el rival en función de un talento individual. Tuvimos un combate de un equipo de plástico, hecho en un laboratorio, contra un equipo de fútbol auténtico. El Real tenía un caro y bonito proyecto. El Barça era verdadero. El Real, como un rascacielos de Dubái, intentó ser levantado en una semana con las mejores construcciones prefabricadas. El Barça fue construido ladrillo a ladrillo, pacientemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valdés, Iniesta, Puyol, Xavi, Messi, Piqué, Busquets, Pedro y Bojan son el alma de un equipo construido sin prisa a lo largo de los años. Otros jugadores, como Ibra y Dani Alves, se sumaron a esa base, dando más valor. Pero ya existía una idea de fútbol. Fue esa filosofía la que dejó atrás al Madrid, hecho con el atropello del mundo moderno, donde se cree que vale todo. Si nos arriesgamos en una metáfora con las relaciones personales, el Madrid sería el sexo. Y el Barça, sin duda, el amor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario El Periódico de Catalunya (17.05.2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-2902127125561268596?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/2902127125561268596/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=2902127125561268596' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2902127125561268596'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2902127125561268596'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/05/el-sexo-contra-el-amor.html' title='El sexo contra el amor'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-6104003860537968786</id><published>2010-05-17T10:28:00.000-04:00</published><updated>2010-05-17T10:28:13.420-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='David Trueba'/><title type='text'>La blasfemia</title><content type='html'>Por DAVID TRUEBA &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondería a una cierta poética que el último gol que marcara Raúl en la Liga fuera el de La Romareda. Ese día se lesionó y terminó para él la temporada. Temporada agridulce porque, después de años de esplendor en la hierba, el jugador ha asumido el banquillo sin ruido ni furia. La Romareda es el estadio donde en 1994 Valdano lo hizo debutar a los 17 años y jugó su primer partido con un descaro rotundo. Ese último gol Raúl lo marcó cojo, pidiendo el cambio. Mientras el sustituto se quitaba el chándal, a Raúl le dio tiempo a marcar, a dar la última pedalada como esos ciclistas que llegan extenuados a la meta en alto. Pero llegan. Él también es abismal y agónico. Que Raúl marque ese gol cojo es un símbolo perfecto, una salida ideal. Le ha faltado sólo marcar un gol desde el banquillo, en un rebote afortunado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque ahora viene la blasfemia. En cierta manera, Raúl ha sido siempre un jugador del Madrid pero con materiales del Atlético. Puede que su periodo formativo y su salida de la cantera del club rojiblanco no tengan ninguna relevancia en su carrera. Pero hay detalles que sorprenden. El Real Madrid es un equipo de jugadores estilistas o de un rotundo populismo mediático. Los del Atlético son conocidos por sus nombres de pila, Luis, Manolo, Santi, con una familiaridad que uno reserva para el fontanero o el camarero del bar. En cambio, los del Madrid siempre han tenido la deferencia del apellido: Martín Vázquez, Butragueño, Sanchis, García Remón. A unos se les trataba de tú y a otros casi de don. Hasta que llega Raúl y se arremanga, en nombre de pila, y se pone a remar y gana ligas y trofeos aportando cierta precariedad de juego, pero arrobas de épica, resistencia y oportunismo. Vamos, a la manera clásica del Atlético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a la irrupción de los galácticos, Raúl siempre ha tenido un tono casero. ¿De qué galaxia iba a ser un tipo de la colonia Marconi de Villaverde? Algunos de sus compañeros cambiaron más veces de peinado en un mes que él en los 16 años de competición. Porque quizá el detalle más heroico del máximo goleador en activo de la Liga es que su aspecto ha sido siempre el mismo, para irritación de enemigos y cierto hastío de fans. Lo irrepetible de sus números le ha ido concediendo un poso mítico que le negaban las fotografías. En la era de la imagen y la inmediatez, Raúl ha sido un icono trabajado, un metalúrgico del fútbol. El madridismo se ha beneficiado siempre de esos jugadores. El mismo Di Stéfano es recordado como un señor que lo hacía todo bien, con una entrega agotadora, al contrario de otros ídolos que eran más de jugar por la sombra, al paso, con zapato de gala más que bota de tacos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá de esta Liga tan reñida en puntos, pero tan rendida al juego del Barcelona, si a Raúl le da por dejar el Madrid, no lo duden, este campeonato será recordado por ser el último que él jugó. Si se marchase, facilitaría la labor a los que quieren jubilarlo, porque Raúl puede meter goles desde la cola del Imserso y con la cachava. En la Liga italiana o la inglesa, que nadie espere un paseo de aprendizaje, seguro que se faja con los defensas con esa especie de buena educación terca. La blasfemia poética sería que jugara las dos últimas temporadas en el Atlético, con ese equipo al que le ha descerrajado goles desde todas las posturas, incluido el primero en la Liga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl ha tenido goles feos y celebraciones peores. Lo de besar el anillo, señalarse el dorsal y torear a capotazos en las grandes ocasiones pertenece a su negación para controlar la simbología contemporánea. Es un hombre de otra época, que asimila el triunfo a cierta categoría artificiosa reñida con su austeridad. Con un punto de pupas, porque entre éxitos siempre le perseguirán algunos malditos fallos, la frustración en esa selección nacional que acabó jugando mejor sin él, el alma dolorida tan del Atlético parecía palpitar tras la coraza del mejor madridista de las últimas décadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su juventud restallante, llegó la persecución mediática, las dificultades para ser un chico normal y esa rueda de prensa tras cazarlo a deshoras en las discotecas. Allí asumió públicamente una responsabilidad desmesurada, una desconfianza en el entorno del fútbol brutal, y seguramente limitó su espontaneidad y su apuesta por la felicidad pública frente al rigor, la discreción y en ocasiones la grisura. Una lástima provocada por otros, pero demasiado asumida por él mismo como peaje de madurez. Sólo a instantes baja la mirada, asoma unos ojos burlones e impone una ironía soterrada como los sombreros que hacía a los porteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos los jugadores insignia, ha disfrutado y sufrido el poder. Pero nada ensombrece su currículo, una lista de victorias que, cuando se presenten en la nómina de la historia, sonrojarán a los odiadores profesionales. Al fin y al cabo, la mayor blasfemia de todas es fantasear con lo que Raúl pueda decidir en este final de temporada. Es patrón de sí mismo. Pero que nadie dude de que el gol cojo en La Romareda, como el cabezazo de Zidane a Materazzi, tiene una altura mítica, simbólica y eterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario El País de España (17.05.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-6104003860537968786?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/6104003860537968786/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=6104003860537968786' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/6104003860537968786'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/6104003860537968786'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/05/la-blasfemia.html' title='La blasfemia'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-134704356754227250</id><published>2010-05-15T23:19:00.000-04:00</published><updated>2010-05-15T23:19:13.600-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='John Carlin'/><title type='text'>La mejor Liga del mundo</title><content type='html'>Por JOHN CARLIN &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "Acabaremos en el cuarto lugar, no os preocupéis". Rafa Benítez, entrenador del Liverpool, que acabó séptimo en la Premier League.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menos mal que tenemos el Mundial para hacernos más leve la travesía del desierto veraniego. Nos entretendrá un rato y a partir del 11 de julio podremos ponernos de nuevo con cuestiones de máxima seriedad, como los fichajes de la temporada que viene. Pero antes reflexionemos un poco sobre el curso que acaba de terminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el fútbol, la memoria es corta. Acaba un partido y a los cinco minutos ya estamos pensando en el siguiente. Hagamos un esfuerzo y miremos atrás. Más allá de quién ganó qué Liga o qué Copa, recordemos otros importantes episodios antes de que los devore la amnesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un mundo tan ferozmente competitivo, con tanta pasión tribal y tanto dinero en juego, es notable el altruismo de Rafa Benítez, que, sin parpadear, vendió al Madrid a Xabi Alonso, cuya ausencia fue la principal causa de la catastrófica campaña que ha hecho el equipo que entrena, el Liverpool. Magnífico, pero nada que ver con la generosidad del Barcelona, que regaló a Eto'o -sí, gratis, más otro regalo de 45 millones de euros por el suplente de Bojan, Ibrahimovic- al Inter, el equipo que acabaría eliminándolo de la Liga de Campeones. La madre Teresa de Calcuta lo habría celebrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No olvidemos tampoco lo que los comentaristas de La Sexta se pasaron toda la temporada recordándonos, que la española es "la mejor Liga del mundo". Sería interesante saber si los de la televisión escocesa dicen lo mismo de la suya, ya que su campeonato también se lo reparten siempre los dos mismos equipos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque, para ser justos, hay que reconocer que la Liga española tiene una ventaja sobre la escocesa: 18 puntos separan al segundo clasificado del tercero en Escocia; en España nos podemos vanagloriar de que la distancia es de 27 puntos. Eso es lo importante en una gran Liga: que, incluso antes del comienzo de la temporada, el suspense sea una cuestión de dos, como en el tenis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El premio a la decepción más grande se lo podríamos haber dado al Atlético, que acabó la temporada con menos de la mitad de puntos que el Madrid o el Barça, si no fuera por el glorioso hecho de haber ganado la Copa Intertoto -perdón, la Liga Europa- contra el Fulham, que sólo perdió 16 de sus partidos en la Premier.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso el Atleti no puede competir con Robinho, que llegó a España en 2005 coronado de antemano como el mejor jugador del mundo, el heredero -por fin- de Pelé, y acabó fracasando cinco años más tarde en el Manchester City, club que se lo cedió, feliz, al Santos, en el que había empezado el sueño. Igual, claro, Robinho nos sorprende en el Mundial y, junto a otro cuyo pésimo juego también nos llamó la atención esta temporada, Kaká, gana el trofeo para Brasil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ilusión nunca muere en el fútbol y una prueba de ello nos la ha dado el Portsmouth, último clasificado de la Liga inglesa, con 24 derrotas en 38 partidos, que, increíblemente, llegó ayer a la final de la Copa, el torneo de fútbol más antiguo, contra el todopoderoso todoterreno Chelsea. Perdió, pero, si no hubiera fallado un penalti en el segundo tiempo que le habría colocado 1-0, podría haber pasado cualquier cosa. Una pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como también es una pena que varios jugadores a los que nos habría gustado ver en el Mundial no van a estar por los caprichos de sus seleccionadores. El Daily Mail de Londres se inventó ayer un equipo de descartados que podría haber dado guerra a cualquiera de los favoritos para alzar la Copa del Mundo. Una defensa con Zanetti y Gaby Milito (la sorpresa es que Maradona no haya excluido a Messi), un centro del campo con Cambiasso, Marcelo y Totti; un ataque con Benzema, Pato y Ronaldinho. Pues no lo habrían hecho nada mal. Otra pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero basta de nostalgia. Miremos al futuro, a los fichajes que vienen. Kaká e Ibrahimovic, al Portsmouth -o, si tienen suerte, al Atleti o el Fulham-; Rooney y Ribéry, al Madrid, y Villa y Cesc, al Barça, para que el modelo escocés -eso sí, con una pizca más de salero- se siga imponiendo en la mejor Liga del mundo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt; de España (16.05.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-134704356754227250?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/134704356754227250/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=134704356754227250' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/134704356754227250'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/134704356754227250'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/05/la-mejor-liga-del-mundo.html' title='La mejor Liga del mundo'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-7832901533571132175</id><published>2010-04-29T22:07:00.000-04:00</published><updated>2010-04-29T22:07:30.850-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ramón Besa'/><title type='text'>La mejor victoria de Guardiola</title><content type='html'>Por RAMON BESA &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al Barça le costará digerir la eliminación de la Copa de Europa porque el Inter es el equipo de Mourinho, ex traductor del club, como remarca el técnico, y porque no podrá defender el título en Madrid, meta que ha actuado como motor del barcelonismo durante la temporada. Quizá porque el año pasado ganó los seis títulos en juego, últimamente al Barça le han ocupado las cuestiones particulares, especialmente los duelos con el Madrid y la final de Chamartín, sensación agrandada por la pugna mediática que a veces provoca reacciones desproporcionadas. A Guardiola se le escapó que "por la meseta entienden mucho de arbitrajes" y se ha armado la de Dios es Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A muchos aficionados azulgrana les incomoda a veces el discurso de su presidente. La mayoría, en cambio, se siente a gusto con su entrenador. La grandeza de Guardiola es que su obra trasciende lo cotidiano, incluso las semifinales de la Champions, y permite discutir sin dramatismo. Hablar sobre alineaciones y fichajes no supone dudar sobre el juego. Alrededor del més que un club, el Barça ha desarrollado un relato que encaja muy bien con su carta de naturaleza. Ahí está La Masia, Messi, Unicef y una forma de entender y jugar al fútbol única en el mundo, una manera que está por encima del peor de los resultados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una situación insólita si se atiende a la historia del Barça y a las consecuencias de sus derrotas en las semifinales de la Copa de Europa. Helenio Herrera salió por piernas más que a hombros después de haber perdido con el Madrid (1959-60), Johan Cruyff quedó marcado como jugador por el Leeds el día de Sant Jordi (1973-74), a Van Gaal se lo rifó el Piojo López en la eliminatoria contra el Valencia (1999-00), Rexach levantó la bandera blanca en el Camp Nou con el Madrid (2001-02) y Rijkaard se ensimismó en Old Trafford (2007-08). La eliminación con el Inter ha dejado mal parado a Ibrahimovic -hay seguidores históricos que comparan el descarte de Eto'o con el de Sotil por Neeskens- y evoca los tiempos de HH y Suárez cuando dejaron Barcelona por Milán. A ningún precandidato electoral se le ha ocurrido en cambio apostar por variar la filosofía futbolística que tan bien ha definido y desarrollado Guardiola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El salto de calidad ha sido tan espectacular que el Barça es víctima del propio Barça. Los seguidores no quieren que su equipo se parezca al Inter, sino que aguardan al regate de Messi, al pase de Xavi, al arrebato de Piqué, al requiebro de Pedro, a la sutileza de Iniesta. El miércoles no estaba Iniesta ni más jugadores que marcaran la diferencia o se sumaran a la rebeldía de Piqué, circunstancia que seguramente abunda en la necesidad de acudir al mercado y no aguardar a que la cantera resuelva también los problemas estructurales y decida el partido del año. Puede que el plantel se haya quedado corto, los jugadores estén agotados y el viento a favor que propició los goles de Stamford Bridge, Mónaco y Abu Dabi sople ahora en contra en partidos como el del Inter. Los detalles son a veces decisivos en el fútbol. La dirección, sin embargo, tiene que ser inequívoca para la viabilidad del plan, y la del Barça está tan bien subrayada que el barcelonismo no debería alimentarse con el odio al Madrid o a Mourinho sino con el sentido de pertenencia a un equipo que está justamente en el lugar que le corresponde: disputando todos los títulos hasta el último momento y con posibilidades de ganarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País &lt;/em&gt;de España (30/04/2010).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-7832901533571132175?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/7832901533571132175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=7832901533571132175' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/7832901533571132175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/7832901533571132175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/04/la-mejor-victoria-de-guardiola.html' title='La mejor victoria de Guardiola'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-3277305282906353636</id><published>2010-04-24T23:25:00.000-04:00</published><updated>2010-04-24T23:25:39.360-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='John Carlin'/><title type='text'>El mundo es de los resentidos</title><content type='html'>Por JOHN CARLIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "El genio es un 1% de inspiración y un 99% de sudor". Thomas Edison, que patentó más de 1.000 inventos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede que Edison exagerara. O que no estaba pensando en el fútbol cuando soltó su célebre frase. Pero es verdad que el elemento decisivo en el éxito del Barcelona la temporada pasada, como en el éxito arrollador del Manchester United en Inglaterra durante las últimas dos décadas, han sido las ganas, más que el genio. La receta mágica consiste en combinar las dos cosas. Pero si uno tiene más deseo de triunfar que el rival, el factor genio se anula, o su peso disminuye.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto es muy obvio pero es útil recordarlo a estas alturas de la temporada, cuando las cosas se empiezan a poner en su sitio, porque sirve de explicación para gran parte de lo que ha pasado y está pasando. Nos explica, por ejemplo, cómo fue posible que el Alcorcón eliminara al Real Madrid multimillonario de la Copa del Rey; que el Espanyol casi ganara al Barcelona el fin de semana pasado; que un equipo falto de talento (salvo Rooney y el veterano Scholes) como el Manchester United siga compitiendo por la Liga inglesa; que el Inter de Milán, equipo de viejos soldados, venciera de manera contundente en la Champions League al Barça de Xavi y Messi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De dónde salen esas ganas, y la fe ciega que generan? La figura del entrenador es importante. A veces la gente se pregunta para qué sirve un entrenador, o qué es lo que define a uno bueno. Pues eso, la capacidad de motivar. Un entrenador puede tener una capacidad intelectual enorme para entender las teclas del juego, pero si no sabe inspirar a sus jugadores no sirve para nada. Si Alex Ferguson, el entrenador del Manchester, se sentara en una clase en la que Pep Guardiola ejerciera de profesor de táctica futbolística, estaría tan perdido como el niño en la clase de matemáticas que nunca entendió los principios básicos de sumar y restar. Pero ese 99% de sudor, que es la consecuencia del hambre de triunfar, Ferguson lo posee a tope. Por eso es capaz de convertir a jugadores mediocres como Darren Fletcher, Michael Carrick, John O'Shea y Ji-Sung Park en campeones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Inter de Milán tampoco está exactamente repleto de jugadores brillantes. ¿Cómo es, entonces, que ganó merecidamente 3 a 1 al SúperBarça en lo que fue para ambos el partido más importante de la temporada? En parte, quizá, porque su entrenador, José Mourinho, organizó mejor a los suyos, pero ante todo porque el Inter tuvo más deseo de ganar. ¿Por qué? Porque Mourinho jugaba con ventaja. Tuvo la suerte de tener en sus filas a un grupo de jugadores la mitad de los cuales entraron al campo armados con el motor motivador más potente que conoce la humanidad, el resentimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres de los jugadores del Inter fueron descartados por el Real Madrid (Walter Samuel, Esteban Cambiasso y Wesley Sneijder) y dos (Samuel Eto'o y Thiago Motta) los descartó el propio Barça. A esto se suma el resentimiento de la hinchada del Inter, que rugió como nunca el martes en San Siro, consciente de que se le presentaba por fin la posibilidad de curar una vieja herida, de ganar por primera vez la Copa de Europa desde 1965, período en el que el Milan, su odiado vecino, la ha alzado seis veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá el fondo de la cuestión, y el probable secreto del extraordinario éxito que Mourinho ha logrado en tres clubes, en tres países, en ocho años, sea que el portugués tiene toda la pinta de ser por naturaleza un resentido, peleado con el mundo, como lo es, manifiestamente, Alex Ferguson. Guardiola, en cambio, parece que no. La suerte es que en este preciso momento, tras la peor derrota de su mandato, sí lo es. Como también lo son sus jugadores. Se les cuestiona que por primera vez en mucho tiempo, tienen el orgullo dolido y en el partido de vuelta del miércoles les poseerá un deseo desesperado de reivindicarse frente al mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si resulta que la satisfacción de la victoria calmó un poco la acomplejada ansiedad de los jugadores del Inter, si los que salen al campo con la dosis de resentimiento más alta son los del Barça, sin excluir a los genios Messi y Xavi, suyo será el triunfo en la batalla del Camp Nou.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País &lt;/em&gt;de España (25.04.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-3277305282906353636?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/3277305282906353636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=3277305282906353636' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3277305282906353636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3277305282906353636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/04/el-mundo-es-de-los-resentidos.html' title='El mundo es de los resentidos'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-1568597715530812079</id><published>2010-04-18T13:27:00.000-04:00</published><updated>2010-04-18T13:27:45.888-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='John Carlin'/><title type='text'>Wayne Rooney y la plaga blanca</title><content type='html'>Por JOHN CARLIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "Somos la primera raza del mundo y cuantos más lugares del mundo habitemos mejor para la raza humana". Cecil Rhodes, imperialista británico del siglo XIX&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los años 1600 y 1950, 20 millones de personas abandonaron las islas Británicas y empezaron vidas nuevas en lo que, en su día, fue el imperio más grande de todos los tiempos. Según cuenta el historiador Niall Ferguson en su libro Empire, ningún otro país ha exportado, ni de cerca, más seres humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué será, entonces, que les cuesta tanto a los jugadores de fútbol británicos adaptarse al estilo de vida de otros países? Hemos visto la facilidad con que italianos, franceses, holandeses, portugueses e incluso españoles han dado el salto a la cultura y a la sociedad británica, pero los campeones mundiales de la emigración sufren hoy cuando cambian de tierra. Ha habido excepciones, como Steve McManaman, que fue feliz en Madrid, y David Beckham, que también, aunque no tanto su esposa, Victoria, cuya repugnancia por "la comida grasienta" española la llevó de vuelta a casa y a su marido a los brazos de otra. Pero por cada dos que se han adaptado ha habido 10 que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más típico es el caso del gran goleador del Liverpool, Ian Rush, que, tras su fracaso en la Juventus, ofreció la memorable explicación siguiente: "Era como vivir en un país extranjero". O el de Luther Blisset, cuyo principal drama durante el año triste que vivió en el Milan fue, como él mismo confesó, la imposibilidad de conseguir en Italia su desayuno favorito, los rice krispies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parte de la explicación de este aparente misterio debe de residir en el hecho de que, a diferencia de los imperialistas españoles o los portugueses, los británicos salieron a conquistar tierras lejanas acompañados de sus mujeres. No sólo no tenían relaciones amorosas con las indígenas (México y Brasil son países en los que reina el mestizaje; en India, no) sino que implantaban su cultura, creaban pequeñas sociedades británicas, en las colonias. Vemos lo mismo hoy en día con los turistas en España. Vienen millones, pero para la mayoría la idea de pasarlo bien se centra en recrear las condiciones de su país -fish and chips, grotescas borracheras, lecturas del tabloide The Sun- bajo el sol mediterráneo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia de los italianos, en particular, y de los holandeses también, los británicos, con pocas excepciones, nunca tuvieron ni la cortesía, ni la audacia ni el deseo de asimilar el concepto de saber estar. Creer que Wayne Rooney sería capaz de hacerlo en España es una locura o, como mínimo, una idea altamente arriesgada, ya que esta semana se ha estado hablando con insistencia en la prensa deportiva de la posibilidad de que el jugador del Manchester United fiche en el verano (se ha llegado a hablar de un precio de 150 millones de euros) por el Real Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rooney, por si los seguidores y los dirigentes del Madrid no lo han pillado, corresponde en un ciento por ciento, o más si fuera posible, al estereotipo del turista del que estamos hablando. Abandonado a sus propios impulsos, es el clásico que en la madrugada ibicenca aparece inconsciente en la playa vestido de prostituta o de monja tras pasar la noche bebiendo cantidades industriales de tequila y cerveza, exhibiendo el culo en las calles del casco histórico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La solución, si el Madrid se empeña en ficharle, podría pasar por hacer algo parecido a lo que hizo el Barcelona con Leo Messi o hicieron los conquistadores británicos de antaño. Traer a Rooney con toda su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro, lo que quedaría por ver sería si la ciudad de Madrid estaría preparada para semejante invasión vandálica. En la fiesta que Rooney, de aspecto más de boxeador que de futbolista, y su esposa, Colleen, dieron unos años atrás para celebrar su compromiso de bodas, los padres y los tíos de él, hombres y mujeres, acabaron a palos en el suelo del local. La policía tuvo que acudir a imponer orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Niall Ferguson escribe en su libro que gran parte de los habitantes africanos o indios en tiempos del Imperio Británico veían a los colonos de las islas como una temible plaga blanca. Pues eso. Ojo con Rooney. Es un grandísimo jugador, por supuesto. Pero, en el caso de que acabase en Madrid, esa frase, plaga blanca, podría llegar a adquirir nuevas y no menos alarmantes connotaciones.&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;publicado en el diario &lt;em&gt;El País &lt;/em&gt;de España el 18.04.2010.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-1568597715530812079?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/1568597715530812079/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=1568597715530812079' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/1568597715530812079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/1568597715530812079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/04/wayne-rooney-y-la-plaga-blanca.html' title='Wayne Rooney y la plaga blanca'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-2911678393746906199</id><published>2010-04-03T22:59:00.000-03:00</published><updated>2010-04-03T22:59:33.559-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='John Carlin'/><title type='text'>Messi y Maradona en el diván</title><content type='html'>Por JOHN CARLIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "A ver si es verdad que va a ser mejor que yo". Un no del todo feliz Diego Maradona, a un compañero, tras un gol de Messi contra Francia en febrero de 2009.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Opinando sobre la brillantez sin adjetivos de Leo Messi el otro día, un bloguero inglés ofreció la siguiente reflexión: que la única fuerza en el universo capaz de parar al argentino era su compatriota, y seleccionador, Diego Maradona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el campo nadie está a la altura porque el secreto consiste no en pararlo con los pies, sino con la cabeza. Hay que penetrar el cerebro de Messi e influir en su estado de ánimo con el propósito de diluir su altísima dosis del elixir de la vida, la confianza. El objetivo es inhibirle, hacerle dudar de sí mismo en aquellos momentos decisivos que en un partido marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre el regate certero y la pérdida del balón, entre el gol y el acierto del portero. Estamos hablando de microsegundos en los que, con la mente despejada, Leo es Leo y lo imposible se vuelve realidad. Con la mente contaminada, en cambio, incluso lo posible se le complica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y éste es precisamente el impacto que Maradona tiene sobre Messi. Maravillosamente perverso, se podría decir, ya que el éxito del dios argentino como seleccionador en el Mundial de Suráfrica dependerá de la capacidad de Messi de jugar a su más alto nivel. Un Messi liberado y feliz es capaz de llevar a Argentina a la conquista de la Copa del Mundo, como hizo Maradona el jugador en 1986. Pero, como los argentinos no dejan de lamentarse, cuando Messi cambia la camiseta blaugrana del Barcelona por la albiceleste de su selección se convierte en un ser triste, flojo, enjaulado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema no es el color de la camiseta; la kriptonita del supermán es Maradona. ¿Será consciente Maradona del impacto destructivo que está teniendo sobre Messi, y sobre sí mismo como seleccionador? Con toda seguridad, no. Maradona es muchas cosas pero nadie jamás le ha acusado de ser un Sócrates de la reflexión. Entonces, no nos queda más remedio que recurrir al resorte favorito de la clase media argentina, el psicoanálisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mensaje que el inconsciente le transmite a Diego va a algo así: soy Dios en mi tierra porque gané el Mundial de 1986 y me convertí para mis compatriotas -y para buena parte de la humanidad- en el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Mi condición de Dios depende de que mantenga ese estatus, de que no me quiten del pedestal, o de que no aparezca otro -un hijo mío, o sea de Dios- digno de compartir el panteón conmigo, o incluso de destronarme. Si dejo de ser considerado como el mejor, como el argentino más admirado de la historia, dejo de ser yo. Porque yo no soy yo, sino una noción fabricada en la mente de los argentinos que yo también me he creído. Con lo cual, si dejo de ser el único y verdadero Dios, pierdo mi identidad. Ya no sabré quién soy. Porque no hay nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El destino de Argentina en el Mundial dependerá de si Maradona es capaz de imponer la razón a las poderosas fuerzas que emanan de su inconsciente, tarea que es muy difícil, aún para gente normal. La razón, en este caso, consiste en hacer lo humano y lo divino para que Messi se sienta tan bien jugando para su selección como cuando juega para el Barcelona; en dejar de hacer lo que Maradona ha estado haciendo, que es minar su confianza transmitiéndole mensajes ambiguos, declarando un día que es un chupón, otro que todo depende de él. Que se fije en Pep Guardiola, el entrenador del Barça, que mima a Messi en privado, seguro, y en público no deja a) de elogiarle; b) de recordar que el peso de los resultados recae en todo el equipo, no sólo en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta, entonces, es, ¿cuántas ganas tiene Maradona realmente de ganar un Mundial como seleccionador? El desafío consiste en anteponer los intereses de la patria al ego que la patria tanto ha hinchado. Muy difícil, repetimos. Pero con el Diego, que ha frenado (se supone) su pasión por la cocaína e incluso ha vuelto del lecho de la muerte, nunca se sabe. Maradona tiene que obrar otro milagro: se tiene que vencer a sí mismo para que Messi sea invencible, en todos los colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt; de España (03.04.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-2911678393746906199?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/2911678393746906199/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=2911678393746906199' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2911678393746906199'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2911678393746906199'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/04/messi-y-maradona-en-el-divan.html' title='Messi y Maradona en el diván'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-3029539450072213184</id><published>2010-03-28T12:52:00.000-03:00</published><updated>2010-03-28T12:52:26.576-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='John Carlin'/><title type='text'>Guardiola, Wenger y el complejo de Edipo</title><content type='html'>Por JOHN CARLIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "La prioridad de Wenger no es ganar trofeos; es el estilo de juego". George Graham, ex entrenador del Arsenal, sobre el actual entrenador del equipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Barcelona-Arsenal, en cuartos de final de la Champions, será un enfrentamiento entre padre e hijo. Con la curiosidad de que, en este caso, el hijo llevará 21 años al padre. Porque el gran sueño de Arsène Wenger, que dirige el Arsenal desde 1996, es que el equipo que él ha hecho a su imagen crezca, madure y llegue a jugar algún día como el Barcelona de su admirado Pep Guardiola, un jovenzuelo que lleva apenas 18 meses ejerciendo de entrenador en las grandes divisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se cansa Wenger de echar piropos al Barça ("su fútbol es arte") y de recurrir al modelo de Guardiola cuando se le critica por insistir en jugar buen fútbol, incluso (o especialmente) cuando los resultados parecen exigir que debería revertirse a métodos menos románticos. La obstinación ha tenido su recompensa. El Arsenal pelea por ganar la Liga inglesa y no está mal encaminado para llevarse también la Champions desplegando el fútbol que más se aproxima en Europa al juego sinfónico del club catalán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea de la rivalidad padre-hijo se puede extender a los propios jugadores, concretamente a Xavi, el director de orquesta del Barça, y a su posible delfín, el también catalán Cesc Fábregas, capitán del Arsenal ("general", dicen muchos) con sólo 22 años. Wenger robó a Fábregas de la cantera del Barcelona en 2003, pero uno de los rumores más insistentes de la temporada ha sido que este próximo verano el jugador volverá a casa. La cuestión para Guardiola (cuya asignatura pendiente es aprender a fichar bien) es si los dos serán capaces de jugar en el mismo once sin estorbarse, ya que a Xavi, que tiene 30 años, todavía le quedan al menos un par de temporadas al máximo nivel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma pregunta se la hará Vicente del Bosque. En Inglaterra, donde Fábregas es considerado con unanimidad como uno de los cinco mejores jugadores de la Liga, no se pueden creer que el gran luchador, creador y goleador del Arsenal no sea titular automáticamente en la selección española. En España, en cambio, es una herejía proponer que Fábregas juegue si es en lugar de Xavi. Pero, en el caso de que Fábregas le gane el duelo en los dos partidos de la Champions [la ida es el miércoles en Londres], en el caso de que el Arsenal emerja victorioso y su capitán vuelva una vez más a hacer lo que hace mejor que Xavi, marcar goles (le supera por 14-2 en la Liga esta temporada), podría aparecer la semilla de un debate hasta ahora inconcebible en el fútbol español.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso sí, será difícil que el pretendiente inglés venza al rey de Europa; que el hijo, como Edipo, mate al padre. Guardiola es, por lo menos, igual de hábil que Wenger en el gran arte del entrenador: sacar el máximo rendimiento a lo que tiene. Y, ya se sabe, jugador por jugador, Guardiola tiene más. Tanto en calidad como en experiencia. Esa diferencia de 21 años entre Wenger y Guardiola es más o menos la misma de la que hay entre la suma de las edades del mejor once de ambos equipos, con ventaja numérica en este caso para el Barça. La relativa veteranía puede resultar decisiva en un par de partidos de tan alta tensión, aunque no tanto como la presencia en el Barcelona del incomparable Leo Messi, que muchos periodistas y blogueros ingleses consideran (absurdamente) un jugador inferior al actual ídolo de las islas, Wayne Rooney.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pena es que uno de los dos equipos quedará eliminado, que ambos no aguantarán hasta la final. No todos los días uno puede ver enfrentados a dos clubes tan comprometidos con la idea de que el fútbol existe para dar placer a las multitudes. El partido será un manjar y un reproche al espíritu rudo y mecánico que predomina en el resto de los equipos que permanecen vivos en la máxima competición de clubes del mundo. Sólo un fanático es capaz de disfrutar del juego del Inter, del Manchester United, del Bayern de Múnich o del CSKA de Moscú o el de los dos equipos franceses, el Lyon y el Girondins de Burdeos. El fútbol del Barça y el Arsenal es de todos. Incluso, si lo quieren, de la dolida afición del Chelsea y del Real Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País &lt;/em&gt;de España (28.03.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-3029539450072213184?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/3029539450072213184/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=3029539450072213184' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3029539450072213184'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3029539450072213184'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/03/guardiola-wenger-y-el-complejo-de-edipo.html' title='Guardiola, Wenger y el complejo de Edipo'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-5931282677158927894</id><published>2010-02-21T15:28:00.001-03:00</published><updated>2010-02-21T16:22:48.126-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='John Carlin'/><title type='text'>Arsène 'Obama' Wenger</title><content type='html'>Por JOHN CARLIN &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "El fútbol no es cuestión de hacer bonitos pases o de posesión del balón. El buen fútbol consiste en ganar". Michael Ballack, del Chelsea, tras ganar 2-0 al Arsenal, hace dos semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Arsenal es como Barack Obama: bella retórica y grandes expectativas que no acaban de concretarse. Una delicia en los encuentros fáciles, o los que no son decisivos; pero decepcionante cuando se enfrenta a la dura realidad. Los grandes trofeos son para el equipo de Arsène Wenger lo que la reforma sanitaria y la resolución del drama de Oriente Medio para Obama: metas, a día de hoy, inalcanzables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ningún equipo de Inglaterra juega un fútbol más seductor que el Arsenal; ningún entrenador defiende ideales más admirables, o los expresa con más elocuencia, que Wenger. "Creo que cualquier cosa en la vida, si se hace realmente bien, se convierte en arte", declaró Wenger en el verano, haciendo campaña para la temporada actual. "Si lees un gran escritor, te toca profundamente y te ayuda a descubrir algo nuevo sobre la vida. El día a día de la vida es importante si lo transformas -o intentas transformarlo- en algo que se asemeje al arte. Y el fútbol es así".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obama no lo podría haber expresado mejor. Durante su candidatura electoral ofreció una visión idealista de cambio radical para crear un mundo mejor. Lo que no acabó de anticipar fue lo complicado que sería realizar sus sueños una vez que el juego comenzara de verdad. Y así ha sido la experiencia de Wenger esta temporada. El Chelsea y el Manchester United, primero y segundo en la Liga inglesa, son los enemigos que el Arsenal, tercero, tenía que superar para triunfar. Ambos le han ganado dos veces esta temporada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todos los casos el Arsenal ha tenido la mayor posesión del balón, ha enlazado las mejores jugadas, ha demostrado infinitamente más arte. Pero para el Chelsea y el Manchester, tanto como para el partido republicano estadounidense y el islamismo radical, el arte es un concepto irrelevante, por no decir desdeñable. La cuestión es vencer, sea como sea. Si los grandes valores humanos no sirven a la causa de la victoria, adiós. El pragmatismo es lo que guía a Alex Ferguson, el entrenador del Manchester, y a Carlo Ancelotti, el italiano que está al mando del Chelsea. Dejan que el Arsenal despliegue su &lt;em&gt;jogo bonito&lt;/em&gt;, que seduzca al espectador con su oratoria, pero ellos mantienen la cabeza fría, alerta a la debilidad. Su único objetivo es matar y cuando surge la oportunidad, matar es precisamente -despiadadamente- lo que hacen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la última derrota contra el Chelsea, hace dos semanas, Wenger, como es habitual, se quejó. (Es lo que hacen los aliados de Obama pero, hay que reconocerlo, no el mismo Obama, que siempre mantiene la elegancia). Acusó al rival de no jugar al fútbol y de utilizar "muchas trampas". Pues sí; así son las cosas. Los malos van por el mundo con ventaja competitiva y el Wenger de hoy, el que no ha ganado ningún trofeo en cinco años, no lo quiere reconocer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El antiguo Wenger, el que estuvo toda una temporada sin perder [la Liga del curso 2003-2004], era menos puro en su idealismo. Tenía a tipos malos en su equipo, o al menos tipos duros y fornidos, como su capitán Tony Adams, un central que no hubiera sabido como deletrear la palabra arte, pero era un veterano de guerra que daría la vida por frenar al enemigo. El actual Arsenal tiene al español Cesc Fábregas como capitán. Al joven Fábregas no le gana nadie en competitividad; en ese sentido es un digno sucesor de Adams. Y además juega con mucho arte. Pero lo que hace falta en el Arsenal es un par de &lt;em&gt;Adamses&lt;/em&gt;, tipos con experiencia cuya especialidad es recuperar el balón; no hacer jugar sino impedir que el rival juegue, que es a lo que se dedican más de la mitad de los jugadores del Chelsea y del Manchester United.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese puntito de maldad, o de cínico pragmatismo, es lo que le hace falta a Obama para lograr sus objetivos en el cruel mundo real. También a Wenger. Algo tendrán que sacrificar si quieren pasar a la historia no como quijotes admirables, como idealistas que rozaron el ridículo, sino como triunfadores que hicieron realidad los sueños que, en su momento, encandilaron al mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt; de España (21.02.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-5931282677158927894?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/5931282677158927894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=5931282677158927894' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/5931282677158927894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/5931282677158927894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/02/arsene-obama-wenger.html' title='Arsène &apos;Obama&apos; Wenger'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8389508870554587395</id><published>2010-02-16T12:01:00.001-03:00</published><updated>2010-02-21T16:23:03.270-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Andoni Zubizarreta'/><title type='text'>Humanos</title><content type='html'>Por ANDONI ZUBIZARRETA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, va a resultar que todos los superhéroes futboleros van a ser humanos, mortales, gente que se equivoca y falla. Vamos, como cualquiera de nosotros. Bueno, con una sustancial diferencia: sus errores los sabemos y conocemos todos; los nuestros, los de los ciudadanos anónimos, quedan en la intimidad de nuestro hogar, nuestra oficina, nuestro grupo de amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, va a resultar que el implacable FC Barcelona es de carne y hueso. Si quieren una muestra definitiva, observen la cara de Keita cuando se levanta del suelo, ya lesionado, ya seguro de que aquel pinchazo que había sentido en el minuto 1 de partido le iba a dejar unas cuantas semanas en el dique seco. Dice Guardiola que Keita es una persona que se merece todo lo bueno que le pueda pasar; dice que es un tipo comprometido consigo mismo, con el equipo y con el juego. Tal vez por eso la cara de dolor del de Malí era de mayor dolor, ya que sabía que dejaba el terreno de juego el día en el que no se podía faltar a la refriega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fíjense si, al final, los superhéroes van a ser humanos, que los que lograron la gesta de derrotar al hasta el domingo invicto Barça, fueron unos jugadores que hace escasas semanas estaban en la picota, una plantilla bajo sospecha a lo largo de toda la temporada y que, tras lograr la clasificación para la final de la Copa, parecía liberada de todos sus fantasmas, aquéllos que habían convertido a jugadores estupendos como Forlán, Agüero o Reyes, por citar una muestra del vestuario del Atlético, en la sombra de su propia sombra. Y allí estaban todos ellos juntos, como un equipo, como un solo jugador, mirándole a los ojos al supercampeón, retándole a sacar lo mejor de sí mismo para lograr la victoria. Tomaremos a los rojiblancos como estampa para superar esta crisis que nos desborda en la convicción de que no hay infierno que cien años dure aunque sea colchonero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que el Barça perdió su primer encuentro sin ninguna excusa que poner a pesar de que se pudo esconder tras todo un amplio catálogo de peros y esto, en un mundo como éste del fútbol, en el que quien más quien menos, sea en Primera o en Regional Preferente, tiene en la punta de la lengua un argumento para justificar la derrota que casi nunca suele llegar porque el rival ha sido, simplemente, mejor que nosotros, esto, les decía, también es una forma de jugar los partidos, ya que no terminan cuando el árbitro pita el final, sino cuando decidimos olvidarnos del último jugado para centrarnos en el nuevo reto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, al final, como todo ser humano que se precie de serlo, al Barça le toca hacer valer esa idea de que no es importante las veces que caigas, sino las que seas capaz de levantarte para volver a la contienda. Esto, que siempre es un buen eslogan, también es una de aquellas tareas en las que, por mucho empeño que pongas, uno no sabe si, al final, es mejor olvidarse de todo, activar el reset mental, disfrutar de 48 horas de fiesta y volver a empezar o, por el contrario, cerrar filas, reunirse en el vestuario para lamerse las heridas, conjurarse y, regodeándose en el dolor sufrido, renovarse para volver a ser invencible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ello suele venir bien comenzar aceptando que uno es humano y, por tanto, no está libre del error, de la derrota, del resultado adverso, todo eso de lo que el Barça ha vivido lejos en estos últimos meses a base de trabajo, planificación y talento. Y aceptarlo todo con una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt; de España (16.02.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8389508870554587395?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8389508870554587395/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8389508870554587395' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8389508870554587395'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8389508870554587395'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/02/humanos.html' title='Humanos'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-5987833374294359386</id><published>2010-02-08T12:24:00.001-03:00</published><updated>2010-02-08T12:24:51.603-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='David Trueba'/><title type='text'>El entrenador</title><content type='html'>Por DAVID TRUEBA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace años que quiero hacer una película en torno a la figura del entrenador. El primer destello nació en una ocasión en que fui a dar una conferencia a una ciudad de provincias y me llevaron a un restaurante. En la mesa del fondo reconocí a un antiguo jugador, no demasiado famoso, que entonces era entrenador del equipo local de Segunda División. El equipo pasaba por problemas y nadie sabía si el entrenador duraría mucho en el banquillo. Lo que me fascinó fue mirarlo. Estaba solo, comiendo con parsimonia un guiso casero y tomando una cerveza, en chándal, con un reloj de oro y con gesto ensimismado. Me pareció la estampa perfecta de la soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces los entrenadores atraen mi atención. Puede que, al verlos en esa posición de privilegio, dando órdenes a los jugadores, con esa supuesta autoridad sobre el entorno, mucha gente tenga la falsa sensación de que son tipos a los que envidiar. Pero yo siempre pienso en lo solos que están. Han adquirido la madurez que a los jugadores en activo les falta, ellos ya pueden ver el deporte desde una perspectiva más sabia, más calmada, más completa. Sufren como nadie la velocidad del juego. Ésa que hace que Guti esté muerto y enterrado un día y sea un genio imprescindible siete tardes después. No hay tiempo, la vaca está sobreordeñada con partidos a todas horas, así que la formación de los jugadores tiene que condensarse en los quince días de pretemporada y en las correcciones a cada partido concreto. Es algo así como dar clase subido a la montaña rusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las relaciones con los equipos directivos no son fáciles. Los entrenadores son siempre una apuesta a ciegas y, más aún, en España, donde la paciencia dura siete partidos. Sería impensable disfrutar aquí del sistema británico, donde un entrenador se pasa la vida en el banquillo de su equipo, transmitiendo a los jugadores y a la afición una certeza casi inamovible. Aquí el presidente siempre tiene cara de estarse preguntando: ¿me habré equivocado contratando a este tipo? Luego, en una especie de juego teatral, en el campo, el jugador es la pieza fundamental y el entrenador sólo el espectador con mejor asiento o, mejor dicho, el más cercano al césped. La suerte como entrenador está depositada en ellos y si las cosas no salen bien los marineros hundirán el barco sin que el capitán pueda hacer otra cosa que esperar la patada que lo mandará a los tiburones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede que no todos los españoles llevemos un jugador dentro, que nos sintamos un poco disminuidos ante Messi o Raúl, pero no existe español que no lleve un entrenador resolutivo, fiable y drástico metido en sus zapatos. Todos sabemos lo que hay que hacer, como esos padres que van a ver el partido del chaval y se ceban con el entrenador de su hijo porque no es capaz de sacarle el potencial que él sabe que el niño tiene porque lo ha visto a la hora de la merienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El entrenador llega a una ciudad desconocida con su familia, escolariza a sus hijos, convence a la mujer de que cualquier infumable pueblucho es tan disfrutable como Nueva York. Me imagino los domingos a la noche cuando llega a casa tras la derrota y se mete un pastillazo para poder dormir. Cuando los familiares se fatigan de ceses y cambio de residencias y colegios, le dejan ir solo a su nuevo empleo y el entrenador ocupa un hotel o un apartamentito y se pasa las horas libres colgado del teléfono, diciéndole a su niña que apriete en los exámenes mientras en el vídeo repasa el partido que perdieron el domingo sin que le parezca tan dramático el mal juego de los suyos. A los entrenadores se les va poniendo una cara amostazada con el tiempo y, por mucho buen carácter o entrega de profesor de colegio que tengan, no es raro verlos en algún casinillo local o con la nariz roja y las venillas coloradas y no precisamente por el frío. Desarrollan con su segundo y a veces con su preparador físico una especie de relación cómplice y rutinaria que se parece más a la serie Matrimoniadas que a un éxtasis deportivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El entrenador termina por ser alguien que sabe mucho de un juego al que no puede jugar. Sólo la capacidad de resistencia a la frustración y el placer del juego y el buen sueldo le harán seguir a lomos de la montaña rusa, aguardando el día en que por fin le toque un partido histórico, pero incluso ese día no olvida que los protagonistas son otros. Y con la maleta siempre hecha para cuando llega la tarde en que el presidente o el hijo del presidente o un vocal de la junta con más arrestos le enseña la puerta de salida con gesto alicaído. Y llega la mañana, a veces no demasiado lejana de aquella otra en que se presentó a la plantilla cargado de esperanzas, en la que se despide de alguno de los jugadores con un apretón de manos o de los otros sacándose un puñal de la espalda. Y ese tipo adusto y serio vuelve a ponerse en el camino hacia ninguna parte, donde tan magistralmente situó el añorado Fernán Gómez a nuestros cómicos de la legua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el diario &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt; de España ( 08.02.2010)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-5987833374294359386?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/5987833374294359386/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=5987833374294359386' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/5987833374294359386'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/5987833374294359386'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/02/el-entrenador.html' title='El entrenador'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8623848105664914773</id><published>2010-01-27T11:27:00.003-03:00</published><updated>2010-01-27T11:29:58.968-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Andoni Zubizarreta'/><title type='text'>La esencia de los futbolistas</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Por ANDONI ZUBIZARRETA&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sí, ya lo sé, somos los futbolistas esos seres que viven lejos de la realidad, aislados en su burbuja, sin palpar la vida en su real esencia. Y en esa popular valoración es igual que uno juegue con guantes o sin ellos. El fútbol suele catalogarse como un excelente escaparate de excentricidades, gestos vulgares, mensajes envenenados para nuestra gente joven. Cuántas veces habré escuchado eso de que somos un ejemplo para los niños y que eso nos debe comprometer más con nuestros gestos, con nuestras declaraciones, sabiendo que van a ser leídas por tantos y tantas que están en pleno proceso de maduración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sí, ya sé que futbolista y mercenario suelen ser dos palabras de rima perfecta, sobre todo cuando uno regresa a su club de origen jugando con la camiseta de ese equipo llamado grande (o no tanto) que le incorporó a sus filas al final de la última temporada y la grada decide acogerle con el mayor de los cariños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sí, lo sé, no es sencillo manejarse en ámbitos de tanto dinero cuando uno es joven, sin una gran experiencia en la vida, sin grandes referencias vitales, manteniendo unos criterios y unos valores que suelen estar en construcción en el mismo tiempo en el que uno ha de tomar decisiones que van a ser decisivas para su vida, tanto la deportiva como aquélla que hay que vivir cuando cuelgue las botas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pero me gustaría traerles ese mundo de contradicciones que suele ser el del fútbol profesional. Y para ello me gustaría apoyarme en uno de los hechos más dolorosos del pasado fin de semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Veamos. Hace unos meses, cuando la pasada temporada finalizaba, surgía el nombre de un candidato para ocupar la banda izquierda del multicampeón Barça: Filipe Luis. El Deportivo entendió que tenía una perla en su plantilla para negociar la mejor de las opciones para su economía de guerra, aquélla que le había hecho incorporar a un jugador que había estado en las categorías inferiores del Real Madrid sin llegar a hacerse un hueco en la primera plantilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El 3 deportivista mantuvo en todo momento una actitud elegante, sabiendo de las necesidades de su club e intentando congeniarlas con sus deseos de incorporarse a un Barça que suponía lo máximo en lo deportivo y, seguramente, también en lo económico. Pasó aquel tren, comenzó la temporada y el jugador siguió en una excelente línea deportiva, gran rendimiento, continuidad en las alineaciones, una primera vuelta fantástica en lo deportivo y un Athletic que les había puesto en enormes apuros en la primera parte. Y allí apareció Filipe Luis para acompañar una jugada de ataque nada más empezar la segunda mitad, la pelota rebota en un defensa y vuela hacia donde se encuentra libre de marcaje, solo, una ocasión única para abrir el marcador. Y ya sabemos que cuando el Depor se adelanta es muy difícil que pierda. El resto seguro que ya lo conocen: gol y gravísima lesión, todo en uno. Gol y el principal activo que maneja el futbolista, su físico, parte rumbo al quirófano. Gol y todo el plan estratégico del jugador que se tambalea en el mejor momento, en el mejor de los logros. Es en esa delicada y fina línea en donde se maneja el jugador, los jugadores. En esa tenue y discontinua frontera entre el éxito y el fracaso, siempre sustentado en su cuerpo y en su mente. Cuando el pie izquierdo de Filipe tocaba la pelota para enviarla a la red, y acercarse a la gloria del éxito, la pierna derecha sufría el choque con Iraizoz. Su peroné y su tobillo se quebraban. Una décima de lo excelso a lo más doloroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Dicen que, cuando llegaba al hospital, daba ánimos a todos y que, luego, le quitaba importancia a la intervención de Iraizoz recordándole al portero bilbaíno que eran gajes del oficio. No conozco a Filipe Luis. No nos hemos encontrado en ningún terreno de juego, pero me atrevo a sugerirle su nombre para hoy, para mañana, para siempre, a todos los que buscan encontrar en la esencia del fútbol la auténtica esencia de las personas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Publicado en el diario &lt;i&gt;El País&lt;/i&gt; de España (20.01.2010)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8623848105664914773?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8623848105664914773/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8623848105664914773' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8623848105664914773'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8623848105664914773'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/01/la-esencia-de-los-futbolistas.html' title='La esencia de los futbolistas'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-3002298043543182443</id><published>2010-01-26T23:52:00.007-03:00</published><updated>2010-01-27T10:55:37.296-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Javier Marías'/><title type='text'>Los matones protegidos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;Por JAVIER MARÍAS&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Uno de los ejemplos más claros de cómo nuestras sociedades están entregadas a la política del &lt;i&gt;appeasement&lt;/i&gt; o apaciguamiento -la que practicaron las democracias ante Hitler, y así les fue a partir de 1939- lo encontramos en el fútbol. Hace ya quince años escribí un artículo defendiendo al antiguo jugador del Manchester United Eric Cantona, que recibió unas severísimas sanciones por parte de su club y de su selección francesa, así como la reprobación de la prensa, porque se hartó de un individuo que le soltaba barbaridades sin cesar y, al retirarse del campo, expulsado, se acercó a él y le propinó un acrobático puntapié.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posiblemente no debió patear a aquel hincha, pero se comprende que lo hiciera. Quizá mereció las sanciones, pero no la condena moral generalizada que las acompañó. El agredido, como todos los hinchas groseros y violentos que llenan los estadios, se estaba amparando en la masa y en el anonimato, estaba actuando con cobardía al insultar a resguardo al jugador, cosa que sin duda no habría hecho a solas y en su proximidad. Seguramente ningún hooligan se habría atrevido. Pocas acciones más despreciables que la de atacar en manada, sabiéndose impune, indistinguible, a salvo de las consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decía en aquella pieza remota que si hubiéramos visto esa secuencia en una película, la mayoría habríamos aplaudido a Cantona: el héroe, cansado de sufrir vejaciones, habría individualizado a la masa y le habría dado su merecido, mala suerte para el que se llevó el puntapié. No sabemos ver la vida real con la nitidez con que vemos cine o leemos novelas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Algo parecido ha sucedido ahora con un delantero del Inter de Milán llamado Balotelli. Pese al apellido y a haber nacido en Palermo, se trata de un fornido negro, de madre ghanesa, motivo por el cual padece toda clase de insultos racistas cada vez que salta a un campo, y nunca tiene fácil jugar en la selección de su país, ya que, según demasiados aficionados, "no hay negros italianos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unas semanas, en un partido en Verona, tras haber soportado durante ochenta y ocho minutos los gritos simiescos del público, fue sustituido, y al retirarse aplaudió irónicamente a la masa que no había parado de humillarlo. Luego, ante los micrófonos, añadió otra "afrenta": "El público de Verona me da cada vez más asco". Cualquiera en su situación habría dicho, o por lo menos pensado, otro tanto. A diferencia de Cantona en su día, no se encaró con ningún aficionado ni a ninguno pateó. Se limitó a aplaudir y a expresar sus comprensibles sentimientos. Sin embargo, eso le ha valido una multa de siete mil euros, impuesta por el árbitro, "por haber provocado al público".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Presidente del Chievo Verona se ha permitido negar la evidencia: "El problema no es el color de su piel, sino su actitud provocadora, que incita a que lo insulten". Hasta el alcalde de esa ciudad de amantes ha dicho su majadería: "Un profesional tiene que aguantar pitos e insultos". (No ha explicado por qué, pero el estamento político-futbolístico italiano, con Berlusconi a la cabeza de los sin cerebro, hace tiempo que perdió toda capacidad de razonar.) Es decir, a uno se lo hostiga sin pausa durante el ejercicio de su trabajo, y además en plan racista, y es uno el que "provoca al público" si reacciona mínimamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De dónde proceden estas ideas de que "un profesional" ha de callar ante los insultos, y de que el público sigue siendo "respetable" cuando hace muchísimo que dejó de serlo en todas partes? Recientemente oí reproches hacia Casillas porque se acercó a un crío valenciano que lo ponía verde y le pidió un poco de educación, nada más. "Hay que hacer caso omiso y concentrarse en el juego", lo amonestaban los periodistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me pregunto cómo se hace caso omiso de las barbaridades que uno escucha nítidamente dirigidas a uno, de principio a fin de un partido. Cómo se concentra uno en parar los disparos. Salvando las distancias, es como si a un actor de teatro se le pidiera que pasara de los insultos lanzados con profusión desde el patio de butacas y se ciñera a su texto, como si allí no hubiera nadie. O a un cantante que siguiera impertérrito con su recital mientras le llueven abucheos e injurias. O a un escritor que continuara con su conferencia mientras los oyentes lo llaman "hijoputa" y "cabrón". Y como si a todos estos "profesionales" se los castigara y multara por interrumpirse o hacer frente a sus groseros detractores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El razonamiento -es un decir- de los responsables del fútbol es más o menos: "Cualquier respuesta sólo empeorará las cosas". Esto es: "Permitamos y protejamos los abusos, el matonismo y la violencia verbal, no vayamos a soliviantar a los soliviantados". Lo mismo que en los años treinta: "Cedamos ante el furioso Hitler, no se vaya a poner aún más furioso". Ceder ante los comportamientos fascistas siempre se paga caro, porque el espíritu fascista -que puede darse en gente de izquierda- toma por debilidad cualquier inhibición del adversario, y no hace sino envalentonarse y aumentar su agresividad, hasta aniquilar a ese adversario. Si el apaciguamiento está institucionalizado; si los violentos y matones están protegidos; si se condena al individuo valiente que se enfrenta a ellos o por lo menos les señala su cobardía y su mezquindad, no es de extrañar que éstos se crezcan y que cada vez estemos todos más y más a su merced.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Publicado en el diario &lt;i&gt;El País &lt;/i&gt;de España (24.01.2010)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-3002298043543182443?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/3002298043543182443/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=3002298043543182443' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3002298043543182443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3002298043543182443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/01/los-matones-protegidos.html' title='Los matones protegidos'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-6506537958579926983</id><published>2009-04-27T17:46:00.002-04:00</published><updated>2010-01-27T17:50:29.128-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mario Benedetti'/><title type='text'>Cambalache</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;Por MARIO BENEDETTI&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Aquel equipo de futbol, rioplatense (no daré más detalles ya que lo que importa es la anécdota y no el nombre de los actores), llegó a Europa sólo 24 horas antes de su primer partido con una de las más prestigiosas formaciones del Viejo Continente (tampoco aquí daré más detalles). Apenas tuvieron tiempo para una breve sesión de entrenamiento, en una cancha más o menos marginal, cuyo césped era un desastre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cuando por fin entraron al verdadero campo de juego (el field, como dicen algunos puristas) quedaron estupefactos ante las descomunales dimensiones del estadio, las tribunas repletas y vociferantes y también ante la atmósfera helada de un enero implacable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como es habitual, se alinearon los dos equipos para escuchar y cantar los himnos. Primero fue, lógicamente, el del local, que fue coreado por público y jugadores, seguido por una cerrada ovación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Luego vino el de los nuestros. La grabación era espantosa, con una desafinación realmente olímpica. No todos los jugadores conocían la letra en su totalidad, pero al menos coreaban la estrofa más conocida. Sólo uno de los deportistas, casualmente un delantero, aunque si se acordaba del himno, decidió cantar en su reemplazo el tango cambalache: “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos diez y en el dos mil también“. Sólo en el palco oficial, unos pocos aplaudieron por compromiso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cuando concluyó esa parte de la ceremonia, y antes del puntapié inicial, que estuvo a cargo de un arrugado actor del cine mudo, los jugadores rioplatenses rodearon al delantero díscolo y le reprocharon duramente que cantara un tango en lugar del himno. Entre otros amables epítetos, le dijeron: traidor, apátrida, saboteador y cretino. El incidente tuvo inesperadas repercusiones en el partido. Por lo pronto, los otros jugadores evitaban pasarle la pelota al saboteador, de modo que éste, para hacerse con ella, debía retroceder casi hasta las líneas defensivas, y luego avanzar y avanzar, eludiendo a los fornidos adversarios y pasándola luego (porque no era egoísta) al que estaba mejor colocado para tirar al arco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los europeos jugaron mejor, pero faltaban pocos minutos para el final y ninguno de los equipos había logrado perforar la valla contraria.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Así, hasta el minuto 43 del segundo tiempo. Fue entonces que el apátrida recogió la pelota de un falso rebote y comenzó su desafiante carrera hacia el arco adversario. Penetró en el área penal, y en vista de que hasta ahora sus compañeros habían desaprovechado las buenas ocasiones que él les brindara, dribleó con tres geniales vaivenes a dos defensas, y cuando el guardameta salió despavorido a cubrir su valla, el cretino amagó que patearía con la derecha pero lo hizo con la izquierda, descolocando totalmente al pobre hombre e introduciendo el balón en un inalcanzable ángulo de &lt;st1:personname productid="la escuadra. Fue" w:st="on"&gt;la escuadra. Fue&lt;/st1:personname&gt; el gol del triunfo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El segundo partido tuvo lugar en otra ciudad (no entro en detalles), en un estadio igualmente impresionante y con sus tribunas de bote en bote. Allí también llegó el momento de los himnos. Primero el local y luego el de &lt;st1:personname productid="la visita. Aunque" w:st="on"&gt;la visita. Aunque&lt;/st1:personname&gt; la banda sonora, iba por otro rumbo, los 18 jugadores, perfectamente alineados y con la mano derecha sobre el corazón, entonaron el tango Cambalache, cuya letra si era sabida por todos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Aunque se ganó también ese partido (no recuerdo exactamente el resultado), los indignados dirigentes resolvieron suspender la gira europea y sancionar económicamente a todos los jugadores, sin excepción, acusándoles de traidores, apátridas, saboteadores y cretinos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-6506537958579926983?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/6506537958579926983/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=6506537958579926983' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/6506537958579926983'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/6506537958579926983'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2009/04/cambalache.html' title='Cambalache'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-4472115356685815662</id><published>2009-02-27T17:25:00.003-03:00</published><updated>2010-01-27T17:31:30.007-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Osvaldo Soriano'/><title type='text'>Obdulio Varela: El reposo del centrojás</title><content type='html'>Por Osvaldo Soriano (16 de julio de 1972)&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A Daniel Divinsky&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La &lt;i&gt;Historia de vida&lt;/i&gt;, tal como se la conocía en el suplemento cultural de &lt;i&gt;La Opinión&lt;/i&gt;, era una de las formas más difíciles del reportaje. Consistía en escuchar, ante un grabador, durante cinco o seis horas -tal vez más-, a un hombre o una mujer que reconstruían los mejores -o los más terribles- momentos de su existencia. Luego había que comprimir sin reducir, restituyendo a la vez el sabor del relato, el estilo narrativo del entrevistado. Carlos Tarsitano, Ricardo Halac, Julio Ardiles Cray y yo practicábamos el género en &lt;st1:personname productid="La Opinión. Esta" w:st="on"&gt;&lt;i&gt;La Opinión&lt;/i&gt;. Esta&lt;/st1:personname&gt; entrevista me fue sugerida por Hermenegildo Sábat, quien ilustró en el diario casi todos los textos que contiene este volumen.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro, nació una de las últimas leyendas del fútbol rioplatense; ese día, el imponente centromedio uruguayo Obdulio Varela silenció a 150 mil fanáticos que festejaban el gol brasileño en la final de la Copa del Mundo, convertido por el puntero Friaca. A los seis minutos del segundo tiempo, Brasil abrió el marcador alentado por las repletas tribunas del Maracaná, inaugurado especialmente para ese torneo. Entonces, todo Río de Janeiro fue una explosión de júbilo; los petardos y las luces de colores se encendieron de una sola vez. Obdulio, un morocho tallado sobre piedra, fue hacia su arco vencido, levantó la pelota en silencio y la guardó entre el brazo derecho y el cuerpo. Los brasileños ardían de júbilo y pedían más goles. Ese modesto equipo uruguayo, aunque temible, era una buena presa para festejar un título mundial. Tal vez el único que supo comprender el dramatismo de ese instante, de computarlo fríamente, fue el gran Obdulio, capitán -y mucho más- de ese equipo joven que empezaba a desesperarse.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Y clavó sus ojos pardos, negros, blancos, brillantes, contra tanta luz, e irguió su torso cuadrado, y caminó apenas moviendo los pies, desafiante, sin una palabra para nadie y el mundo tuvo que esperarlo tres minutos para que llegara al medio de la cancha y espetara al juez diez palabras en incomprensible castellano. No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido -y el rival-, fueran otros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hubo un intérprete, una estirada charla -algo tediosa- entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Fue un aluvión. Los uruguayos atropellaban sin respetar a un rival superior pero desconcertado. Obdulio empujaba desde el medio de la cancha a los gritos, ordenando a sus compañeros. Parecía que la pelota era de él, y cuando no la tenía, era porque la había prestado por un rato a sus compañeros para que se entretuvieran. Llegó el empate. Los brasileños sintieron que estaban perdidos. El griterío de la tribuna no bastaba para dar agilidad a sus músculos, claridad a sus ideas. Las casacas celestes estaban en todas partes y les importaba un bledo del gigante. Faltaban nueve minutos para terminar cuando Uruguay marcó el tanto de &lt;st1:personname productid="la victoria. El" w:st="on"&gt;la victoria. El&lt;/st1:personname&gt; mundo no podía creer que el coloso muriera en su propia casa, despojado de gloria.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Artistas, locos y criminales&lt;/i&gt;, Editorial Bruguera, 1983.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-4472115356685815662?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/4472115356685815662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=4472115356685815662' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/4472115356685815662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/4472115356685815662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2009/02/obdulio-varela-el-reposo-del-centrojas.html' title='Obdulio Varela: El reposo del centrojás'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-32632498979289014</id><published>2009-01-27T17:13:00.001-03:00</published><updated>2010-01-28T16:16:40.923-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Eduardo Galeano'/><title type='text'>La pelota como bandera</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;Por EDUARDO GALEANO&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En el verano de 1916, en plena guerra mundial, un capitán inglés se lanzó al asalto pateando una pelota. El capitán Nevill saltó del parapeto que lo protegía, y corriendo tras la pelota encabezó el asalto contra las trincheras alemanas. Su regimiento, que vacilaba, lo siguió. El capitán murió de un cañonazo, pero Inglaterra conquistó aquella tierra de nadie y pudo celebrar la batalla como la primera victoria del fútbol inglés en el frente de guerra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Muchos años después, ya en los fines del siglo, el dueño del club Milan ganó las elecciones italianas con una consigna, Forza Italia!, que provenía de las tribunas de los estadios. Silvio Berlusconi prometió que salvaría a Italia como había salvado al Milan, el superequipo campeón de todo, y los electores olvidaron que algunas de sus empresas estaban a la orilla de la ruina. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El fútbol y la patria están siempre atados; y con frecuencia los políticos y los dictadores especulan con esos vínculos de identidad. La escuadra italiana ganó los mundiales del '34 y del '38 en nombre de la patria y de Mussolini, y sus jugadores empezaban y terminaban cada partido vivando a Italia y saludando al público con la palma de la mano extendida. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;También para los nazis, el fútbol era una cuestión de Estado. Un monumento recuerda, en Ucrania, a los jugadores del Dínamo de Kiev de 1942. En plena ocupación alemana, ellos cometieron la locura de derrotar a una selección de Hitler en el estadio local. Le habían advertido:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;-Si ganan mueren. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Entraron resignados a perder, temblando de miedo y de hambre, pero no pudieron aguantarse las ganas de ser dignos. Los once fueron fusilados con las camisetas puestas, en lo alto de un barranco, cuando terminó el partido. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Fútbol y patria, fútbol y pueblo: en 1934, mientras Bolivia y Paraguay se aniquilaban mutuamente en la guerra del Chaco, disputando un desierto pedazo de mapa, &lt;st1:personname productid="la Cruz Roja" w:st="on"&gt;la  Cruz Roja&lt;/st1:personname&gt; paraguaya formó un equipo de fútbol, que jugó en varias ciudades de Argentina y Uruguay y juntó bastante dinero para atender a los heridos de ambos bandos en el campo de batalla. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Tres años después, durante la guerra de España, dos equipos peregrinos fueron símbolos de la resistencia democrática. Mientras el general Franco, del brazo de Hitler y Mussolini, bombardeaba a la república española, una selección vasca recorría Europa y el club Barcelona disputaba partidos en Estados Unidos y en México. El gobierno vasco envió al equipo Euzkadi a Francia y a otros países con la misión de hacer propaganda y recaudar fondos para &lt;st1:personname productid="la defensa. Simultáneamente" w:st="on"&gt;la defensa. Simultáneamente&lt;/st1:personname&gt;, el club Barcelona se embarcó hacia América. Corría el año 1937, y ya el presidente del club Barcelona había caído bajo las balas franquistas. Ambos equipos encarnaron, en los campos de fútbol y también fuera de ellos, a la democracia acosada. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sólo cuatro jugadores catalanes regresaron a España durante &lt;st1:personname productid="la guerra. De" w:st="on"&gt;la guerra. De&lt;/st1:personname&gt; los vascos, apenas uno. Cuando la República fue vencida, la FIFA declaró en rebeldía a los jugadores exiliados, y los amenazó con la inhabilitación definitiva, pero unos cuantos consiguieron incorporarse al fútbol latinoamericano. Con varios vascos se formó, en México, el club España, que resultó imbatible en sus primeros tiempos. El delantero del equipo Euzkadi, Isidro Lángara, debutó en el fútbol argentino en 1939. En el primer partido metió cuatro goles. Fue en el club San Lorenzo, donde también brilló Angel Zubieta, que había jugado en la línea media de Euzkadi. Después, en México, Lángara encabezó la tabla de goleadores de 1945 en el campeonato local. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El club modelo de la España de Franco, el Real Madrid, reinó en el mundo entre 1956 y 1960. Este equipo deslumbrante ganó al hilo cuatro copas de la Liga española, cinco copas de Europa y una intercontinental. El Real Madrid andaba por todas partes y siempre dejaba a la gente con la boca abierta. La dictadura de Franco había encontrado una insuperable embajada ambulante. Los goles que la radio transmitía eran clarinadas de triunfo más eficaces que el himno Cara al sol. En 1959, uno de los jefes del régimen, José Solís, pronunció un discurso de gratitud ante los jugadores, "porque gente que antes nos odiaba, ahora nos comprende gracias a vosotros". Como el Cid Campeador, el Real Madrid reunía la virtudes de la Raza, aunque su famosa línea de ataque se parecía más bien a &lt;st1:personname productid="la Legión Extranjera. En" w:st="on"&gt;la Legión Extranjera. En&lt;/st1:personname&gt; ella brillaba un francés, Kopa, dos argentinos, Di Stéfano y Rial, el uruguayo Santamaría y el húngaro Puskas. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A Ferenk Puskas lo llamaban Cañoncito Pum, por las virtudes demoledoras de su pierna izquierda, que también sabía ser un guante. Otros húngaros, Ladislao Kubala, Zoltan Czibor y Sandor Kocsis, se lucían en el club Barcelona en esos años. En 1954 se colocó la primera piedra del Camp Nou, el gran estadio que nació de Kubala: el gentío que iba a verlo jugar, pases al milímetro, remates mortíferos, no cabía en el estadio anterior. Czibor, mientras tanto, sacaba chispas de los zapatos. El otro húngaro del Barcelona, Kocsis, era un gran cabeceador. Cabeza de oro, lo llamaban, y un mar de pañuelos celebraba sus goles. Dicen que Kocsis fue la mejor cabeza de Europa, después de Churchill. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En 1950, Kubala había integrado un equipo húngaro en el exilio, lo que le valió una suspensión de dos años, decretada por &lt;st1:personname productid="la FIFA. Después" w:st="on"&gt;la FIFA. Después&lt;/st1:personname&gt;, la FIFA sancionó con más de un año de suspensión a Puskas, Czibor, Kocsis y otros húngaros que habían jugado en otro equipo en el exilio desde fines de 1956, cuando la invasión soviética aplastó la resurrección popular. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En 1958, en plena guerra de la independencia, Argelia formó una selección de fútbol que por primera vez vistió los colores patrios. Integraban su plantel Makhloufi, Ben Tifour y otros argelinos que jugaban profesionalmente en el fútbol francés. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Bloqueada por la potencia colonial, Argelia sólo consiguió jugar con Marruecos, país que por semejante pecado fue desafiliado de la FIFA durante algunos años, y además disputó unos pocos partidos sin trascendencia, organizados por los sindicatos deportivos de ciertos países árabes y del este de Europa. La FIFA cerró todas las puertas a la selección argelina y el fútbol francés castigó a esos jugadores decretando su muerte civil. Presos por contrato, ellos nunca más podrían volver a la actividad profesional. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pero después Argelia conquistó la independencia, el fútbol francés no tuvo más remedio que volver a llamar a los jugadores que sus tribunas añoraban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Con el deporte no se juega&lt;/i&gt;, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1994.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-32632498979289014?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/32632498979289014/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=32632498979289014' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/32632498979289014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/32632498979289014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2010/01/la-pelota-como-bandera.html' title='La pelota como bandera'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8931125975941591376</id><published>2008-08-16T22:43:00.002-04:00</published><updated>2010-01-27T10:55:56.971-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Villoro'/><title type='text'>El arte y el fútbol</title><content type='html'>&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeR1U0zfhI/AAAAAAAAANI/zcnLU-xolZ0/s1600-h/j_villoro.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235313437150772754" src="http://2.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeR1U0zfhI/AAAAAAAAANI/zcnLU-xolZ0/s320/j_villoro.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Por JUAN VILLORO&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Malraux definió nuestra época como “el extraño siglo de los deportes” y Huizinga al ser humano como homo ludens. Tomadas al pie de la letra, estas ideas sugieren que la civilización contemporánea es la historia del juego organizado y debe ser estudiada en las canchas y los vestidores.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Es obvio que tan benévolas opiniones sobre la trascendencia del juego no son compartidas por la mayoría. Si algo caracteriza nuestra humana condición es la capacidad de estar en desacuerdo. Numerosos analistas han dedicado páginas de severidad marcial a criticar las pasiones excesivas, la manipulación de la conducta y el embrutecimiento generalizado que se dan cita en los estadios. Para colmo, el más popular de los deportes se juega con los pies, lo cual se opone a la historia de la evolución. El hombre desciende de un homínido que comía frutas y era incapaz de servirse del pulgar oponible; en consecuencia, una actividad que cancela el uso de las manos semeja un retorno a la barbarie. ¿Cómo es posible que la especie que inventó el sistema decimal, de tanto contarse los dedos, se apasione con un juego donde sólo el portero tiene dispensa para usar las extremidades prohibidas?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;En sus más simples fundamentos, el fútbol propone un regreso a las cavernas, donde las manos servían de muy poco. Por eso el poeta Antonio Deltoro ha escrito que sus batallas representan “la venganza del pie sobre la mano”. La fascinación elemental del “juego del hombre”, como lo bautizó el cronista Ángel Fernández, proviene de su tosca dificultad y su vínculo con un tiempo primigenio. ¿Qué significa este retroceso en el tiempo? Que el domingo podemos recuperar lo que aún tenemos de tribu encandilada por el fuego, del griego que confunde a los dioses con los mortales, del niño convencido de que los héroes duran 90 minutos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Las definiciones de Malraux y Huizinga son certeras, pero requieren de una precisión histórica: durante años el hombre chutó balones con placer sin aceptar que esa actividad definía su vida. Los miles de ojos ávidos que atestiguaban un partido no pertenecían a la cultura.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Numerosos artistas repudiaron el fútbol como una droga social o prefirieron mantener en secreto su afición por los goles para evitar que sus pinceles, sus plumas o sus leotardos se mezclaran con las gestas resueltas a patadas. El balón dominado con pericia y las barridas enjundiosas parecían ajenas a las tareas de los estetas. Incluso las mitologías que acompañan a los equipos y a los ídolos –el fútbol como imaginativa forma de representación– se descartaban como saldos groseros, fundamentalistas, de un oficio que a fin de cuentas sólo servía para transpirar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Resulta difícil concebir a Sartre, hombre de letras, comprometido con la razón 24 horas al día, preocupado por la suerte del Paris Saint Germain. Aunque los guardametas de la época usaban el suéter de cuello de tortuga de los existencialistas, el indagador del ser y la nada no fumaba su pipa en los estadios. En una de sus clásicas paradojas, Oscar Wilde comentó: “El fútbol es un deporte de lo más apropiado para niñas rudas; pero no apto para jóvenes delicados”. El intelecto debía alejarse del tosco universo de las bestias: “La única forma posible del ejercicio es hablar”.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Hasta mediados de siglo pasado, una fuerte presión social impidió que el fútbol rebasara los límites del barrio, el descampado, el canallesco arrabal. Sin embargo, a contrapelo de las modas, tuvo cultores privilegiados.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Albert Camus creció en una familia de pobreza extrema y decidió jugar de portero porque en esa posición se gastan menos los zapatos. Años después diría que todo lo que sabía de la ética era obra del fútbol, el territorio en el que se ignora por dónde saldrá el balón.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;En la pintura, Max Beckmann llevó el expresionismo al área chica, Robert Delaunay inmortalizó un lance del “equipo de Cardiff”, Nicolas De Staël creó un paisaje perfectamente abstracto al que por soberano capricho tituló “Los futbolistas”, Pablo Picasso dibujó a tres fantasmones regordetes que flotan en pos de un sol hecho pelota y el mexicano Ángel Zárraga logró una sutil y perturbadora transexualidad con sus mujeres futbolistas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;El cine ha ofrecido churros como “El gran escape”, donde Pelé comparte créditos con Max Von Sidow, melodramas para llorar entre palomita y palomita (“Pelota de trapo”), rocambolescos driblings de “Resortes” y episodios de alta temperatura intelectual como “El miedo del portero ante el penalti”, de Wim Wenders, basada en la novela de Peter Handke.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Los escritores se dedican, con variada intensidad, a rendir testimonio de lo que miran en el césped: Vinicius de Moraes retrató a Garrincha, Umberto Saba a un equipo sin gloria, Samuel Becket al hombre acorralado, ansioso de que el destino le brinde un “juego de vuelta”, Günter Grass a un arquero en un estadio nocturno, Pier Paolo Pasolini a los que corren en prosa y a los que corren en poesía y Luis Miguel Aguilar a un virtuoso con tan buen toque que se electrocuta.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;El fútbol ha sido la más peculiar factoría de artistas: Joan Manuel Serrat aprendió a cantar en los campos del Barcelona, Chillida se dedicó a la escultura cuando una lesión lo alejó para siempre del Athletic de Bilbao y Jorge Valdano adquirió su buena prosa en las concentraciones del Real Madrid y la selección argentina.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Los tiempos han cambiado tanto que se intelectualiza el fútbol en exceso, se considera que cualquier entrenador con ingenio es un filósofo y se publican odas lamentables en nombre del amor a la camiseta. Lo decisivo, a fin de cuentas, es que el fútbol se percibe como cosa mental. Nadie puede jugarlo ni verlo sin imaginación. Se los digo yo, que una vez gané la Copa del Mundo, y no tuve necesidad de despertarme. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8931125975941591376?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8931125975941591376/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8931125975941591376' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8931125975941591376'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8931125975941591376'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/el-arte-y-el-ftbol.html' title='El arte y el fútbol'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeR1U0zfhI/AAAAAAAAANI/zcnLU-xolZ0/s72-c/j_villoro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-7973869476015725200</id><published>2008-08-16T21:54:00.003-04:00</published><updated>2010-01-28T12:37:15.462-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Albert Camus'/><title type='text'>Lo que debo al fútbol</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeN9MnH9HI/AAAAAAAAANA/AVRVapaCCx8/s1600-h/a_camus.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235309174338352242" src="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeN9MnH9HI/AAAAAAAAANA/AVRVapaCCx8/s200/a_camus.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ALBERT CAMUS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, lo jugué varios años en la Universidad de Argel. Me parece que fue ayer. Pero cuando, en 1940, volví a calzarme los zapatos, me di cuenta de que no había sido ayer. Antes de terminar el primer tiempo, tenía la lengua como uno de esos perros con los que la gente se cruza a las dos de la tarde en Tizi - Ouzou. Fue, entonces, hace bastante tiempo, en 1928 para adelante, supongo. Hice mi debut con el club deportivo Montpensier. Sólo Dios sabe por qué, dado que yo vivía en Belcourt y el equipo de Belcourt- Mustapha era el Gallia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tenía un amigo, un tipo velludo, que nadaba en el puerto conmigo y jugaba waterpolo para Montpensier. Así es como a veces la vida de una persona queda determinada. Montpensier jugaba a menudo en los jardines de Manoeuvre, aparentemente por ninguna razón especial. El césped tenía en su haber más porrazos que la canilla de un centro forward visitante del estadio de Alenda, Orán. Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un año de porrazos y Montpensier en el “Lycée” me hicieron sentir avergonzado de mí mismo: un “universitario” debe jugar con la Universidad de Argel, RUA. En ese periodo, el tipo velludo ya había salido de mi vida. No nos habíamos peleado, sólo que ahora él prefería irse a nadar a Padovani donde el agua no era tan “pura”. Ni tampoco, para ser sinceros, eran “puros” sus motivos. Personalmente, encontré que su motivo era “adorable”, aunque ella bailaba muy mal, lo que me parecía insoportable en una mujer. ¿Es el hombre, o no es, quien debe pisarle los dedos de los pies? El tipo velludo y yo prometimos volver a vernos. Pero los años fueron pasando. Mucho después comencé a frecuentar el restaurante de Padovani (por motivos “puros”) pero el tipo velludo se había casado con su paralítica, quien seguramente le prohibía bañarse, como suele ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero qué es lo que estaba diciendo? Ah sí, el RUA. Estaba encantado, lo importante para mí era jugar. Me devoraba la impaciencia del domingo al jueves, día de práctica, y del jueves al domingo, día del partido. Así fue como me uní a los universitarios. Y allí estaba yo, golero del equipo juvenil. Sí, todo parecía muy fácil. Pero no sabía que se acababa de establecer un vínculo de años, que abarcaría cada estadio de la provincia, y que nunca tendría fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía entonces que veinte años después, en las calles de París e incluso en Buenos Aires (sí, me ha sucedido) la palabra RUA mencionada por un amigo con el que tropecé, me haría saltar el corazón tan tontamente como fuera posible. Y ya que estoy confesando mis secretes, debo admitir que en París por ejemplo, voy a ver los partidos del Racing Club, al que convertí en mi favorito sólo porque usan las mismas camisas que el RUA, azul con rayas blancas. También debo decir que Racing tiene algunas de las mismas excentricidades que el RUA. Juega “científicamente”, pierde partidos que debería ganar. Parece que esto ahora ha cambiado (eso es lo que me escriben de Argel), cambiado –pero no mucho–. Después de todo, era por eso que quería tanto a mi equipo, no solo por la alegría de la victoria cuando estaba combinada con la fatiga que sigue al esfuerzo, sino también por el estúpido deseo de llorar en las noches luego de cada derrota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como zaguero esta el "Grandote" –quiero decir Raymond Couard. Le dábamos bastante trabajo, si mal no recuerdo. Jugábamos duro. Los estudiantes, los nenes de papá, no escatiman nada. Pobres de nosotros –en todo sentido– ¡muchos nos burlábamos de la dureza de nuestros propios pies! No teníamos más remedio que admitirlo. Y teníamos que jugar “deportivamente”, porque ésa era la dorada regla del RUA, y “firmes”, porque, cuando todo está dicho y hecho, un hombre es un hombre. ¡Difícil compromiso! Eso no puede haber cambiado, estoy seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El equipo más difícil era el Olympic Hussein Dey. El estadio quedaba detrás del cementerio. Ellos nos hicieron notar, sin piedad, que podíamos tener acceso directo. En cuanto a mí, ¡pobre golero!, vinieron por mi cadáver. Sin Roger ¡lo que hubiera sufrido! Estaba Boufarik, ese centro forward grande y gordo (entre nosotros lo llamábamos "Sandia") se excusaba con un: "Lo siento nenito" y una sonrisa franciscana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No voy a seguir. Ya me excedí de mis límites. Y entonces, me pongo reblandecido. Hasta en "Sandía" veo bondad. Además, seamos sinceros, bien que esto era lo que habían enseñado. Y a esta altura, no quiero seguir bromeando. Porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol, lo que aprendí con el RUA, no puede morir. Preservémoslo. Preservemos esta gran y digna imagen de nuestra juventud. También estará vigilándolos a ustedes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revista &lt;em&gt;La Maga&lt;/em&gt;: Extra: Literatura de la Pelota, octubre 1996.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-7973869476015725200?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/7973869476015725200/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=7973869476015725200' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/7973869476015725200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/7973869476015725200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/lo-que-debo-al-ftbol.html' title='Lo que debo al fútbol'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeN9MnH9HI/AAAAAAAAANA/AVRVapaCCx8/s72-c/a_camus.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-2924788200545665051</id><published>2008-08-16T13:19:00.005-04:00</published><updated>2010-01-28T12:30:16.553-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Benjamín Labatut'/><title type='text'>Literatura redonda</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcQZrkshaI/AAAAAAAAAMw/LLHPtqf5y9U/s1600-h/redonda.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235171125220902306" src="http://4.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcQZrkshaI/AAAAAAAAAMw/LLHPtqf5y9U/s320/redonda.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Por BENJAMÍN LABATUT&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cancha corre el matador Mario Kempes. El partido, Argentina contra Hungría; el mundial, 1978. Es el debut de la albiceleste y todo Buenos Aires se paraliza: ese año, Argentina es sede. El mismo día, y a la misma hora en que toda una nación festeja el tardío gol con que Ricardo Daniel Bertoni asegura la victoria, un hombre espera el silencio. Sentado en un auditorio, Jorge Luis Borges dicta una conferencia sobre la inmortalidad, mientras once de sus compatriotas la buscan con los pies. "El fútbol me parece una forma de tedio. Creo que a nadie le interesa el fútbol. A la gente que va al fútbol le interesa que gane tal o cual cuadro: el fútbol en sí, no. Es un juego brutal que no requiere un coraje especial, porque nadie se juega la vida", sentenciaría tiempo después el mismo Borges, desterrando al fútbol al territorio de la barbarie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No son pocos los escritores que disienten con él. Y salen al rescate del fútbol. En marzo de este año, Martín Caparrós publicará las 400 páginas de su novela "Boquita" sobre el club Boca Juniors, mientras que Juan Villoro planea escribir un libro "redondo como una pelota y que se lea como un partido", antes del mundial del 2006. A ellos dos se suma una barra de escritores hinchas tan amplia como ilustre: Mario Benedetti, Milan Kundera, Javier Marías, Osvaldo Soriano, Vladimir Nabokov, Albert Camus y Alfredo Bryce Echenique son sólo algunos de quienes defienden a este deporte como reflejo de la vida, como rito, como poesía colectiva, como religión y como asunto de vida o muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA PELOTA O LA VIDA&lt;br /&gt;Cuenta el uruguayo Eduardo Galeano: durante la ocupación nazi, en 1942, el equipo ucraniano Dínamo de Kiev cometió la locura de vencer al seleccionado alemán de la Luftwaffe. A pesar de las advertencias de que debían dejarse ganar, el marcador final favoreció a los ucranianos. En lo alto de un barranco, y todavía con sus camisetas puestas, cuatro jugadores del Dínamo fueron fusilados. Años más tarde, en mayo del 2004, el club checheno Terek Grozny se alzó por primera vez con la corona del campeonato de Rusia con un gol en los descuentos de la final. La victoria fue 20 días después del asesinato del presidente del club (y de Chechenia) Akhmad Kadyrov, con una bomba colocada en el estadio del club campeón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas infinitas posibilidades de cruce entre los hechos humanos y el fútbol es lo que lleva a muchos escritores de alto calibre a dedicar letras a un deporte que otros consideran simple entretención, o verdadera basura intelectual. Como el converso Gabriel García Márquez, quien jamás había pisado un estadio, hasta que ingresó "irrevocablemente a la santa hermandad de los hinchas" tras ver sólo un partido del Junior de Barranquilla contra Millonarios. Otro peso pesado, Mario Vargas Llosa, ha escrito sobre el pequeño club Cienciano de Cusco, que le ganó la Libertadores a River Plate el 2003, mientras que el poeta Augusto Roa Bastos, ganador del premio Cervantes, anuncia desde 1998 sus planes de escribir la biografía de su amigo y compatriota José Luis Chilavert, tal vez como una forma de devolverle la mano al portero por los 10 mil dólares que éste aportó para una intervención quirúrgica al corazón del poeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LOS ARQUEROS&lt;br /&gt;"Todo lo que sé de forma más segura sobre la moral y las obligaciones del hombre, se lo debo al fútbol", dijo Albert Camus, uno de los hombres más jóvenes en ganar un Nobel y quien hizo su debut como arquero en 1928, con el club deportivo Montpensier, antes de pasar a jugar por la Universidad de Argel. El filósofo creció en la pobreza y eligió la posición de portero porque se gastaban menos los zapatos. De un área llena de baches aprendió una lección vital: "que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga". Conocido como un estricto moralista, cuesta imaginar a Camus devorado por los nervios previos a un partido, pero sólo el desarrollo de una tuberculosis pudo alejarlo de la cancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De su último partido, Vladimir Nabokov recuerda haber despertado con el balón aferrado al pecho luego de que un rival lo dejara inconsciente de una patada, mientras un compañero de equipo impaciente trataba de soltarle la pelota de las manos. El escritor ruso se describía a sí mismo como un portero "errático pero espectacular", puesto en el que jugó durante sus años de estudiante en Cambridge. "El portero es un hombre aparte, solitario, impávido, es el hombre del misterio, el último defensa. Más el guardián de un sueño que el de una portería", escribió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las letras chilenas, Miguel Serrano jugó como arquero del Barros Arana y Roberto Bolaño, quien era zurdo y disléxico, cultivaba una actitud hacia el fútbol incomprendida por sus compañeros: "Siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario (…) mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras, ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro". A pesar de esa actitud, Bolaño confesó que una de las mayores hazañas de su vida fue un hecho futbolístico ocurrido cuando tenía 9 años: en 1962, la selección brasileña integrada por Pelé, Garrincha, el lobo Zagalo y Vavá alojó a 50 metros de su casa en Quilpué. Durante uno de los entrenamientos, Roberto se paró bajo los tres palos con Vavá a 12 pasos. Vavá dispara y la pelota queda entre las manos de Roberto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menos talentoso al arco, según sus propias palabras, fue el poeta Mario Benedetti, quien expresó su pasión por el fútbol en el relato "El césped", cuyo protagonista es un arquero que se suicida tras recibir un gol humillante de parte de su mejor amigo, que juega en el equipo contrario: en el punto más alto de su carrera, Benjamín deja pasar entre sus piernas el remate que le cuesta la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA BARRA BRAVA&lt;br /&gt;La formación oficial de escritores fanáticos tiene, al menos, cinco titulares indiscutidos: Osvaldo Soriano, Javier Marías, Juan Villoro, Roberto Fontanarrosa y el ya mencionado Eduardo Galeano. No llegan armados de botellas y palos a los estadios, pero desde sus escritorios reivindican el fútbol como materia prima de la literatura, por formar parte importante de sus propias biografías o sencillamente por sus posibilidades de conjugar, en sólo 90 minutos, la gloria, la derrota, el dolor, el heroísmo, la cobardía, la victoria, la soberbia, la inteligencia, la estupidez, la injusticia, la risa, el llanto y el olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Yo escribo, pero bueno, cuando yo era chico yo soñaba con ser Ermindo Onega, no con ser Cortázar". Mientras que Ermindo Onega jugó 222 partidos por River Plate, y marcó 98 goles, su compatriota Roberto Fontanarrosa llegó a la literatura por la puerta de atrás. Escritor, humorista y dibujante, para el "negro" -hincha acérrimo de Rosario Central- el fútbol precede a la literatura: "Posiblemente todas las horas que dediqué a ver fútbol o ir a la cancha, los intelectuales más serios las ocuparon leyendo. Ellos elegían a Tolstoi mientras yo leía "El Gráfico", gracias a lo cual se ha convertido en un referente fundamental de las letras del fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según Osvaldo Soriano, el penal más largo del mundo se tiró en 1958, un domingo por la tarde en un estadio vacío. Después de la insólita racha ganadora de un equipo menor, durante la final, el árbitro cobra un penal inexistente y un defensa lo duerme de un solo combo. El partido se suspende a 20 segundos del final. El penal se tira el domingo siguiente, el arquero ataja y logra el campeonato para el equipo menor. Se trata de uno de los mejores cuentos de fútbol escritos por "el gordo" Soriano, hincha de San Lorenzo, quien murió en 1997, a los 54 años, "todavía rehaciendo los goles que no hice", dos años después de que su equipo saliera campeón por primera vez en 21 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan Villoro y Javier Marías se encuentran en dos extremos opuestos: mientras el mexicano se declara hincha del Necaxa, al cual define como "un equipo que considera que ganar títulos es una vulgaridad y prefiere jugar como una forma del arte por el arte", el español es de corazón blanco y su equipo, el Real Madrid, no sólo lo ha ganado todo, sino que dispone de un manada de halcones para combatir a las palomas del Santiago Bernabeu. Lo que ambos comparten es su irrestricta devoción al juego: Marías lo califica como "la recuperación semanal de la infancia", mientras que Villoro ha llevado su pasión al extremo de armar equipos en base a escritores (ver recuadro) e incluso a partir de jarabes para la tos: "Donde la más temible media cancha estaría integrada por los contundentes Robitussin, Breacol y Zorritón". El mismo Villoro, ya en el terreno de la realidad, logra resumir, en una sola frase, el sentir de todos: jugadores, entrenadores e hinchas, sean o no escritores: "Cuando los suyos pisan el pasto, el mundo, el balón y la mente son una y la misma cosa. Dios es redondo y bota en forma inesperada".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UN "DREAM TEAM" DE ESCRITORES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por JUAN VILLORO&lt;br /&gt;"El portero tiene que ser Borges; longevo y meditabundo, que entienda el área como un Aleph. En la defensiva se necesita gente sólida que recupere las pelotas lanzadas por los otros: Tolstoi y Víctor Hugo son una contundente pareja de centrales, con dilatada salida al frente. Conviene tener laterales de rabiosa inspiración: Nabokov por la derecha; Camus por la izquierda. El medio escudo trabaja en detalle y por acumulación: Henry James es perfecto. Un medio táctico requiere de una inspiración tan artificiosa y continua que debe admitir las causas perdidas como un impulso: Conrad es gran timonel. El medio ofensivo ataca los temas pero juzga que los otros son más importantes que él: Graham Greene se prodiga con generosidad en todos los terrenos que visita. En el extremo izquierdo se necesita a un artista de lo improbable: César Vallejo para partidos con lluvia, Saint-John Perse para un sol radiante. El centrodelantero debe ser un autor de aforismos: Lichtenberg es el mejor hombre del instante. El extremo derecho logra prodigios en una zona restringida: su nombre es Chéjov. El entrenador ideal, jugador torpe y atleta de la mente, es Paul Valéry. El equipo juega con un 4-3-3, anacronismo que lo hace más literario que real".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revista &lt;i&gt;Qué Pasa&lt;/i&gt;, 4 de febrero de 2005&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-2924788200545665051?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/2924788200545665051/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=2924788200545665051' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2924788200545665051'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2924788200545665051'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/literatura-redonda.html' title='Literatura redonda'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcQZrkshaI/AAAAAAAAAMw/LLHPtqf5y9U/s72-c/redonda.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-4965785230803837777</id><published>2008-08-16T12:56:00.003-04:00</published><updated>2010-01-28T16:23:10.054-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Eduardo Galeano'/><title type='text'>El fútbol a sol y sombra</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcLUZREAhI/AAAAAAAAAMo/HRdrh8PJvWY/s1600-h/e_galeano.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235165536849232402" src="http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcLUZREAhI/AAAAAAAAAMo/HRdrh8PJvWY/s320/e_galeano.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por EDUARDO GALEANO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL JUGADOR&lt;br /&gt;Corre, jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina. El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar. Los empresarios lo compran, lo venden, los prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está. Sometido a disciplina militar, sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y se somete a los bombardeos de analgésicos y las infiltraciones de cortisona que olvidan el dolor y mienten la salud. Y en las vísperas de los partidos importantes, lo encierran en un campo de concentración donde cumple trabajos forzados, come comidas bobas, se emborracha con agua y duerme solo. En los otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta años. Los músculos se cansan temprano: - Éste no hace un gol ni con la cancha en bajada. - ¿Éste? Ni aunque le aten las manos al arquero. O antes de los treinta, si un pelotazo lo desmaya de mala manera, o la mala suerte le revienta un músculo, o una patada le rompe un hueso de esos que no tienen arreglo. Y algún mal día el jugador descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también. La fama, señora fugaz, no le ha dejado ni una cartita de consuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ARQUERO&lt;br /&gt;También lo llaman portero, guardameta, golero, cancerbero o guardavallas, pero bien podría ser llamado mártir, paganini, penitente o payaso de las bofetadas. Dicen que donde él pisa, nunca más crece el césped. Es un solo. Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Antes vestía de negro, como el árbitro. Ahora el árbitro ya no está disfrazado de cuervo y el arquero consuela su soledad con fantasías de colores. Él no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace. Lleva a la espalda el número uno. ¿Primero en cobrar? Primero en pagar. El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es él: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo una lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos. Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ÍDOLO&lt;br /&gt;Y un buen día la diosa del viento besa el pie del hombre, el maltratado, el despreciado pie, y de ese beso nace el ídolo del fútbol. Nace en una cuna de paja y choza de lata y viene al mundo abrazado a una pelota. Desde que aprende a caminar, sabe jugar. En sus años tempranos alegra los potreros, juega que te juega en los andurriales de los suburbios hasta que cae la noche y ya no se ve la pelota, y en sus años mozos vuela y hace volar en los estadios. Sus artes malabares convocan multitudes, domingo tras domingo, de victoria en victoria, de ovación en ovación. La pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita. En el pecho de su pie, ella descansa y se hamaca. Él le saca lustre y la hace hablar, y en esa charla de dos conversan millones de mudos. Los nadies, los condenados a ser por siempre nadies, pueden sentirse álguienes por un rato, por obra y gracia de esos pases devueltos al toque, esas gambetas que dibujan zetas en el césped, esos golazos de taquito o de chilena: cuando juega él, el cuadro tiene doce jugadores. - ¿Doce? ¡Quince tiene! ¡Veinte! La pelota ríe, radiante, en el aire. Él baja, la duerme, la piropea, la baila, y viendo esas cosas jamás vistas sus adoradores sienten piedad por sus nietos aún no nacidos, que no las verán. Pero el ídolo es ídolo por una rato nomás, humana eternidad, cosa de nada; y cuando al pie de oro le llega la hora de la mala pata, la estrella ha concluido su viaje desde el fulgor hasta el apagón. Está ese cuerpo con más remiendos que traje de payaso, y ya el acróbata es un paralítico, el artista una bestia: -¡Con la herradura no! La fuente de la felicidad pública se convierte en el pararrayos del público rencor: - ¡Momia! A veces el ídolo no cae entero. Y a veces, cuando se rompe, la gente le devora los pedazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL HINCHA&lt;br /&gt;Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos. Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música. Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL FANÁTICO&lt;br /&gt;El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua. El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar. En estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla. La sola existencia del hincha del otro club constituye una provocación inadmisible. El Bien no es violento, pero el Mal lo obliga. El enemigo, siempre culpable, merece que le retuerzan el pescuezo. El fanático no puede distraerse, porque el enemigo acecha por todas partes. También está dentro del espectador callado, que en cualquier momento puede llegar a opinar que el rival está jugando correctamente, y entonces tendrá su merecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL GOL&lt;br /&gt;El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna. Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos. El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco. El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL DIRECTOR TÉCNICO&lt;br /&gt;Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas. El entrenador decía: Vamos a jugar. El técnico dice: Vamos a trabajar. Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del fútbol en el siglo veinte, es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1. pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda, pero después, no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ellas elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad. Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite. Más bien la televisión se complace exhibiendo la crispación en el rostro del técnico, y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien puedira entenderlas. Los periodistas lo acribillan en la conferencia de prensa, cuando el encuentro termina. El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas: Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia». La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita: ¡No te mueras nunca! Y el Domingo que viene lo invita a morirse. El cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL LENGUAJE DE LOS DOCTORES DEL FÚTBOL&lt;br /&gt;Vamos a sintetizar nuestro punto de vista, formulando una primera aproximación a la problemática táctica, técnica y física del cotejo que se ha disputado esta tarde en el campo del Unidos Venceremos Fútbol Club, sin caer en simplificaciones incompatibles con un tema que sin duda nos está exigiendo análisis más profundos y detallados y sin incurrir en ambigüedades que han sido, son y serán ajenas a nuestra prédica de toda una vida al servicio de la afición deportiva. Nos resultaría cómodo eludir nuestra responsabilidad atribuyendo el revés del once locatario a la discreta performance de sus jugadores, pero la excesiva lentitud que indudablemente mostraron en la jornada de hoy a la hora de devolucionar cada esférico recepcionado no justifica de ninguna manera, entiéndase bien, señoras y señores, de ninguna manera, semejante descalificación generalizada y por lo tanto injusta. No, no y no. El conformismo no es nuestro estilo, como bien saben quienes nos han seguido a lo largo de nuestra trayectoria de tantos años, aquí en nuestro querido país y en los escenarios del deporte internacional e incluso mundial, donde hemos sido convocados a cumplir nuestra modesta función. Así que vamos a decirlo con todas las letras, como es nuestra costumbre: el éxito no ha coronado la potencialidad orgánica del esquema de juego de este esforzado equipo porque lisa y llanamente sigue siendo incapaz de canalizar adecuadamente sus expectativas de una mayor proyección ofensiva hacia el ámbito de la valla rival. Ya lo decíamos el Domingo próximo pasado y así lo afirmamos hoy, con la frente alta y sin pelos en la lengua, porque siempre hemos llamado al pan pan y al vino vino y continuaremos denunciando la verdad, aunque a muchos les duela, caiga quien caiga y cueste lo que cueste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;OBDULIO&lt;br /&gt;Yo era chiquilín y futbolero, y como todos los uruguayos estaba prendido a la radio, escuchando la final de la Copa del Mundo. Cuando la voz de Carlos Solé me transmitió la triste noticia del gol brasileño, se me cayó el alma al piso. Entonces recurrí al más poderoso de mis amigos. Prometí a Dios una cantidad de sacrificios a cambió de que Él se apareciera en Maracaná y diera vuelta el partido. Nunca conseguí recordar las muchas cosas que había prometido, y por eso nunca pude cumplirlas. Además, la victoria de Uruguay ante la mayor multitud jamás reunida en un partido de fútbol había sido sin duda un milagro, pero el milagro había sido más bien obra de un mortal de carne y hueso llamado Obdulio Varela. Obdulio había enfriado el partido, cuando se nos venía encima la avalancha, y después se había echado el cuadro entero al hombro y a puro coraje había empujado contra viento y marea. Al fin de aquella jornada, los periodistas acosaron al héroe. Y él no se golpeó el pecho proclamando que somos los mejores y no hay quien pueda con la garra charrúa: —Fue casualidad —murmuró Obdulio, meneando la cabeza. Y cuando quisieron fotografiarlo, se puso de espaldas. Pasó esa noche bebiendo cerveza, de bar en bar, abrazado a los vencidos, en los mostradores de Río de Janeiro. Los brasileños lloraban. Nadie lo reconoció. Al día siguiente, huyó del gentío que lo esperaba en el aeropuerto de Montevideo, donde su nombre brillaba en un enorme letrero luminoso. En medio de la euforia, se escabulló disfrazado de Humphrey Bogart, con un sombrero metido hasta la nariz y un impermeable de solapas levantadas. En recompensa por la hazaña, los dirigentes del fútbol uruguayo se otorgaron a sí mismos medallas de oro. A los jugadores les dieron medallas de plata y algún dinero. El premio que recibió Obdulio le alcanzó para comprar un Ford del año 31, que fue robado a la semana.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-4965785230803837777?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/4965785230803837777/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=4965785230803837777' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/4965785230803837777'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/4965785230803837777'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/el-ftbol-sol-y-sombra.html' title='El fútbol a sol y sombra'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcLUZREAhI/AAAAAAAAAMo/HRdrh8PJvWY/s72-c/e_galeano.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-2947216410035451539</id><published>2008-08-16T12:46:00.003-04:00</published><updated>2010-01-28T11:54:52.084-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mario Benedetti'/><title type='text'>Puntero izquierdo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcFC6yQcmI/AAAAAAAAAMg/iGjNb3tPFLg/s1600-h/benedetti.jpg"&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235158639539417698" src="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcFC6yQcmI/AAAAAAAAAMg/iGjNb3tPFLg/s320/benedetti.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por MARIO BENEDETTI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios. Y si no acordate del campito del Astral, donde mataron a la vieja Ulpiana. Los años que estuvo hinchándola desde el alambrado y, la fatalidad, justo esa tarde, no pudo disparar por la uña encarnada. Y si no acordate de aquella canchita de mala muerte, creo que la del Torricelli, donde le movieron el esqueleto al pobre Cabeza, un negro de mano armada, puro pamento, que ese día le dio la loca de escupir cuando ellos pasaban con la bandera. Y si no acordate de los menores de Cuchilla Grande, que mandaron al nosocomio al back del Catamarca, y todo porque le habían hecho al capitán de ellos la mejor jugada recia de la tarde. No es que me arrepienta, ¿sabés? de estar aquí en el hospital, se lo podés decir con todas las letras a la barra del Wilson. Pero para poder jugar más allá de Propios hay que tenerlas bien puestas. ¿O qué te parece haber ganado aquella final contra el Corrales, jugando nada menos que nueve contra once? Hace ya dos años y me parece ver al Pampa, que todavía no había cometido el afane pero lo estaba germinando, correrse por la punta y escupir el centro, justo a los cuarenta y cuatro de la segunda etapa, y yo que la veo venir y la coloco tan al ángulo que el golerito no la pudo ni pellizcar y ahí quedó despatarrado, mandándose la parte porque los de Progreso le habían echado el ojo. ¿O qué te parece haber aguantado hasta el final en la cancha del Deportivo Yi, donde ellos tenían el juez, los línema y una hinchada piojosa que te escupía hasta en los minutos adicionados por suspensiones de juego, y eso cuando no entraban al fiel y te gritaban: ¡Yi! ¡Y¡! ¡Yi! como si estuvieran llorando, pero refregándole de paso el puño por la trompa? Y uno haciéndose el etcétera porque si no te tapaban. Lo que yo digo es que así no podemos seguir. 0 somos amater o somos profesional. Y si somos profesional que vengan los fasules. Aquí no es el Estadio, con protección policial y con esos mamitas que se revuelcan en el área sin que nadie los toque. Aquí si te hacen un penal no te despertás hasta el jueves a más tardar. Lo que está bien. Pero no podés pretender que te maten y después ni se acuerden de vos. Yo sé que para todos estuve horrible y no preciso que me pongas esa cara de Rosigna y Moretti. Pero ni vos ni don Amílcar entienden ni entenderán nunca lo que pasa. Claro, para ustedes es fácil ver la cosa desde el alambrado. Pero hay que estar sobre el pastito, allí te olvidás de todo, de las instrucciones del entrenador y de lo que te paga algún mafloso. Te viene una cosa de adentro y tenés que llevar la redonda. Lo ves venir al jalva con su carita de rompehueso y sin embargo no podés dejársela. Tenés que pasarlo, tenés que pasarlo siempre, como si te estuvieran dirigiendo por control remoto. Si te digo que yo sabía que esto no iba a resultar, pero don Amílcar que empieza a inflar y todos los días a buscarme a la fábrica. Que yo era un puntero izquierdo de condiciones, que era una lástima que ganara tan poco, y que cuando perdiéramos la final él me iba arreglar el pase para el Everton. Ahora vos calculá lo que representa un pase para el Everton, donde además de don Amílcar que después de todo no es más que un cafisho de putas pobres, está nada menos que el doctor Urrutia, que ése sí es Director de Ente Autónomo y ya colocó en Talleres al entreala de ellos. Especialmente por la vieja, sabés, otra seguridad, porque en la fábrica ya estoy viendo que en la próxima huelga me dejan con dos manos atrás y una adelante. Y era pensando en esto que fui al café Industria a hablar con don Amílcar. Te aseguro que me habló como un padre, pensando, claro, que yo no iba a aceptar. A mí me daba risa tanta delicadeza. Que si ganábamos nosotros iba a ascender un club demasiado díscolo, te juro que dijo díscolo, y eso no convenía a los sagrados intereses del deporte nacional. Que en cambio el Everton hacía dos años que ganaba el premio a la corrección deportiva y era justo que ascendiera otro escalón. En la duda, atenti, pensé para mi entretela. Entonces le dije el asunto es grave y el coso supo con quien trataba. Me miró que parecía una lupa y yo le aguanté a pie firme y le repetí que el asunto es grave. Ahí no tuvo más remedio que reírse y me hizo una bruta guiñada y que era una barbaridad que una inteligencia como yo trabajase a lo bestia en esa fábrica. Yo pensé te clavaste la foja y le hice una entradita sobre Urrutia y el Ente Autónomo. Después, para ponerlo nervioso, le dije que uno también tiene su condición social. Pero el hombre se dio cuenta que yo estaba blando y desembuchó las cifras. Graso error. Allí no más le saqué sesenta. El reglamento era éste: todos sabían que yo era el hombre gol, así que los pases vendrían a mí como un solo hombre. Yo tenía que eludir a dos o tres y tirar apenas desviado o pegar en la tierra y mandarme la parte de la bronca. El coso decía que nadie se iba a dar cuenta que yo corría pa los italianos. Dijo que también iban a tocar a Murias, porque era un tipo macanudo y no lo tomaba a mal. Le pregunté solapadarnente si también Murias iba a entrar en Talleres y me contestó que no, que ese puesto era diametralmente mío. Pero después en la cancha lo de Murias fue una vergüenza. El pardo no disimuló ni medio: se tiraba como una mula y siempre lo dejaban en el suelo. A los veintiocho minutos ya lo habían expulsado porque en un escrimaye le dio al entreala de ellos un codazo en el hígado. Yo veía de lejos tirándose de palo a palo al meyado Valverde que es de esos idiotas que rechazan muy pitucos cualquier oferta como la gente, y te juro por la vieja que es un amater de órdago, porque hasta la mujer, que es una milonguita, le mete los cuernos en todo sector. Pero la cosa es que el meyado se rompía y se le tiraba a los pies nada menos que a Bademian, ese armenio con patada de burro que hace tres años casi mata de un tiro libre al golero del Cardona. Y pasa que te contaglás y sentís algo dentro y empezás a eludir y seguís haciendo dribles en la línea del córner como cualquier mandrake y no puede ser que con dos hombres menos (porque al Tito también lo echaron, pero por bruto) nos perdiéramos el ascenso. Dos o tres veces me la dejé quitar, pero, ¿sabés?, me daba un dolor bárbaro porque el jalva que me marcaba era más malo que tomar agua sudando y los otros iban a pensar que yo había disminuido mi estándar de juego, Allí el entrenador me ordenó que jugara atrasado para ayudar a la defensa y yo pensé que eso me venía al trome porque jugando atrás ya no era el hombre-gol y no se notaría tanto si tiraba como la mona. Así y todo me mandé dos boleos que pasaron arañando el palo y estaba quedando bien con todos. Pero cuando me corrí y se la pasé al ñato Silveira para que entrara él y ese tarado me la pasó de nuevo, a mí que estaba solo, no tuve más remedio que pegar en la tierra porque si no iba a ser muy bravo no meter el gol. Entonces mientras yo hacía que me arreglaba los zapatos el entrenador me gritó a lo Tittarufo: «¿Qué tenés en la cabeza? ¿Moco?» Esto, te juro, me tocó aquí adentro, porque yo no tengo moco y si no preguntale a don Amílcar, él siempre dijo que soy un puntero inteligente porque juego con la cabeza levantada. Entonces ya no vi más, se me subió la calabresa y le quise demostrar al coso ése que cuando quiero sé mover la guinda y me saqué de encima a cuatro o cinco y cuando estuve solo frente al golero le mandé un zapatillazo que te lo vogliodire y el tipo quedó haciendo sapitos pero exclusivamente a cuatro patas. Miré hacia el entrenador y lo encontré sonriente como aviso de R'der y recién entonces me di cuenta que me había enterrado hasta el ovario. Los otros me abrazaban y gritaban: «¡Pa los contras!», y yo no quería dirigir la visual hacia donde estaba don Amílcar con el doctor Urrutia, o sea justo en la banderita de mi córner, pero en seguida empezó a ¡legarme un kilo de putiadas, en las que reconocí el tono mezzosoprano del delegado y la ronquera con bíter de mi fuente de recursos. Allí el partido se volvió de trámite intenso porque entró la hinchada de ellos y le llenaron la cara de dedos a más de cuatro. A mí no me tocaron porque me reservaban de postre. Después quise recuperar puntos y pasé a colaborar con la defensa, pero no marcaba a nadie y me pasaban otros. Dificil, dijo Cañete, la enfermera que me trata como al rey Farú y que tiene como ya lo habrás jalviado, su bruta plataforma electoral, dice que tengo para un semestre. Por ahora no está mal, porque ella me sube aúpa para lavarme ciertas ocasiones y yo voy disfrutando con vistas al futuro. Pero la cosa va a ser después; el período de pases ya se acaba, sintetizando, que estoy colgado. En la fábrica ya le dijeron a la vieja que ni sueñe que me vayan a esperar. Así que no tendré más remedio que bajar el cogote y apersonarme con ese chitrulo de Urrutia, a ver si me da el puesto en Talleres como me había prometido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extraído de &lt;em&gt;Montevideanos&lt;/em&gt; (1959).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-2947216410035451539?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/2947216410035451539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=2947216410035451539' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2947216410035451539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2947216410035451539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/puntero-izquierdo.html' title='Puntero izquierdo'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKcFC6yQcmI/AAAAAAAAAMg/iGjNb3tPFLg/s72-c/benedetti.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-294528683856328889</id><published>2008-08-16T04:55:00.002-04:00</published><updated>2010-01-27T10:57:05.868-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Villoro'/><title type='text'>El mar interrumpido</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeTWtLLxHI/AAAAAAAAANQ/D2QMQf2si0s/s1600-h/j_villoro.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5235315110134400114" src="http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeTWtLLxHI/AAAAAAAAANQ/D2QMQf2si0s/s320/j_villoro.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Por JUAN VILLORO&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; Transcripción del discurso de Juan Villoro pronunciado el lunes 19 de febrero de 2007 en el Palau de la Generalitat tras recibir el Premio de Periodismo Vázquez Montalbán.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; (En Català)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; Bona nit&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Em plau molt poder parlar davant de les autoritats de Catalunya i del FC Barcelona, així mateix com els membres del Col·legi de Periodistes, la Fundació FC Barcelona i el cònsul general de Mèxic.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Faré servir la llengua d"un barcelonista de Mèxic. (aplaudiments)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; (En castellano)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; El mar interrumpido.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;¿Qué le interesa a un hombre? ¿Qué resortes ocultos animan sus pasiones? La literatura es una exploración de la vida ilusoria. Las estrategias con que el entusiasmo consigue su tributo o desemboca en el sótano del desasosiego. No hay historias sin emociones y no es casual que los escritores dirijan su mirada a los estadios. La forma de la pasión mejor repartida en el planeta es el fútbol. Durante el pasado Mundial de Alemania, Kofi Annan, entonces secretario general de las Naciones Unidas, publicó un artículo en The Guardian donde decía que enviada a Joseph Blatter por conducir un organismo internacional más exitoso que el suyo. La FIFA tiene más agremiados que la ONU y además le hacen caso.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Espejo de las sociedades, el fútbol cuenta con todas clases de testigos dispuestos a desentrañar los beneficios y vilezas que desata. Sin embargo, fue necesario un largo proceso de aculturación para entender que se trataba de una actividad que se merecía ser abordada por escrito. Descartado en un principio como una rústica manera de perder el tiempo, el fútbol tuvo sus evangelistas iniciales en la crónica deportiva. Durante décadas, los poetas y los novelistas, se abstuvieron de marchar sus botines con el lodo de las canchas. Manuel Vázquez Montalbán fue un pionero esencial para entender la sustancia narrativa que recorría las tribunas, convencido de que los partidos no sólo se disputan en el césped sino en la mente de los aficionados, se ocupó de las relaciones peligrosas entre el deporte de masas y la política, el supermercado planetario donde los dioses llevan camisetas numeradas, las inagotables razones que hacen que el Barça sea más que un club.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Gracias a él sabemos que un partido mediocre puede ser más divertido al discutirse y nada engrandece tanto la gesta como la suspicacia. Cito a Vázquez Montalbán: "Lo que más nos gusta en el mundo a los catalanes es que los penaltis que nos pitan, sean futbolísticos o históricos, al menos sean discutibles o sospechosos". El fútbol es un sistema de supersticiones y Vázquez Montalbán, culé ejemplar, llegó a identificar el bloqueo del escritor con el archienemigo: "Mi mente está en blanco, ese color horroroso".&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Recibir un premio que lleva su nombre genera la desmedida sensación de haber sido fichado por un club superior. La literatura es una actividad famosamente solitaria. Agradezco al jurado la ilusión que ha creado para mi, la de pertenecer a un dream team conjetural entrenado por Vázquez Montalbán, donde, ya puestos a exagerar, me gustaría aportar el número 4 de Pep Guardiola y Rafa Márquez.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Escoger un equipo es una forma de decidir el destino. Hay estoicos que deben su temple a apoyar un club impredecible y masoquistas que se quejan de que los suyos no pierdan lo suficiente. La satisfacción de estar aquí tiene que ver con el club al que apoyo, con una pasión más literaria que futbolística.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;El primer regalo que recibí en mi vida fue un llavero con el escudo blaugrana. Mi padre nació en Barcelona. Vivió aquí hasta los diez años y emigró a Méjico en 1932. De niño atesoró con fervor algunas cosas de su ciudad perdida. El parque de la Ciutadella, las aceras con lado de mar y lado de montaña, el equipo que salta al campo con los colores del hombre araña. Me hice del Barça por extensión, como quien adquiere un mundo de fantasmas. En aquel tiempo anterior a la televisión satelital, muy de vez en cuando llegaban noticias de ése equipo. A principios de los años 60, vi al Barcelona de Cayetano Re, en su gira por Méjico. Y en 1969 a los 12 años fui con mi padre al Camp Nou a un derby contra el Real Madrid que en mi memoria terminó 3-3 con un golazo de Charly Reixac.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;No es fácil explicar lo que un equipo representa para la gente del exilio. Se trata más de una entidad soñada, hecha de idealizaciones que de una escuadra que decide marcadores. Cuando la televisión comenzó a transmitir vía satélite, los culés de Méjico nos sorprendimos de que nuestro club existiera. A sus tareas de resistencia cultural, el Orfeó Català agregó una sala con pantalla gigante. Gracias a la oportuna diferencia de horarios en Méjico, los partidos europeos coinciden con el almuerzo. Y el Orfeó Català creó una burbuja ajena a la geografía donde el fútbol se disfrutaba con butifarras y setas vernáculas que el entusiasmo transformaba en rovellons. También las bebidas seguían esta mezcla de realidades. Recuerdo la tarde infausta en que derramamos nuestra pequeña botella de Vichy y estuvimos a punto de chupar las burbujas en el mantel como un preciado elixir.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Las identidades dependen de valores compartidos voluntariamente. Pocas han sido tan ruidosas y ajenas a los obstáculos de la evidencia como la de los barcelonistas de Méjico. Esta lealtad fue sembrada por el propio Barcelona en nuestro país. Durante la Guerra Civil, el president de la Generalitat, Lluís Companys, promovió una gira para que el equipo pudiera seguir jugando y mantuviera activo el espíritu de una nación. La mayoría de los jugadores titulares se quedaron en Méjico y se convirtieron en figuras decisivas de nuestro fútbol. Otros jugadores se exiliaron en Francia. Sólo algunos suplentes y el masajista, el imperturbable Àngel Mur Navarro, se embarcaron de regreso con la idea de superar el juego a orillas del Mediterráneo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Muchas veces he pensado en los viajes que se cruzaron en ese tiempo. El Barça que volvía era el club más pobre del mundo. En rigor, dependía de un masajista y una esponja. Mientras tanto, en otros barcos huían los aficionados que no volverían a ver a su equipo. Tal vez a la gente como mi padre, el fútbol le interesaría menos si no viniera de una pérdida. En tiempos de bonanza conviene recordar que, a veces, las ilusiones son preservadas por quienes parecen haber perdido el derecho a ellas. Este es el legado que Barcelona puede recibir de su orilla latinoamericana. Compartimos el mismo mar interrumpido por la historia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;La primera gran fábula del Mediterráneo, la Odisea, narra un regreso. Es una emoción muy especial estar esta noche en la Generalitat de Catatalunya. Que yo vuelva a Barcelona es en cierta forma previsible, pues aquí he encontrado una segunda casa. Pero el motivo resulta excepcional. En sus mejores días, el fútbol permite volver a la infancia. Dedico este premio a la persona que me inculcó la pasión por el juego y los anhelos que representa. El niño que salió de esta ciudad a los diez años con un talismán para afianzarse a su tierra, un llavero del FC Barcelona.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.....&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Moltes gràcies!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color: white;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times&amp;quot;, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-294528683856328889?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/294528683856328889/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=294528683856328889' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/294528683856328889'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/294528683856328889'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/el-mar-interrumpido.html' title='El mar interrumpido'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKeTWtLLxHI/AAAAAAAAANQ/D2QMQf2si0s/s72-c/j_villoro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-3527954855267728603</id><published>2008-08-16T00:07:00.003-04:00</published><updated>2010-01-28T12:20:03.294-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Francisco Mouat'/><title type='text'>Nino Landa que estás en los cielos</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZUWiWu1NI/AAAAAAAAAMY/UxWGVkkwDjE/s1600-h/f_mouat.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5234964363020784850" src="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZUWiWu1NI/AAAAAAAAAMY/UxWGVkkwDjE/s320/f_mouat.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por FRANCISCO MOUAT&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay vuelta: al destino le agradan las coincidencias, las repeticiones. Honorino Landa sólo confirmó la sentencia. Finteó con la muerte, gozó haciéndole sombreritos y uno que otro túnel, hasta intentó una pared corta en plena área chica para esquivarla. No pudo: se estrelló definitiva, dolorosamente con ella el 30 de mayo de 1987, tendido en una cama del Hospital Barros Luco, a las cinco de la tarde, las mismas cinco de la tarde del 30 de mayo de 1962, cuando Nino Landa dio el puntapié inicial del Mundial de Chile, a la Copa Jules Rimet, con las medias gachas, el jopo en la frente, las piernas gruesas y el gol a exactos cincuenta metros de su mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo de Nino fue un pacto de amor con la pelota de fútbol, un encantamiento sin dobleces. De pequeño, cuando vivía interno en el Hispanoamericano, el menor de los Landa se divertía muchísimo con una bola en los pies a lo largo y a lo ancho de cualquier patio del colegio. Entre rezos y confesiones, los curas no tardaron en darse cuenta de que este muchacho tenía dotes excepcionales para el fútbol. Apenas acabó las humanidades lo llevaron a Unión Española con la certeza de que a Dios jamás se le ocurriría vetar esa decisión tan mundana como celestial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debutó en primera división en 1959 contra O’Higgins de Rancagua: tres veces metió la pelota en el arco de los contrarios. Ya nadie lo supo detener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Félix Landa, hermano: “Hay tres clases de futbolistas: el rápido, el hábil y el inteligente. Nino tenía las tres características: muy rápido, muy hábil y muy inteligente. Por eso yo digo que es lejos el jugador más dotado que ha tenido el fútbol chileno”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, Honorino se encontró con que era un joven de sólo diecinueve años al que la hinchada quería y celebraba porque era un gusto ver sus piques cortos, su manera cantinflesca de correr con la pelota imantada en el botín derecho que mareaba defensas, defensas irresolutos y desesperados que no podían adivinar si Nino trazaría líneas rectas o dibujaría cabriolas sobre el pasto de la cancha de turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosa Trepiana, cuñada: “Era un bailarín, una cosa impresionante cómo finteaba y corría y finteaba. Cuando metía un gol, todo el estadio aplaudía de pie sus genialidades”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinticuatro tantos marcó Honorino en el campeonato nacional de 1961: goleador absoluto del torneo. Fernando Riera, entrenador de la selección chilena, no tuvo dudas: Landa llevaría la número 9 en el Mundial del 62. Al compás de Los Ramblers, del rock de la fiesta universal del deporte y el balón, Nino salió a la cancha y enfrentó a los suizos, alemanes, italianos, soviéticos y brasileños. No marcó un solo gol en el todo Mundial, y le dieron duro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Honorino Landa: “No fracasé. Había que estar adentro, en la cancha, para comprender lo difícil que era enfrentar a las defensas europeas. Les aseguro que en los partidos con Alemania e Italia recibí más golpes que en dos años de campeonato local. Y eso habría sido lo de menos si después del quiscazo el camino se hubiese abierto, pero no se abrió. Lo importante en un equipo no es quién haga el gol, sino que se haga”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de esa sequía goleadora, el teléfono de su casa debió desconectarse durante y después del Mundial porque había mujeres que llamaban a Nino todo el día para ofrecerle citas con romance incluido, mientras se llenaban bolsas y más bolsas con cartas de fans que le confesaban admiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía Montenegro, secretaria: “Estupendo. Crespo, dientes lindos, piernas viriles, regio, rico. En mi pieza tenía afiches de Honorino Landa. Iba con mis amigas al estadio nada más que para verlo. A otras les gustaba Fouillioux, pero a mí no; muy blancuchento. Landa era de comérselo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una fiesta en la cancha, Nino. Un deleite. Al arquero Pancho Fernández le bajaba los pantalones. Al Palitroque Rodenack le quitaba el gorro y salía con él arrancando por toda la cancha. A Colo Colo, en una Copa Libertadores, le metió un golazo y luego se fue por la pista de ceniza del estadio Nacional con la pelota dribleando carabineros ante el delirio de las tribunas: “Lo único que quería era hacer jugar a los pacos”, explicó más tarde. A Manuel Cuesta, legendario presidente de la rama de fútbol de Unión Española, le robó el vaso en que guardaba su ojo de vidrio: “estaba ahí, delante de mí, flotando, y uno no podía dejar de mirarlo. Después se lo devolví”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Honorino Landa: “Mi desplante tiene mucho de afición a jugarme carriles, a desafiar incluso la lógica sin pensar mucho en las consecuencias. No me tomo el fútbol a la tremenda. Ni tan adentro que te quemes, ni tan afuera que te hieles. La verdad es que yo no puedo tomar nada a la desesperada. No está en mi. Me siguen cargando los tontos graves, los que no saben ponerle un poquito de pimienta a las cosas. Por ejemplo, jugar a canillas peladas obliga a aguzar el ingenio para eludir los raspones. Por último, nadie es tan malo que le vaya a dar un quiscazo a una pierna desnuda sin pensarlo dos veces”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las gracias y el talento de Nino se repartieron luego entre el Mundial del 66 (se perdió un gol increíble contra Corea), Green Cross, Huachipato, La Serena, Magallanes, Aviación y Unión Española. Abandonó el fútbol activo en 1975. Fumaba Lucky sin filtro. Jamás se desentendió de la pelota. Hizo un curso de entrenador y trabajó con sus hermanos en el criadero de pollos Navarra, bautizado asó en homenaje a la región hispana desde donde zarpó su padre hacia Chile a mediados de los treinta. Fue director técnico de las divisiones inferiores y del primer equipo de Unión Española, y más adelante jugó con sus amigos de barrio defendiendo los colores del club Tato Rojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A fines del año 86 asomó el cáncer. Fulminante. Asunto de siete meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendido en una cama del hospital Barros Luco, Honorino Landa murió el 30 de mayo de 1987 a las cinco de la tarde en punto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos lloraron a Nino. En el estadio Santa Laura, en el preludio de un partido entre Universidad Católica y Everton hubo silencio durante un minuto. Y después un gran aplauso. Jota Eme resumió el sentimiento de los hinchas: “Este es nuestro último aplauso para ti, crack, crack, crack”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cementerio llegó una enorme columna. Allí estaban su canoso y octogenario profesor de castellano, el vendedor de calugas de Santa Laura, los compañeros del Mundial del 62. Tristes, todos ellos avanzaron en silencio tras la urna de Nino mientras una trompeta ejecutaba “Yo tenía un camarada”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no más malabares. Ya no más verónicas a la entrada del área.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Félix Landa: “No podemos despedirnos de ti. No vamos a despedir la costumbre del gol”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio Martínez: “Honorino cultivó una relación muy singular con la pelota del fútbol. Con ella hacía el tuya y mía; no la molestaba, no la estorbaba, la galanteaba. Era como su amante”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el libro &lt;i&gt;Nuevas cosas del fútbol&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Ediciones B, Santiago, 2002.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-3527954855267728603?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/3527954855267728603/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=3527954855267728603' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3527954855267728603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/3527954855267728603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/nino-landa-que-ests-en-los-cielos.html' title='Nino Landa que estás en los cielos'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZUWiWu1NI/AAAAAAAAAMY/UxWGVkkwDjE/s72-c/f_mouat.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-2842690342709608281</id><published>2008-08-15T23:53:00.004-04:00</published><updated>2010-01-28T12:42:41.873-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Roberto Fontanarrosa'/><title type='text'>¡Hasta siempre, señor árbitro!</title><content type='html'>&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5234961346629228850" src="http://4.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZRm9a8WTI/AAAAAAAAAMQ/qwk8m_7uSRQ/s320/fontanarrosa.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ROBERTO FONTANARROSA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los 73.000 espectadores que concurrieron el 15 de enero de 1988 al Duisburg Stadium de Oberhausen no pudieron dejar de apreciar que entre los protagonistas del espectáculo había significativas ausencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.....Y no se trataba, por cierto, de que el Ruhr 214 no alistara entre sus filas a Hans "Caperucita" Gfrörer, o bien que entre los fervorosos "barqueros" del Postfach no estuviese Fritz, "El talabartero" Kiepenheuer. Lisa y llanamente, lo que brillaba por su ausencia aquella tarde en el Duisburg Stadium era el público, dado que, la "Effektivaterien Ballönem Helveticen" había anunciado el match como una prueba piloto de un nuevo sistema de "referato a distancia". Efectivamente, a escasos cien metros del coqueto estadio de Oberhausen, los concurrentes podían advertir una misteriosa construcción de cemento, de forma tubular, que alcanzaba la respetable altura de 75 metros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta torre no representaba ventaja alguna, y más podía confundirse con un monumento moderno, o con alguna reminiscencia emblemática de la majestuosidad nazi que con lo que verdaderamente era: la central computarizada de control desde donde se dirigía el encuentro. Los curiosos asistentes al match tampoco podían adivinar que, bajo sus pies, una intrincada maraña de cables, sensores electrónicos, filamentos inalámbricos y terminales computadorizadas, unían el estadio propiamente dicho con la torre de referato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de la torre, a una altura de 50 metros sobre el nivel del piso, se encuentra la nave central, a la cual se accede mediante el servicio de tres elevadores, uno para el árbitro y los restantes para ambos jueces de línea. Quien entra allí, a ese vasto recinto privado de luz natural y arrullado por el permanente murmullo de los acondicionadores de aire, podrá pensar que se halla en alguna de las centrales de control de vuelo de la NASA, o bien que ha caído en el vientre mismo del Nautilius, el legendario sumergible del capitán Nemo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciento veintisiete pantallas de televisión, prolijamente alineadas, emiten su mensaje, desde las paredes levemente curvadas del salón. En frente de ellas, en medio de ellas, tres hombres, tres profesionales del difícil arte del referato futbolístico, recepcionan hasta el más mínimo detalle de cuanto ocurre sobre el campo de juego. Allí, alejados de la gritería ensordecedora de la turbamulta, ajenos a la indudable presión que configura el hostigamiento de los partidarios, los colegiados pueden dirigir, asépticamente, el encuentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sistema, costoso hasta el momento, simplifica notablemente la tarea del árbitro y ha reducido en forma sensible los disturbios en los campos de juego. El juez, fría su mente, gozando del privilegio de beber su marca de cerveza preferida en tanto vigila a los 22 jugadores, cuenta, entonces, con la inestimable ayuda de mil ojos electrónicos, que complementan los suyos. En cuanto detecta una infracción, oprime un botón y un silbato estridente se escucha a unos cien metros más allá, en todo el estadio. Si la jugada no ha sido clara o si la infracción es dudosa, el colegiado cuenta con otro valioso recurso para calmar y convencer, en forma palmaria, al bando que se considera perjudicado: con otro simple botón desplegará sobre las dos inmensas pantallas electrónicas colocadas en ambas cabeceras del estadio, la escena repetida, con detención de imagen y ampliación de los ángulos necesarios para refrendar con sólidas razones la penalidad adoptada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquiera podría suponer que esa maniobra requeriría dos o tres minutos en concretarse, con el consiguiente retraso y ruptura del ritmo del partido. Pero no es así, ya que la memoria computarizada seleccionará entre los centenares de enfoques de la misma acción, las cuatro o cinco que considera más gráficas y contundentes, brindando al juez, en una fracción de segundo, la posibilidad de poner frente al público las que juzgue más válidas. Todo esto, sin que la máxima autoridad del match sufra el reproche de los jugadores ni sus estentóreos reclamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más simple aun, para le nuevo sistema de referato, es eliminar cuanta duda pueda presentarse respecto de balones fuera de juego, balones ingresados o no tras la línea de la portería o bien, incluso, ante la siempre controvertida "Ley del Offside". Un sistema televisivo tipo "Fotochart" turfístico, elimina cualquier clase de duda, ya que le ojo eléctrico que patrulla la línea del último defensor captará, precisará y denunciará a quien reciba el balón en posición prohibida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los casos de un discutido hand, por ejemplo, donde ni siquiera la visión televisiva puede dictaminar en un ciento por ciento el contacto del balón con la mano del defensor, también la insospechable computación vendrá en auxilio del señor árbitro, puesto que las pantallas mostrarán la acción, agregando un luminoso pespunte verde. Nilo de coordenadas y flechas indicatorias que avalan la posibilidad o la imposibilidad, de que dicho contacto haya tenido lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cualquier manera, el revolucionario sistema, llamado provisoriamente A.U.P. (Arbipeissal Und Perspecktiven) admite también el encanto de la controversia. Nadie puede negar el importante condimento que significa para el partidario del fútbol la discusión en la oficina, durante toda la semana, sobre si tal o cual fallo estuvo acertadamente tomado. Y no puede tampoco, quitársele al aficionado común la posibilidad de exorcizar sus frustraciones y represiones domésticas, denostando la figura del colegiado. Así ha sido siempre y lo seguirá siendo, aunque en menor medida con el nuevo sistema, que también deja, sabiamente, resquicios para la discusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En algunos casos, muy puntuales, el poder de decisión quedará en manos del clásico y consabido criterio personal del árbitro. Allí, como siempre la falibilidad humana seguirá alimentando el intercambio de opiniones. Se dará, por ejemplo, con la inefable "Ley de la ventaja". No habrá computadora, entonces, que ayude a dictaminar a su referí si tal o cual jugador cometió una infracción adrede o sin quererlo, como tampoco contará el árbitro con ayuda tecnológica para decidir si el delantero que se proyectaba solo hacia el gol ha de caer definitivamente o podrá continuar con su carrera, luego del golpe que intentara derribarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma incógnita deberá enfrentar el colegiado cuando deba determinar, sin respaldo científico alguno, cuándo una "mano" dentro del área, es intencional o casual, ya que no hay todavía, por fortuna, computadora alguna que esté conectada con el cerebro mismo de los futbolistas. Se podrán repetir, entonces, protestas o abucheos del público, pero ya nunca de la magnitud de la ocurrida en torno al recordado árbitro internacional belga, Henri Degrelle*.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justamente en virtud de este suceso, la FIFA aceleró los estudios y puesta en práctica del sistema A.U.P. De todos modos, ese grado de controversia, ese resquicio de humana posibilidad de error ha sido minuciosamente estudiado por los sicólogos que trabajaron en el proyecto para no revestir al más popular de los deportes de un halo tecnocrático que le reste espontaneísmo y creatividad. Así será, entonces, que los seguidores partidarios de los conjuntos podrán continuar exteriorizando sus quejas como siempre, como en todas las épocas, a pesar de que, también en ese orden, se han detectado indicios inquietantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, desde el 17 de junio último, un adelanto significativo se puso de manifiesto en el campo de la protesta partidaria, en ocasión de llevarse a cabo el clásico encuentro entre el Benelux-Gotha de Mons y el Astipalaia de Grecia. Tras un discutido fallo del colegiado sueco Gustavo Skelleftea, un proyectil misilístico del tipo M-L7, versión soviética de segunda generación, impactó y redujo a polvo la torre de control de referato. Se piensa que el proyectil fue accionado por un fanático del Astipalaia, mediante un propulsor personal, desde atrás del arco norte del estadio, distante casi unos 250 metros de la sólida construcción tubular, aún hoy hecha escombros. "Ellos también han progresado mucho", sólo atinó a decir Gerd Walde, titular del Consejo Arbitral Germano y propulsor del sistema A.U.P., a título de conformista comentario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publicado en el libro &lt;i&gt;El mayor de mis defectos&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1990.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-2842690342709608281?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/2842690342709608281/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=2842690342709608281' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2842690342709608281'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/2842690342709608281'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/hasta-siempre-seor-rbitro.html' title='¡Hasta siempre, señor árbitro!'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZRm9a8WTI/AAAAAAAAAMQ/qwk8m_7uSRQ/s72-c/fontanarrosa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-315770149887694872</id><published>2008-08-15T23:20:00.003-04:00</published><updated>2010-01-28T15:03:50.463-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Osvaldo Soriano'/><title type='text'>El penal más largo del mundo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZL1d9_uBI/AAAAAAAAAMI/W_1JAPVlJGM/s1600-h/o_soriano.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5234954998814586898" src="http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZL1d9_uBI/AAAAAAAAAMI/W_1JAPVlJGM/s320/o_soriano.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por OSVALDO SORIANO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El penal más fantástico del que yo tenga noticia se tiró en 1958 en un lugar perdido del valle de Río Negro, en Argentina, un domingo por la tarde en un estadio vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estrella Polar era un club de billares y mesas de baraja, un boliche de borrachos en una calle de tierra que terminaba en la orilla del río. Tenía un equipo de fútbol que participaba en el campeonato del valle porque los domingos no había otra cosa que hacer y el viento arrastraba la arena de las bardas y el polen de las chacras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Cuando yo tenía quince años, ellos tendrían treinta y me parecían viejísimos. Díaz, el arquero, tenía casi cuarenta y el pelo blanco que le caía sobre la frente de indio araucano. En el campeonato participaban dieciséis clubes y Estrella Polar siempre terminaba más abajo del décimo puesto. Creo que en 1957 se habían colocado en el decimotercer lugar y volvían a sus casas cantando, con la camiseta roja bien doblada en el bolso porque era la única que tenían. En 1958 empezaron ganándole a Escudo Chileno, otro club de miseria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nadie le llamo la atención eso. En cambio, un mes después, cuando habían ganado cuatro partidos seguidos y eran los punteros del torneo, en los doce pueblos del valle empezó a hablarse de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las victorias habían sido por un gol, pero alcanzaban para que Deportivo Belgrano, el eterno campeón, el de Padini, Constante Gauna y Tata Cardiles, quedara relegado al segundo puesto, un punto más abajo. Se hablaba de Estrella Polar en la escuela, en el ómnibus, en la plaza, pero no imaginaba todavía que al terminar el otoño tuvieran 22 puntos contra 21 de los nuestros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez. Eran lentos como burros y pesados como roperos, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenían la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corría junto a la línea de toque y los azuzaba con una vara de mimbre cuando pasaban a su lado. El público se divertía con eso y nosotros, que por ser menores jugábamos los sábados, no nos explicábamos cómo ganaban si eran tan malos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daban y recibían golpes con tanta lealtad y entusiasmo, que terminaban apoyándose unos sobre otros para salir de la cancha mientras la gente les aplaudía el 1 a 0 y les alcanzaba botellas de vino refrescadas en la tierra húmeda. Por las noches celebraban en el prostíbulo de Santa Ana y la gorda Leticia se quejaba de que se comieran los restos del pollo que ella guardaba en la heladera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran la atracción y en el pueblo se les permitía todo. Los viejos les recogían de los bares cuando tomaban demasiado y se ponían pendencieros; los comerciantes les regalaban algún juguete o caramelos para los hijos y en el cine, las novias les consentían caricias por encima de las rodillas. Fuera de su pueblo nadie los tomaba en serio, ni siquiera cuando le ganaron a Atlético San Martín por 2 a 1. En medio de la euforia perdieron, como todo el mundo, en Barda del Medio y al terminar la primera rueda dejaron el primer puesto cuando Deportivo Belgrano los puso en su lugar con siete goles. Todos creímos, entonces, que la normalidad empezaba a restablecerse. Pero el domingo siguiente ganaron 1 a 0 y siguieron con su letanía de laboriosos, horribles triunfos y llegaron a la primavera con apenas un punto menos que el campeón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último enfrentamiento fue histórico por el penal. El estadio estaba repleto y los techos de las casas también. Todo el mundo esperaba que Deportivo Belgrano repitiera los siete goles de la primera rueda. El día era fresco y soleado y las manzanas empezaban a colorearse en los árboles. Estrella Polar trajo más de quinientos hinchas que tomaron una tribuna por asalto y los bomberos tuvieron que sacar las mangueras para que se quedaran quietos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El referí que pitó el penal era Herminio Silva, un epiléptico que vendía las rifas del club local y todo el mundo entendió que se estaba jugando el empleo cuando a los cuarenta minutos del segundo tiempo estaban uno a uno y todavía no había cobrado la pena por más que los de Deportivo Belgrano se tiraran de cabeza en el área de Estrella Polar y dieran volteretas y malabarismos para impresionarlo. Con el empate el local era campeón y Herminio Silva quería conservar el respeto por sí mismo y no daba penal porque no había infracción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero a los 42 minutos, todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavó un tiro libre desde muy lejos y se pusieron arriba 2 a 1. Entonces sí, Herminio Silva pensó en su empleo y alargó el partido hasta que Padín entró en el área y ni bien se le acercó un defensor pitó. Ahí nomás dio un pitazo estridente, aparatoso y sancionó el penal. En ese tiempo el lugar de ejecución no estaba señalado con una mancha blanca y había que contar doce pasos de hombre. Herminio Silva no alcanzó siquiera a recoger la pelota porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmió de un cachetazo en la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo tanta pelea que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendió el partido y ordenó disparar al aire. Esa noche el comando militar dictó estado de emergencia, o algo así, y mandó a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según el tribunal de al Liga, que se reunió el martes, faltaban jugarse veinte segundos a partir de la ejecución del tiro penal y ese match aparte entre Constante Gauna, el shoteador y el gato Díaz al arco, tendría lugar el domingo siguiente, en el mismo estadio a puertas cerradas. De manera que el penal duró una semana y fue, si nadie me informa lo contrario, el más largo de toda la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miércoles faltamos al colegio y nos fuimos al pueblo vecino a curiosear. El club estaba cerrado y todos los hombres se habían reunido do en la cancha, entre las bardas. Formaban una larga fila para patearle penales al Gato Díaz y el entrenador de traje negro y lunar trataba de explicarles que esa era la mejor manera de probar al arquero. Al final, todos tiraron su penal y el Gato atajó unos cuantos porque le pateaban con alpargatas y zapatos de calle. Un soldado bajito, callado, que estaba en la cola, le tiró un puntazo con el borseguí militar y casi arranca la red. Al caer la tarde volvieron al pueblo, abrieron el club y se pusieron a jugar a las cartas. Díaz se quedó toda la noche sin hablar, tirándose para atrás el pelo blanco y duro hasta que después de comer se puso un escarbadientes en la boca y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Constante los tira a la derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siempre -dijo el presidente del club.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero él sabe que yo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces estamos jodidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, pero yo sé que él sabe -dijo el Gato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces tírate a la izquierda y listo -dijo uno de los que estaban en la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. El sabe que yo sé que él sabe -dijo el Gato Díaz y se levantó para ir a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El Gato esta cada vez más raro -dijo el presidente el club cuando lo vio salir pensativo, caminando despacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El martes no fue a entrenar y el miércoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron caminando por las vías del tren estaba hablando solo y lo seguía un perro con el rabo cortado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Lo vas a atajar?- le preguntó, ansioso, el empleado de la bicicletería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé. ¿Qué me cambia eso?- preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que nos consagramos todos, Gato. Les tocamos el culo a esos maricones de Belgrano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo me voy consagrar cuando la rubia de Ferreyra me quiera querer -dijo y silbó al perro para volver a su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viernes, la rubia de Ferreyra estaba atendiendo la mercería cuando el intendente del pueblo entró con un ramo de flores y una sonrisa ancha como una sandía abierta. Esto te lo manda el Gato Díaz y hasta el lunes vos decís que es tu novio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pobre tipo -dijo ella con una mueca y ni miró las flores que habían llegado de Neuquén por el ómnibus de las diez y media.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la noche fueron juntos al cine. En el entreacto el Gato salió al hall a fumar y la rubia de los Ferreyra se quedó sola en la media luz, con la cartera sobre la falda, leyendo cien veces el programa sin levantar la vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sábado a la tarde el Gato Díaz pidió prestadas dos bicicletas y fueron a pasear a las orillas del río. Al caer la tarde la quiso besar, pero ella dio vuelta la cara y dijo que el domingo a la noche, tal vez, después que atajara el penal, en el baile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y yo cómo sé? -dijo él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo sabés qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si me tengo que tirar para ese lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rubia Ferreyra lo tomó de la mano y lo llevó hasta donde habían dejado las bicicletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En esta vida nunca se sabe quién engaña a quién -dijo ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si no lo atajo? -preguntó él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces quiere decir que no me querés -respondió la rubia, y volvieron al pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo del penal salieron del club veinte camiones cargados de gente, pero la policía los detuvo a la entrada del pueblo y tuvieron que quedarse a un costado de la ruta, esperando bajo el sol. En aquel tiempo y en aquel lugar no había emisoras de radio, ni forma de enterarse de lo que ocurría en una cancha cerrada, de manera que los de Estrella Polar establecieron una posta entre el estadio y la ruta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El empleado del bicicletero subió a un techo desde donde se veía el arco del Gato Díaz y desde allí narraba lo que ocurría a otro muchacho que había quedado en la vereda que a su vez transmitía a otro que estaba a veinte metros y así hasta que cada detalle llegaba a donde esperaban los hinchas de Estrella Polar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las tres de la tarde, los dos equipos salieron a la cancha vestidos como si fueran a jugar un partido en serio. Herminio Silva tenía un uniforme negro, desteñido pero limpio y cuando todos estuvieron reunidos en el centro de la cancha fue derecho hasta donde estaba el Colo Rivero que le había dado el cachetazo el domingo anterior y lo expulsó de la cancha. Todavía no se había inventado la tarjeta roja, y Herminio señala la entrada del túnel con una mano temblorosa de la que colgaba el silbato. Al fin, la policía sacó a empujones al Colo que quería quedarse a ver el penal. Entonces el arbitro fue hasta el arco con la pelota apretada contra una cadera, contó doce pasos y la puso en su lugar. El Gato Díaz se había peinado a la gomina y la cabeza le brillaba como una cacerola de aluminio. Nosotros los veíamos desde el paredón que rodeaba la cancha, justo detrás del arco, y cuando se colocó sobre la raya de cal y empezó a frotarse las manos desnudas, empezamos a apostar hacia dónde tiraría Constante Gauna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la ruta habían cortado el tránsito y todo el Valle estaba pendiente de ese instante porque hacía diez años que el Deportivo Belgrano no perdía un campeonato. También la policía quería saber, así que dejaron que la cadena de relatores se organizara a lo largo de tres kilómetros y las noticias llegaban de boca en boca apenas espaciadas por los sobresaltos de la respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién a las tres y media, cuando Herminio Silva consiguió que los dirigentes de los dos clubes, los entrenadores y las fuerzas vivas del pueblo abandonaran la cancha, Constante Gauna se acercó a acomodar la pelota. Era flaco y musculoso y tenía las cejas tan pobladas que parecían cortarle la cara en dos. Había tirado ese penal tantas veces -contó después- que volvería a patearlo a cada instante de su vida, dormido o despierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las cuatro menos cuarto, Herminio Silva se puso a medio camino entre el arco y la pelota, se llevó el silbato a la boca y sopló con todas sus fuerzas. Estaba tan nervioso y el sol le había machacado tanto sobre la nuca, que cuando la pelota salió hacía el arco, el referí sintió que los ojos se reviraban y cayó de espalda echando espuma por la boca. Díaz dio un paso al frente y se tiró a su derecha. La pelota salió dando vueltas hacía el medio del arco y Constante Gauna adivinó enseguida que las piernas del Gato Díaz llegarían justo para desviarla hacia un costado. El gato pensó en el baile de la noche, en la gloria tardía y en que alguien corriera a tirar la pelota al córner porque había quedado picando en el área.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El petiso Mirabelli llegó primero que nadie y la sacó afuera, contra el asombrado, pero el árbitro Herminio Silva no podía verlo porque estaba en el suelo, revolcándose con su epilepsia. Cuando todo Estrella Polar se tiró sobre el Gato Díaz, el juez de línea corrió hacía Herminio Silva con la bandera parada y desde el paredón donde estábamos sentados oímos que gritaba ¡no vale, no vale!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noticia corrió de boca en boca, jubilosa. La atajada del Gato y el desmayo del árbitro. Entonces en la ruta todos abrieron las botellas de vino y empezaron a festejar, aunque el ¡no vale! llegara balbuceado por los mensajeros como una mueca atónita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que Herminio Silva no se puso de pie, desencajado por el ataque, no hubo respuesta definitiva. Lo primero que preguntó fue ¡qué pasó! y cuando se lo contaron sacudió la cabeza y dijo que había que patear de nuevo porque él no había estado allí y el reglamento decía que el partido no puede jugarse con un árbitro desmayado. Entonces el Gato Díaz apartó a los que querían pegarle al vendedor de rifas de Deportivo Belgrano y dijo que había que apurarse porque esa noche él tenía una cita y una promesa y fue otra vez bajo el arco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Constante Gauna debía tenerse poca fe, porque le ofreció el tiro a Padini y recién después fue hacía la pelota mientras el juez de línea ayudaba a Herminio Silva a mantenerse parado. Afuera se escuchaban bocinazos de festejo y los jugadores de Estrella Polar empezaron a retirarse de la cancha rodeados por la policía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pelotazo salió hacía la izquierda y el Gato Díaz se fue para el mismo lado con una elegancia y una seguridad que nunca más volvió a tener. Constante Gauna miró al cielo y después se echó a llorar. Nosotros saltamos del paredón y fuimos a mirar de cerca a Díaz, el viejo, el grandote, que miraba la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la sortija de la calesita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos años más tarde, cuando él era una ruina y yo un joven insolente, me lo encontré otra vez, a doce pasos de distancia y lo vi inmenso, agazapado en punta de pie, con los dedos abiertos y largos. En una mano llevaba un anillo de matrimonio que no era de la rubia de los Ferreyra sino de la hermana del Colo Rivero, que era tan india y tan vieja como él. Evité mirarlo a los ojos y le cambié la pierna; después tiré de zurda, abajo, sabiendo que no llegaría porque estaba un poco duro y le pesaba la gloria. Cuando fui a buscar la pelota dentro del arco, el Gato Díaz estaba levantándose como un perro apaleado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien, pibe -me dijo-. Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-315770149887694872?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/315770149887694872/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=315770149887694872' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/315770149887694872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/315770149887694872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/el-penal-ms-largo-del-mundo.html' title='El penal más largo del mundo'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZL1d9_uBI/AAAAAAAAAMI/W_1JAPVlJGM/s72-c/o_soriano.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4801935531060397861.post-8512555989922106623</id><published>2008-08-15T22:28:00.004-04:00</published><updated>2010-01-28T12:11:59.328-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alejandro Dolina'/><title type='text'>Apuntes del fútbol en Flores</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZF7bxFVmI/AAAAAAAAAMA/8NPQ3woYBYQ/s1600-h/dolina.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5234948504233006690" src="http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZF7bxFVmI/AAAAAAAAAMA/8NPQ3woYBYQ/s320/dolina.jpg" style="cursor: hand; float: right; margin: 0px 0px 10px 10px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ALEJANDRO DOLINA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios. Allí reconocemos la fuerza, la velocidad y la destreza del deportista. Pero también el engaño astuto del que amaga una conducta para decidirse por otra. Las sutiles intrigas que preceden al contragolpe. La nobleza y el coraje del que cincha sin renuncios. La lealtad del que socorre a un compañero en dificultades. La traición del que lo abandona. La avaricia de los que no sueltan la pelota. Y en cada jugada, la hidalguía, la soberbia, la inteligencia, la cobardía, la estupidez, la injusticia, la suerte, la burla, la risa o el llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Hombres Sensibles pensaban que el fútbol era el juego perfecto, y respetaban a los cracks tanto como a los artistas o a los héroes. Se asegura que los muchachos del Angel Gris tenían un equipo. La opinión general suele identificarlo con el legendario Empalme San Vicente, conocido también como el Cuadro de las Mil Derrotas. Según parece, a través de modestas giras, anduvieron por barriadas hostiles, como Temperley, Caseros, Saavedra, San Miguel, Florencio Varela, San Isidro, Barracas, Liniers, Núñez, Palermo, Hurlingham o Villa Real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El célebre puntero Héctor Ferrarotti llevó durante muchos años un cuaderno de anotaciones en el que, además de datos estadísticos, hay noticias muy curiosas que vale la pena conocer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Villa Rizzo, todos los partidos terminan con la aniquilación del equipo visitante. Si un cuadro tiene la mala ocurrencia de ganar, su destrucción se concreta a modo de venganza. Si el resultado es una igualdad, la biaba obra como desempate. Y si, como ocurre casi siempre, los visitantes pierden, la violencia toma el nombre de castigo a la torpeza. En ciertas ocasiones, los partidos deben suspenderse por la lluvia u otras circunstancias. En ningún caso se extrañara la estrolada, que llegará sin fútbol previo, pura, ayuna de pretextos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Caseros hubo una cancha entrañable que tenía un árbol en el medio y que estaba en los terrenos de una casa abandonada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un potrero de Palermo, había oculta entre los yuyos una canilla petisa que malograba a los delanteros veloces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto equipo de Merlo jugaba con una pelota tan pesada que nadie se atrevió nunca a cabecearla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un lugar preciso de la cancha de Piraña acecha el demonio. A veces los jugadores pisan el sector infernal, adquieren habilidades secretas, convierten muchos goles, triunfan en Italia, se entregan al lujo y se destruyen. Otras veces los jugadores pisan al revés y se entorpecen, juegan mal, son excluidos del equipo, abandonan el deporte, se entregan al vicio y se destruyen. Hay quienes no pisan jamas el coto del diablo y prosiguen oscuramente sus vidas, padecen desengaños, pierden la fe y se destruyen. Conviene no jugar en la cancha de Piraña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las últimas páginas del cuaderno de Ferrarotti contienen historias ajenas. Algunas de ellas muestran un conmovedor afán literario. Veamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL TIPO QUE PASABA POR AHÍ&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suele ocurrir en los equipos de barrio que a la hora de comenzar el partido faltan uno o dos jugadores. Casi siempre se recurre a oscuros sujetos que nunca faltan en la vecindad de los potreros. El destino de estos individuos no es envidiable. Deben jugar en puestos ruines, nadie les pasa la pelota y soportan remoquetes de ocasión, como Gordito, Pelado o Celeste, en alusión al color de su camiseta. Si repentinamente llega el jugador que faltaba, se lo reemplaza sin ninguna explicación y ya nadie se acuerda de su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero una tarde, en Villa del Parque, los muchachos del Ciclón de Jonte completaron su formación con uno de estos peregrinos anónimos. Y sucedió que el hombre era un genio. Jugaba y hacia jugar. Convirtió seis goles y realizó hazañas inolvidables. Nunca nadie jugó así. Al terminar el partido se fue en silencio, tal vez en procura de otros desafíos ajenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo buscaron para felicitarlo, ya no estaba. Preguntaron por él a los lugareños, pero nadie lo conocía. Jamás volvieron a verlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos muchachos del Ciclón de Jonte dicen que era un profesional de primera división, pero nadie se contenta con este juicio. La mayoría ha preferido sospechar que era un ángel que les hizo una gauchada. Desde aquella tarde, todos tratan con más cariño a los comedidos que juegan de relleno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL JUEZ DEMASIADO JUSTO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El colorado De Felipe era referí. Contra la opinión general que lo acreditó como un bombero de cartel quienes lo conocieron bien juran que nunca hubo un árbitro más justo. Tal vez era demasiado justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Felipe no sólo evaluaba las jugadas para ver que sancionaba alguna inacción: sopesaba también las condiciones morales de los jugadores involucrados, sus historias personales, sus merecimientos deportivos y espirituales. Recién entonces decidía. Y siempre procuraría favorecer a los buenos y castigar a los canallas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás iba a cobrarle un penal a un defensor decente y honrado, ni aunque el hombre tomara la pelota con las dos manos. En cambio, los jugadores pérfidos, holgazanes o alcahuetes eran penados a cada intervención. Creía que su silbato no estaba al servicio del reglamento, sino para hacer cumplir los propósitos nobles del universo. Aspiraba a un mundo mejor, donde los pibes melancólicos y soñadores salen campeones y los cancheros y los compadrones se van al descenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece increíble. Sin embargo, todos hemos conocido árbitros de locura inversa, amigos o lacayos de los sobradores, por temor a ser sus víctimas, inflexibles con los débiles y condescendientes con los matones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde casi lo matan en Ciudadela. Los Hombres Sensibles de Flores se lamentaron no haber estado ahí para hacerse dar una piña en su homenaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL PATIO DE LAS PELOTAS PERDIDAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los demonios ladrones andan merodeando cerca de las canchas. Cuando la pelota se va lejos, la ocultan entre los yuyales o en las zanjas para que los jugadores no puedan encontrarla. Ya en la noche, llevan las pelotas perdidas a un patio secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los demonios realizan además acuerdos infames con vecinos chúcaros. Y en las madrugadas recorren techos, canaletas y terrazas para comprobar su despojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie lo sabe, pero en el patio están todas las pelotas perdidas: duras reliquias con tiento, flamantes cueros profesionales, humildes "Pulpo' de goma, infames bolas de plástico que doblan en el aire, ásperas veteranas que han conocido mil costurones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día entre los días vendrá del sur un duende bienhechor que ha de sacar las pelotas cautivas para devolverlas a sus dueños Y todos sentirán la emoción de revivir viejos piques olvidados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INSTRUCCIONES PARA ELEGIR EN UN PICADO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se disponen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quienes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternativamente a sus futuros compañeros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se supone que los más diestros son elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que las decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ÚLTIMO PARTIDO DE ROSENDO BOTTARO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había jugado muchos años en primera. Ahora, los muchachos lo habían convencido para que integrara un cuadro de barrio en un torneo nocturno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Con usted, Bottaro, no podemos perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bottaro no era un pibe, pero tenía clase. Confiaba en su toque, en su gambeta corta, en su tiro certero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su aparición en la cancha mereció algún comentario erudito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ese es Bottaro, el que jugó en Ferro, o en Lanús...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se permitió el lujo de unos malabarismos truncos antes de empezar el partido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche era oscura y fría. Las tristes luces de la cancha de Urquiza dejaban amplias llanuras de tinieblas donde los wines hacían maniobras invisibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la primera jugada, Bottaro comprendió que estaba viejo. Llegó tarde, y él sabía que la tardanza es lo que denuncia a los mediocres: los cracks llegan a tiempo o no se arriesgan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no se achicó. Fue a buscar juego más atrás y no tuvo suerte. Se mezcló con los delanteros buscando algún cabezazo y la pelota volaba siempre alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apeló a su pasta de organizador: gritó con firmeza pidiendo calma o preanunciando jugadas, pero sus vaticinios no se cumplieron. Ya en el segundo tiempo, dejó pasar magistralmente una pelota entre sus piernas pero el que lo acompañaba no entendió la agudeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después se sintió cansado. Oyó algunas burlas desde la escasa tribuna. En los últimos minutos no se vio. A decir verdad, cuando terminó el partido, ya no estaba. Lo buscaron para que devolviera su camiseta, pero el hombre había desaparecido. Algunos pensaron que se había extraviado en las sombras del lateral derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, unos chicos que vendían caramelos en la estación vieron pasar por el caminito de carbonilla a un hombre canoso vestido con casaca roja y pantalón corto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Refutadores de Leyendas definen el fútbol como un juego en que veintidós sujetos corren tras de una pelota. La frase, ya clásica, no dice mucho sobre el fútbol, pero deschava sin piedad a quien la formula. El mismo criterio permite afirmar que las novelas de Flaubert son una astuta combinación de papel y tinta. ¡Líbrenos Dios de percibir el mundo con este simple cinismo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fútbol es –yo también lo creo– el juego perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extraído de &lt;i&gt;Crónicas del Angel Gris&lt;/i&gt;, 1988.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4801935531060397861-8512555989922106623?l=pyflecturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pyflecturas.blogspot.com/feeds/8512555989922106623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4801935531060397861&amp;postID=8512555989922106623' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8512555989922106623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4801935531060397861/posts/default/8512555989922106623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pyflecturas.blogspot.com/2008/08/apuntes-del-ftbol-en-flores.html' title='Apuntes del fútbol en Flores'/><author><name>HUGO ARIAS V.</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_vW3LTnhbUzc/SKZF7bxFVmI/AAAAAAAAAMA/8NPQ3woYBYQ/s72-c/dolina.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
